RETROSPECTIVA II. SEVERA CRÍTICA A LA CRÍTICA ANGLOSAJONA: JONATHAN CULLER Y MICHAEL RYAN

REVISTA DE REVISTAS. Autor: Davide Mombelli
Vol. 2 / julio 2019

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En el volumen anterior de RECENSIÓN, a propósito del inicio de esta Retrospectiva, hacíamos notar que el pensamiento anglosajón, o inglés, o escocés si se atiende a los llamados “viejos filósofos escoceses”, desempeña una función clave en la cultura teórica y filosófica moderna. Las corrientes del denominado Empirismo inglés constituyen un haber temprano y decisivo de la renovación prerromántica tanto como ilustrada. De hecho, el Empirismo, ya intuicionista o ya analítico, representa la base de la crisis epistemológica que dio oportunidad a la refundación kantiana del pensamiento moderno como crítica del conocimiento. Qué duda cabe, por lo demás, que el género moderno del Ensayo, al margen de Montaigne, es en la tradición inglesa donde encontró el gran cauce de una realización que característicamente alcanza hasta el siglo XX. Aún cabe añadir cómo la filología clásica de la primera mitad del siglo XX significa, como es bien sabido, el relevo de su precedente germánico y una aportación irremplazable al saber filológico. Pues bien, toda esta inteligencia y patrimonio intelectual está siendo dilapidado en nuestro tiempo a pasos agigantados. Quienes hemos tenido gran admiración por tantos personajes y obras de esta creación cultural, hoy sin embargo estamos profundamente preocupados. El mundo anglosajón, a impulso norteamericano sobre todo, está llevando a cabo en la actualidad y desde hace varias décadas el más asombroso barrido de una cultura profunda que quepa imaginar. Esto, al menos en parte, tomó el nombre de Cultural Studies, actualmente muy difundido. Está por ver el futuro desenvolvimiento de los acontecimientos, que sin duda no serán gratuitos, pero no podemos prever la final consecuencia.

…..Para esta ocasión seleccionamos dos reseñas brillantes publicadas hace años en Analecta Malacitana, y pensamos deben ser releídas y recordadas, pues se refieren a libros de gran difusión anglosajona vertidos al español con propósito de extender y obtener una similar incidencia. Como dice el segundo de los incisivos comentaristas: en ningún momento se nos trae nada que tenga que ver con la inteligencia y la ética admirables de esos grandes norteamericanos que representaron a un gran país, es decir Emerson, Dewey y otros; sólo se nos trae la moda detestable; sólo se nos trae la trivialidad de la nueva sociopolítica; sólo se nos trae lo peor… ¿Para qué queremos nosotros esas cosas?

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I. Culler, Jonathan, Breve introducción a la teoría literaria (trad. de G. García), Crítica, Barcelona, 2000, 183 pp.

Publicado en Analecta Malacitana, XXIV, 2 (2001).

No es frecuente la edición de manuales de teoría o de crítica literaria, ya se use uno u otro término de manera más o menos laxa. En realidad, en este libro lo que encontrará el lector es una introducción a los estudios de crítica literaria contemporánea y actual tal y como se ejercen o han llegado a constituirse en los Estados Unidos de Norteamérica. Y con esto queda dicho a fin de cuentas lo fundamental de la cuestión y del problema, que no es pequeño. Porque ocurre que aquello que se ofrece mediante esta versión española es sencillamente un manual para estudiantes universitarios de primeros cursos de carrera, para universitarios españoles en este caso, y maldita la gracia de querer importar todo el gigantesco problema y la inmensa deficiencia de la cultura literaria y humanística —por llamarla de algún modo— norteamericana a nuetro país. Aquí ya tenemos nuestros propios y díficiles problemas pedagógicos y académicos (que por cierto, en buena medida no son más que los provenientes de las actuales directrices e influencias imparables de ese mundo norteamericano en permanente exportación hacia Europa y el orbe todo). Y la desgracia y lo paradógico es que la cultura estadounidense posee un estupendo patrimonio estético y crítico, que es el de los trascendestistas, el de Santayana o incluso el de pragmatismo, Dewey y otros, y estaremos dispuestos a interesarnos y llegar hasta donde sea…, pero nada de eso es lo que ahora se nos trae. Ni lo sueñe el lector.

…..Lo que se nos trae es lo peor; lo que se nos trae no es sino la moda y la detestable problemática norteamericana consistente en, para empezar, la ignorancia radical de todo saber filológico y, para entrar en materia, una gama de majaderías que centralmente consisten en querer ofrecer como teoría literaria el feminismo o unos llamados estudios lesbianos, gays y hasta onanistas, todo lo cual puede ser y es muy respetable pero no es en teoría literaria, ni estética ni filosófica ni nada que se le parezca. A ello se añade un acompañamiento más tradicional —todo sea dicho, ya periclitado— de estructuralismo y formalismo jakobsoniano, sobre el que recae toda la carga conceptual y teórico-crítica de los estudios, ello muy atildado con la teoría de la Deconstrucción, esa teoría que no es tal, pues responde a la negación por la negación y en la cual todo el mundo puede llegar a ser sabio profesor especialista con una hora de estudio, sobre todo si se trata de crítica literaria deconstruccionista. Crítica, además, declaradamente frivola según en este manual se la plantea. Esto último no es una caricatura, pues el libro posee muchas de ellas y dibujos y chistes de prensa, al parecer utilísimos para la nueva pedagogía… Hasta aquí hemos llegado.

J. Caralt

 

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II. Michael Ryan, Teoría literaria. Una introducción práctica (Col. Manuales / Filología y Lingüística), Alianza Editorial, Madrid, 2002, 184 pp.

Publicado en Analecta Malacitana, XXVI, 2 (2003).

La traducción de este manual, preparado por un profesor norteamericano, responde en el título literalmente al original. El pasado año propuse en estas mismas páginas una recensión dedicada a otro reciente manual del mismo origen y de extensión similar (en realidad menor, pues su formato era el de libro de bolsillo): Jonathan Culler, Breve introducción a la teoría literaria (Crítica, Barcelona, 2000). La diferencia fundamental entre uno y otro consiste en que el nuevo se presenta como Practical Introduction, y así ejerce dominantemente en todos y cada uno de los nueve capítulos de que consta, siguiendo las diversas «orientaciones disciplinares», mientras que aquél pretendía ofrecer una introducción Very Short y, además, era mucho más chistoso y los chistes alcanzaban en varias ocasiones la plena página dibujada y con sus correspondientes pies. Así hubimos de empezar a pensar si todo esto del serio ejercicio crítico, la reflexión estética, filológica o literaria, no era un extravío más del estúpido logocentrismo occidental y su obstinada y obtusa dedicación tradicional a esos saberes de forma no divertida. Ahora bien, lo cierto es que Ryan declara que la idea de su libro proviene de la honesta pretensión de querer ayudar a los estudiantes a que entendiesen «cómo funcionaba la teoría en interpretaciones prácticas», y que, además, pretendía en origen reunir sus propias y variadas interpretaciones sobre un mismo texto literario realizadas mediante las distintas orientaciones críticas en uso, y de este modo servir de complemento a la introducción a la teoría literaria del marxista Terry Eagleton. Realmente extraña, o cuando menos curiosa, resulta esa posibilidad de que un mismo crítico pueda enfrentarse a un mismo texto desde principios diversos y hasta opuestos y, de esta manera, con resultados verdaderamente diferentes. De ahí se sigue que la reflexión crítica no sería más que un juego a modo de pequeña mascarada; que poco importa situarse en un lugar o en cualquier otro. Es como el sujeto autotransmutador de todas las epistemologías, o la apoteosis epistemológica como el que no lo quiere y a ratos sucesivos. Pero, casi aún más increíble, el hecho es que las circunstancias condujeron a Ryan, según confiesa, a raíz del nacimiento de «unos bebés», a preparar en colaboración una antología de textos de teoría literaria.

…..El libro publicado ahora no es sino un paso más en esa absurda política española, predominantemente barcelonesa, si bien asimismo con renovado impulso madrileño, que consiste, desde la más abyecta saña contra el milenario saber filológico y el mundo de la cultura románica que nos es propio, en querer trasplantar a nuestro país y a nuestra lengua, de golpe y en bruto, todo el arduo, particular y detestable problema anglosajón y específicamente norteamericano referente a las humanidades y a esa singular y, por lo visto, para ellos divertida disciplina que es la crítica literaria o la teoría literaria, y nombro ambas porque justamente este tipo de obras no suele diferenciar la una de la otra. ‘Cultural Studies’ suelen decir ellos, ¡y desde qué cabezas! Aquí, los editores se guían más bien por los títulos de las asignaturas de los planes universitarios, donde Teoría de la Literatura, al igual que Lingüística General, son materias troncales del primer ciclo de licenciatura en cualquiera de las titulaciones filológicas. Y ésta es sencillamente la aspiración de la edición española de este manual, sin duda apoyado por ciertos sectores de la filología inglesa, la cual de tal cosa guarda poco más que el nombre, ‘evolución’ que hay que reconocer sobresalientemente propiciada por la presión de los departamentos anglistas, tan extendidos en todo el mundo para desgracia de filólogos y de las humanidades. Parece claro que esa masa anglosajona está empeñada en modernizarnos a todos hasta el punto de que no quede recinto universitario occidental en que no se pronuncien más que frases simples o bien puras diarreas verbales; que no quede recinto universitario occidental en que el objeto central de ‘reflexión’ filosófica y literaria no sea el falocentrismo, el pensamiento gay o la literatura lesbiana. Pero sucede que en Europa, y aun en América, todavía hay quien no quiere dedicarse a hablar de esas tonterías, de ideologizaciones simplistas que, por si fuera poco, se arrogan la potestad, desde la mayor ignorancia, de tachar de ideología a cualquier tradición del saber que no sea la simplista propia. Al decir de Ryan, en el prólogo del libro, y dando la vuelta al término o a la idea con que en América se suele designar a estos potentados del profundo saber antifalocéntrico, aquellos que se resisten a los poderes de tan nuevos y grandes dogmas no son sino «resentidos». En realidad, si bien se mira, no tiene desperdicio el candoroso comienzo del prólogo: «La teoría literaria es, debido a su dificultad, tan conocida como temida. Un artículo reciente publicado en el New York Times tachaba de incomprensible al teórico francés Jacques Derrida. Además, y en reacción a la teoría, se ha desarrollado en Estados Unidos un grupo numeroso de resentidos académicos de literatura. Cuando se suceden cambios de tendencias tan enormes como los que han transformado los estudios literarios durante las últimas décadas, y que han cambiado las bases de la crítica, es comprensible que aquellos con inversiones en viejos vocabularios y en las teorías que han sido desplazadas muestren sus discrepancias» (pág. 11). El pobre Ryan no parece saber en qué momento de la historia se halla, ni si hubo algo algún tiempo atrás.

…..Y como ya dije con ocasión del comentario al manual de Jonathan Culler, maldita la gracia de querer importar todo el gigantesco problema característico de la cultura norteamericana a nuestro país, cuando aquí ya tenemos nuestros difíciles problemas pedagógicos y académicos. Y porque en ningún momento se nos trae nada que tenga que ver con la inteligencia y la ética admirables de esos grandes norteamericanos que representaron a un gran país, es decir Emerson, Dewey y otros; no, sólo se nos trae la moda detestable; sólo se nos trae la trivialidad de la nueva sociopolítica; sólo se nos trae lo peor… ¿Para qué queremos nosotros esas cosas?

J. L. Calvo Landau

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