LA BIBLIOTECA HISPÁNICA
ENTRE LA DIPLOMACIA CULTURAL Y CIENTÍFICA Y EL APOYO A LA INVESTIGACIÓN

EN PORTADA. Autora: Araceli García Martín
Vol. 6 / julio-diciembre 2021

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La BIBLIOTECA HISPÁNICA ha sido en 2021 objeto de creación, por el Instituto Juan Andrés de Comparatística y Globalización, de la Distinción Biblioteca, que en lo sucesivo habrá de regular y prolongarse en colaboración con ella misma.

La misión de la rica y emblemática BIBLIOTECA HISPÁNICA es preservar el tesoro general de la cultura que le da nombre, pero asimismo en relación con el extenso mundo cultural que a lo largo de la historia ha entrado en contacto con nuestra civilización. Su sentido último, fundamentalmente universalista, es no solo de conservación sino también el de constituir uno de los principales centros de la cultura hispánica, al tiempo que de fomento del conocimiento y los valores de la ciencia internacional. Vinculada al Ministerio de Asuntos Exteriores y a la AECID, constituye una manera de presencia en el tablero internacional y base de diplomacia cultural y científica.

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Dibujo Fachada ICH

Dibujo Fachada ICH publicado en la revista Mundo Hispánico, n. 9 1948

La BIBLIOTECA HISPÁNICA pertenece a la Biblioteca AECID, junto con otras dos colecciones: la Biblioteca Islámica y la Biblioteca de la Cooperación Española. Está pues integrada en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), organismo dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Es un centro abierto al público en general y no sólo al académico especializado. Cuenta entre los más importantes de España y, en su materia, de Europa y del mundo.

La Biblioteca Hispánica define un centro y un fondo bibliográfico singular ya por su propia ubicación: ninguna otra agencia de cooperación del mundo dispone de una biblioteca de tales dimensiones e importancia. Por ello es imprescindible conocer su historia a fin de entender su configuración.

AECID

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1. ETAPAS
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Nació en 1940 como colección bibliográfica del Consejo de la Hispanidad, cuyos 6000 libros son inicio de la colección. La finalidad del citado Consejo consistía en conservar y fomentar la herencia hispánica en los países de América y en Filipinas.

El tema central de la primera colección histórica consiste en la literatura del descubrimiento, las políticas llevadas a cabo por los Reyes Católicos y la evangelización de América. Posteriormente se amplió a todas las relaciones sociales, humanas y culturales de América Latina y Filipinas. Desde el primer momento se incluyó en esta colección americanista la temática filipina, y se hizo atendiendo a razones históricas que dejaron unas profundas relaciones entre España, América y el archipiélago: anteriormente a las independencias de los países hispanoamericanos, la gestión de Filipinas es de recordar que no se realizaba directamente desde España, sino desde el Virreinato de Nueva España.

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Visión internacional de la cultura

Aunque la Biblioteca Hispánica nace con el franquismo, es heredera del interés por la política cultural exterior de España que representaba la Institución Libre de Enseñanza, creada en 1876. Ésta, inmersa en el campo de la educación, se interesaba por la riqueza que podía aportar al sistema educativo español el contacto con el exterior. Su visión, muy avanzada, fue seguida por importantes intelectuales, ya fueran de ideología conservadora o progresista, y su influencia no se quedó solo en al ámbito de la educación, sino que llegó al mundo de las relaciones exteriores del Estado.

Esta influencia quedó patente en la creación en 1921, a iniciativa de Américo Castro, -muy vinculado a la Institución Libre de Enseñanza-, de la Oficina de Relaciones Culturales Españolas (ORCE), dentro del Ministerio de Estado, denominado Ministerio de Asuntos Exteriores a partir de 1938.

La ORCE supone el inicio de la acción cultural de España en el exterior. La Oficina pertenecía a la Sección de Política del Ministerio de Estado, y tenía como uno de sus principales objetivos la difusión del idioma castellano y la defensa y la expansión de la cultura española en el extranjero.

En 1926 la ORCE da paso a la Junta de Relaciones Culturales, que estableció una red docente y de agregadurías culturales, además de crear centros culturales españoles de calidad en Europa y otras regiones del mundo. Fue también la creadora de becas de formación en el extranjero.

La Institución Libre de Enseñanza no solo dejó su herencia de vocación internacional a las instituciones encargadas de las relaciones internacionales, como la Junta de Relaciones Culturales, sino que influyó decisivamente, como es lógico, en las responsables de la educación, la ciencia y la cultura.

Ocupa un lugar destacado su influencia sobre la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (abreviado normalmente en JAE), creada en 1907. Su misión principal era promover la investigación y la educación científica en España, mirando hacia lo que se estaba haciendo en los países más avanzados a nivel científico. Estaba presidida por Santiago Ramón y Cajal. Fue vocal, entre otros, Ramón Menéndez Pidal, que ocupó la dirección del Centro de Estudios Históricos, creado en 1910, y que entre otras tareas coordinó las relaciones e intercambio cultural con el exterior, en especial con Hispanoamérica.

La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas jugó un papel decisivo en las relaciones con América Latina, apoyando el intercambio de profesores y alumnos, publicando libros sobre su cultura, naturaleza y sociedad, y creando institutos, departamentos y cátedras universitarias sobre lengua, cultura, historia y civilización españolas. Muchos de estos centros creados siguieron el modelo organizativo y científico de los centros españoles de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas.

La Junta dio un gran impulso a la ciencia y a la cultura españolas a través de un programa muy activo de intercambio de profesores y alumnos y el establecimiento de becas para estudiar en el extranjero. En su seno se formaron importantes intelectuales, como Américo Castro, creador de la Oficina de Relaciones Culturales Españolas, como hemos dicho anteriormente.

Tras el Golpe de Estado de Franco, se disuelve la Junta y en su lugar se crea el Instituto de España, posterior Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

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Vinculación con diferentes instituciones culturales

Cuando se estableció el franquismo, a pesar de sus recelos con todas las instituciones responsables de la visión de la cultura de España en el exterior, el nuevo régimen aprovechó los conceptos, relaciones y expertos que habían estado trabajando en estas materias, lo que de algún modo supuso el reconocimiento de que la cultura española también se enriquecía gracias al influjo de las culturas foráneas. Consiguientemente vio en las bibliotecas un instrumento útil para proyectar la imagen de una España orgullosa de su cultura propia e interesada por las de los pueblos “hermanos”.

La instrumentalización de las bibliotecas, entre otros recursos, sirvió al franquismo para tratar de paliar el aislamiento internacional. Por este motivo, se crearon numerosas bibliotecas en todos los departamentos ministeriales. Esta política cultural dio resultados sobre todo a la hora de mantener relaciones culturales con los países que más contactos han tenido históricamente con España: los países hispanoamericanos y el mundo árabe islámico, aunque no con todos los países las relaciones tuvieron la misma fluidez y acuerdo ideológico.

Las instituciones culturales del Ministerio de Exteriores franquista, herederas de esas políticas internacionales previas, fueron:

1-. El Consejo de la Hispanidad. Fue creado en noviembre de 1940, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, con la finalidad de conservar y fomentar la herencia hispánica en los países de América y Filipinas. Su discurso no fue bien aceptado ni en España ni en Hispanoamérica, por lo que duró pocos años. Manuel Halcón fue el único canciller del organismo hasta su destitución en julio de 1943, pues no se nombró un nuevo responsable.

2-. El Consejo de la Hispanidad dio paso, en 1945, al Instituto de Cultura Hispánica (ICH). Joaquín Ruiz-Giménez Cortés fue su primer director, (1946-1948), seguido por Alfredo Sánchez Bella (1948-1956), Blas Piñar López (1957-1962), Gregorio Marañón Moya (1962-1973) y Juan Ignacio Tena Ybarra (1974-1977). Contaba con la cátedra “Ramiro de Maeztu” en la Universidad de Madrid, y -entre otros- el Colegio Mayor “Hernán Cortes” en Salamanca, lo que le vincula con el ámbito científico y académico. También de 1945 es la Dirección General de Relaciones Culturales, creada en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Vino a sustituir a la previa Junta de Relaciones Culturales, que contaba con una escasa definición dentro del Ministerio. Ambas instituciones (el ICH y la Dirección) continuaron con el tradicional protagonismo de las relaciones internacionales de España con Hispanoamérica, mientras explotaban la utilización interesada del concepto de Hispanidad. La Dirección de Relaciones Culturales creó en diversos países de Hispanoamérica y del entorno islámico centros culturales que apoyaran su política cultural exterior, sobre todo durante las décadas de 1950 y 1960.

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Los primeros años de la democracia

El cambio de régimen mantuvo la preeminencia de las relaciones internacionales con América Latina, asunto recurrente en la historia de España, pues lo heredó el franquismo de igual manera que ahora se legaba a la democracia. Lo que sí hubo fue un cambio en el punto principal de interés de las relaciones: de un interés por la cultura, se pasa a compartir éste, aunque nunca se había abandonado, con la economía.

Sobre la base de estas nuevas premisas se creó en 1977 el Consejo Iberoamericano de Cooperación, que en 1979 pasó a denominarse Instituto de Cooperación Iberoamericano (ICI). El cambio de denominación representa el fin de la preeminencia de la cultura en las relaciones exteriores de España y el paso a las nuevas ideas de cooperación, de preferente perfil económico.

España tenía mucha menos experiencia en relaciones basadas en una cooperación económica, pero seguía siendo fundamental mantener relaciones, del tipo que fuere, y sobre todo con Hispanoamérica. La cultura compartida seguía siendo el punto de apoyo sólido sobre el que construir un nuevo paradigma, aunque sus raíces fueran antiguas.

En 1988 se creó la Agencia Española de Cooperación Internacional, que posteriormente, por Real Decreto 1403/2007, de 26 de octubre, reformó su estatuto y cambió su nombre por el actual de Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Por RD 1527/1988, de 11 de noviembre, el Instituto de Cooperación Iberoamericano se integra en la AECI, organismo autónomo adscrito al Ministerio de Asuntos Exteriores a través de la Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica, creada por RD 1435/1985, de 28 de agosto.

Desde su creación en 1985, los secretarios de Estado han sido: Luis Yáñez-Barnuevo (1985-1991), Inocencio Arias (1991-1993), José Luis Dicenta Ballester (1993-1995), Miguel Ángel Carriedo Mompín (1995-1996), Fernando María Villalonga Campos (1996-2000), Miguel Ángel Cortés Martín (2000-2004), Leire Pajín (2004-2008), María Soraya Rodríguez Ramos (2008-2011), Jesús Manuel Gracia Aldaz (2012-2016), Fernando García Casas (2016-2018), Juan Pablo de Laiglesia (2018-2020), Ángeles Moreno Bau (2020-presente) y Pilar Cancela Rodríguez, desde julio de 2021.

En 2007 cambia su denominación por el de Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y en ella se integró la Dirección de Relaciones Culturales que se encontraba en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Reformuló los centros culturales preexistentes, creados en Hispanoamérica por el Instituto de Cultura Hispánica y por el Instituto Hispano Árabe de Cultura en el área islámica y creó otros nuevos, así como una red de Centros de Formación y de Oficinas Técnicas de Cooperación con los que llevar a cabo la Ayuda Oficial al Desarrollo. La actual Dirección de Relaciones Culturales y Científicas continúa con la gestión de estos centros culturales, mientras que los que creó el Instituto Hispano Árabe de Cultura han pasado a convertirse en centros del Instituto Cervantes.

La ubicación en la Ciudad Universitaria: expresión de un concepto de ciencia

El INSTITUTO DE CULTURA HISPÁNICA y por lo tanto su biblioteca se ubicó, y ahí continúa, en la Avenida de los Reyes Católicos, en plena Ciudad Universitaria de Madrid, espacio oficial dominante del ámbito cultural y científico, que cuenta con una prolongada historia mantenida por intereses políticos de diferente signo.

Plano de ubicación con el proyecto del Instituto de Cultura Hispánica

Plano de ubicación con el proyecto del Instituto de Cultura Hispánica (en oscuro), próximo al Museo de América. A la izquierda de éste, la Escuela de Ingenieros Navales. En la parte baja de la imagen, la Avenida de la Ciudad Universitaria.

Reinando Alfonso XIII, en 1927, se constituyó la Junta de la Ciudad Universitaria para tratar de modernizar el sistema universitario de la capital. Después de la pérdida de las últimas colonias en 1898, había llegado el momento de que el movimiento regeneracionista intentara situar a España al mismo nivel que los principales países occidentales, y lograrlo utilizando el conocimiento científico, como ya habían empezado a hacer, desde fuera del ámbito universitario, la Junta para la Ampliación de Estudios, creada en 1907, o incluso antes, la Institución Libre de Enseñanza, creada en 1876.

Cuando en 1931 se instaura la Segunda República, se promulga la Ley de la Ciudad Universitaria, y aunque se suprimen los cargos políticos anteriores, prácticamente continúa todo el equipo técnico que venía trabajando en la Junta de la Ciudad Universitaria.

Durante la Guerra Civil, entre 1936 y 1939, se instaló el Frente de guerra en la Ciudad Universitaria y se destruyeron numerosos edificios. Uno de los aspectos a los que el rey Alfonso XIII dio más relevancia al concebir la Ciudad Universitaria fue su proyección internacional, de alcance europeo y norteamericano, pero de un modo prioritario hacia Hispanoamérica. El tipo de discurso que mantenía sobre Hispanoamérica deja clara su línea de interés: la grandeza de América hace más grande aún a España.

Naciones de América: a vosotras que sois el más vivo testimonio de la grandeza de España, a vosotras que formáis entre todas el más glorioso imperio espiritual de una raza, que ya era la suma de razas diversas, unidas por una fe. Conquistadora de tierras, hicieron con sus soldados y cantos, sus doctores y sus artistas, donación, todo ello de un pueblo que sabía elevar su espíritu sobre la pesadumbre de los días y la cerrazón de lo presente hacia un porvenir justiciero, a vosotras va mi saludo, que bien quisiera refrendar algún día con mi presencia. (Fragmento extraído del disco Saludos a las Repúblicas Americanas, discurso del Rey Alfonso XIII, consultable en la Biblioteca Digital Hispánica, BNE).

Era claro el deseo de recibir a estudiantes hispanoamericanos, por lo que se planificaron diferentes colegios mayores para alojarlos. Se realizó una importante campaña publicitaria desde la Ciudad Universitaria para ofrecer en el extranjero la imagen de una España moderna y culta, capaz de aglutinar una cultura compartida entre España e Hispanoamérica.

La Ciudad Universitaria era también el lugar idóneo para alojar las instituciones encargadas por el Ministerio de Asuntos Exteriores de fomentar las relaciones exteriores con base en la cultura y el conocimiento: el Instituto de Cultura Hispánica y su Biblioteca Hispánica, así como el Colegio Mayor Guadalupe, donde se alojaban sus usuarios, estudiantes becarios procedentes de Hispanoamérica (el Colegio Mayor Nuestra Señora de África era el alojamiento de los becarios del ámbito islámico).

A los objetivos de diplomacia cultural propia de su institución, siempre estuvieron unidos los de diplomacia científica: el mundo científico, muy necesitado de materiales bibliográficos en aquella España que todavía estaba rehaciéndose tras la Guerra Civil, encontraba en la Biblioteca Hispánica aquello de lo que carecían las de las universidades, realmente poco dotadas. Las puertas de la biblioteca siempre estuvieron abiertas a los investigadores y éstos convivían con los diplomáticos de la institución y con los becarios internacionales de sus programas de becas.

El Instituto, la Biblioteca Hispánica, el Museo de América y las abundantes estatuas diseminadas por el campus crean un espacio propio dedicado al americanismo en Madrid.

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Imágenes de la Biblioteca Hispánica en su ubicación del ICH

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Exlibris de la Biblioteca Hispánica

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Los edificios de la Biblioteca

En el solar del antiguo club y jardines de La Parisiana (destruido en 1936), en los límites de la Ciudad Universitaria, el arquitecto Luis Martínez-Feduchi construyó en 1951 un edificio acorde al estilo oficial neoclásico y neoherreriano que representó la estética franquista de los años inmediatamente posteriores a la guerra. Este “Edificio Palacio” albergará el centro del movimiento hispanoamericano en España: el Instituto de Cultura Hispánica (ICH).

Al edificio se trasladó la biblioteca del Consejo de la Hispanidad, que se hallaba en la calle Alcalá 95. La biblioteca, que ya despuntaba como una importante biblioteca americanista, se situó físicamente en la parte posterior del edificio, en un módulo de siete plantas. La mayoría del espacio estaba ocupado por un enorme depósito donde los libros estaban ordenados por países.

Debido a los constantes problemas de espacio, dado el aumento exponencial de la colección, se vio la necesidad de ampliar el espacio de la biblioteca construyendo un edificio anexo. Los planos iniciales de este edificio se remontan a 1964 y fueron proyectados por los arquitectos José Fernández del Amo y Antonio Fernández Alba –maestro y alumno-, volviéndose a re-proyectar definitivamente en 1978.

La nueva instalación permitiría contemplar con tranquilidad el crecimiento del fondo bibliográfico de la biblioteca en las próximas generaciones, pues se planificó para albergar una colección de dos millones de libros.

El nuevo edificio responde a la denominada “arquitectura orgánica”, formado por un bloque triangular con patio interior, suavemente ondulado para su adaptación a la difícil topografía del terreno y caracterizado por el uso en la entrada y en el depósito de bóvedas de medio cañón. Sus diferentes espacios interiores se construyen guiándose por el principio de funcionalidad de los distintos servicios, haciendo que estos espacios sean independientes, aunque se hallen comunicados.

Destaca el uso de la “planta libre” para el gran espacio de las salas de lectura, que quedan elevadas gracias al uso de pilares. Sus 2 plantas equivalen a 3 plantas en el resto del edificio. Esta gran altura queda resaltada por los grandes ventanales abiertos al patio interior. Son importantes también en este espacio los huecos hacia el exterior, velados por tabiques de pavés.

Vista aérea del Instituto de Cultura Hispánica

Vista aérea del Instituto de Cultura Hispánica y del edificio actual de la Biblioteca AECID, unidos por una pasarela de comunicación

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Vista de las salas de lectura del actual edificio de la Biblioteca

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El programa editorial al servicio de la Biblioteca

El mundo de la investigación transmitió sus necesidades a los diplomáticos y estos se involucraron a la hora de lograr fondos bibliográficos para la biblioteca.

Una fuente muy valiosa fue el programa editorial, puesto a disposición de la biblioteca con la publicación de obras de alto nivel de especialidad académica  y científica. Por su disponibilidad para viajar, eran los diplomáticos quienes cerraban acuerdos internacionales de intercambio de publicaciones.

El sello editorial del Instituto de Cultura Hispánica, denominado Ediciones Cultura Hispánica, fue fundamental para dar a conocer en España, y por extensión en Europa, obras clave de españoles e hispanoamericanos escritas en la lengua común. En otras ocasiones, esta editorial publicaba a autores noveles americanos y esto daba a conocer en el viejo continente jóvenes ideas literarias. Durante un tiempo fue jefe de publicaciones Ramón Menéndez Pidal, con amplia experiencia internacional, pues había sido vocal de la Junta de Ampliación de Estudios y director del Centro de Estudios Históricos, creado en 1910. A él se debe la mayoría de facsímiles de obras clave latinoamericanas antiguas incluidas en el catálogo editorial.

El hecho de que estos se ofrecieran a la Biblioteca Hispánica a fin de establecer canje con otras publicaciones científicas de todo el mundo, atrajo a la colección numerosas obras y mucha literatura gris: publicaciones propias de instituciones no incluidas en el sistema editorial comercial.

Por la importancia que han tenido para los investigadores de todo el mundo, cabe destacar, entre otras que publicó, El correo literario o Pensamiento iberoamericano, dos publicaciones periódicas cuyo canje ha logrado numerosos fondos para la Biblioteca Hispánica.

Entre las revistas del ámbito científico-cultural hispánico podemos destacar: Cuadernos Hispanoamericanos, nacida en enero de 1948 y que se sigue publicando en la actualidad. Surgió en parte como respuesta a la revista Cuadernos Americanos, editada en México por intelectuales españoles exiliados.

CCHH

Imagen de distintos números de Cuadernos hispanoamericanos publicada en el blog La reina de los mares

Desde fines de los 70 incluye múltiples artículos y reseñas sobre los escritores del boom latinoamericano. Con el tiempo se fue convirtiendo en un instrumento imprescindible para cualquier americanista.

Su fundador fue Pedro Laín Entralgo (1948-1951), y le siguieron en la dirección: Luis Rosales (1951-1966), José Antonio Maravall (1966-1982), Félix Grande (1982-1996), Blas Matamoro (1996-2007), Benjamín Prado (2007-2012) y Juan Malpartida (2012-2021), recientemente jubilado.

Mundo Hispánico es una publicación gráfica de gran formato editada por el Instituto de Cultura Hispánica. Fue concebida para difundir la “hispanidad” a través de temas de actualidad españoles y latinoamericanos. Contiene reportajes, artículos y creaciones literarias, con profusión de fotografías y dibujos a todo color. Se puede considerar una publicación de lujo para la época, tanto por el tipo de papel, tamaño e imágenes, como por la calidad de sus artículos.

Su primer número salió en febrero de 1948 y se publicó hasta diciembre de 1977, alcanzando los 357 números. Incluye suplementos monográficos dedicados a los países hispanoamericanos o a las regiones y temáticas españolas que eran de interés o actualidad en el momento. Se distribuía por toda América, Filipinas y algunos países de Europa. Contó con varios directores, entre los que destacan Alfredo Sánchez Bella (1952- 1957) o José Luis Castillo Puche (1976-1983). La época dorada de la publicación coincidió con la dirección de José García Nieto durante el decenio 1966-1976.

Mundo Hispánico

Cubiertas de la revista Mundo Hispánico publicadas en el blog La reina de los mares.

El correo literario: arte y letras hispanoamericanas (1950-1955) fue otra publicación periódica del Instituto de Cultura Hispánica. Dirigida por Leopoldo Panero, su objetivo era “facilitar y promover la comunicación cultural y específicamente, literaria, entre España e Hispanoamérica”.

Cooperación española (2000-2001), editada por la AECI, publicó 6 números dedicados a la actividad y objetivos de la cooperación al desarrollo propios de la Agencia.

Además de las revistas se publicaron libros de gran interés. La labor del Instituto de Cultura Hispánica (luego Instituto de Cooperación Iberoamericana) ha sido analizada en una publicación editada en 2003: La huella editorial del Instituto de Cultura Hispánica: Ediciones Cultura Hispánica y otras publicaciones: estudios y catálogo (1944-1980). En ella se estudia la política cultural y editorial de la institución y se hace inventario de todas las publicaciones del sello.

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Las actividades culturales

En la Biblioteca Hispánica existe un fondo considerable de documentación relacionada con las actividades culturales que se organizaban en el Instituto de Cultura Hispánica. Para comprender la procedencia de este acervo, es necesario conocer las actividades que lo generaron.

La institución, como instrumento de la política de España en sus relaciones con Hispanoamérica, tenía como fin el estudio, la defensa y la difusión de la cultura hispánica, el fomento del conocimiento mutuo de los pueblos hispánicos y el intercambio y cooperación cultural. Esto significó a lo largo de los años el desarrollo de una amplia y creciente actividad cultural y académica, que durante el curso universitario tenía acogida en su prestigiosa Cátedra “Ramiro de Maeztu”, en su Salón de Actos (donde se programaba casi a diario alguna actividad cultural o académica), y en su Sala de Exposiciones, donde se exhibía quincenalmente la obra de jóvenes valores del panorama artístico o bien algún aspecto del arte americano. Algunas de estas exposiciones también disfrutaron de itinerancia, por no hablar de las grandes exposiciones internacionales como la I Exposición Bienal Hispanoamericana de Arte, celebrada en 1951 en los palacios de exposiciones del Retiro y Palacio de Cristal.

El grueso de actividades iba dirigido a complementar la formación académica y ampliar la oferta cultural de los becarios hispanoamericanos y filipinos de la institución, así como a difundir entre el público general cualquier aspecto cultural procedente de estos países y sus relaciones con España. De esta manera, la sede central de la Institución pasó a convertirse en centro cultural de primer orden dentro de la ciudad, siendo anunciadas y reseñadas sus actividades puntualmente en los periódicos de la época.

Estos actos se celebraban en la sede del Instituto y también en otros espacios como el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe o instituciones colaboradoras, como la Embajada de EE.UU. en Madrid. Como ejemplo de esta última colaboración cabe mencionar una conferencia y exposición titulada Arquitectura sin arquitectos, celebrada en noviembre de 1968 por la citada Embajada con la colaboración del ICH. La razón de la colaboración es que una sección del Instituto prestaba atención también a las relaciones con Estados Unidos, organizando, entre otros, cursos especializados para estudiantes norteamericanos interesados en la cultura española.

En este panorama destacaban las Semanas Nacionales dedicadas cada año a un país y organizadas por las distintas asociaciones de estudiantes residentes en España y sus respectivas embajadas, con la colaboración del ICH, que financiaba y prestaba el espacio para el desarrollo de estos actos. Durante esa semana se sucedían diferentes eventos que incluían conferencias, exposiciones, visitas, proyecciones de películas, concursos para alumnos escolares españoles que mostraban su conocimiento acerca del país homenajeado, etc.

La Asociación Cultural Iberoamericana de Madrid, colaboraba mediante numerosos cursos con la institución y desarrollaba también parte de sus actividades en torno a la llamada “Tertulia Literaria Hispanoamericana”, donde escritores españoles e hispanoamericanos daban a conocer sus nuevas obras. La revista titulada La Tertulia, durante los años 1952-1954, dio cuenta de esta actividad.

Muy importante era la ya mencionada Cátedra “Ramiro de Maeztu”, que establecía un tema monográfico cada curso académico y atraía a intelectuales de prestigio para que impartieran conferencias a través de su Dirección de Intercambio y Cooperación Técnica. Por la Cátedra desfilaron importantes representantes de la intelectualidad y la cultura hispanoamericana. Dependiente de esta Cátedra se encontraba el “Aula Poética”.

Como complemento de los cursos que los becarios seguían en las universidades, el Instituto preparaba anualmente cursos especializados, como era el anual “Panorama Español Contemporáneo”. En él se hacía un resumen de la realidad cultural, industrial y económica de la vida en España.

El Instituto era también la sede de la Escuela de Estudios Hispánicos Contemporáneos, vinculada a la Universidad de Madrid, que celebraba el “Seminario de Problemas Contemporáneos Hispanoamericanos” y que formaba especialistas en temas de actualidad. La temática abordada iba desde la estructura económica española a la historia contemporánea, derecho político, historia de las instituciones jurídicas y políticas hispanoamericanas.

Una de las funciones del Instituto fue la promoción de congresos muy diversos.  Mencionaremos el “Congreso sobre Presente y Futuro de la Lengua Española”, celebrado en 1963 y que dio origen a la revista Español Actual.

Destaca, entre los numerosos boletines informativos que elaboraba el Instituto, uno de gran formato dedicado a la programación del Festival de Música de América y España. El número informa de la segunda edición del certamen, que se celebró en Madrid del 14 al 20 de octubre de 1967 y repartió los conciertos entre varios auditorios, desde el Monasterio de El Escorial a distintas salas de la ciudad incluyendo el propio Salón de Actos, el Teatro Real, el Ateneo, Teatro de la Zarzuela, etc. Este Festival se inició con una exposición-homenaje a Enrique Granados y al concluir fue reseñado profusamente en el número 216 de diciembre de 1967 de la revista Cuadernos Hispanoamericanos por el musicólogo clásico Carlos José Costas.

Se celebraban también grandes Festivales de Folklore Hispanoamericano que tenían lugar habitualmente todos los años en la ciudad de Cáceres, donde se otorgaban premios a las mejores agrupaciones que luego hacían giras por diversas provincias españolas.

El Departamento de Cine organizaba “Semanas de Cine Español en Hispanoamérica”, concedía los Premios “Perla del Cantábrico” en el Festival anual de San Sebastián y concedía premios análogos en las Semanas Internacionales de Cine Religioso de Valladolid.

El Departamento de Radio, Cine y Teatro del Instituto colaboraba constantemente con Radio Nacional de España para sus programas en general y en especial para los transmitidos por onda corta a Hispanoamérica, preparando grabaciones a Hispanoamérica para enriquecer los programas radiados por las emisoras de los distintos países. Contaba también con tres programas radiofónicos: “Altavoz Cultural Hispánico”, “Festival de Hispanoamérica” y “Carta de Hispanoamérica”.

La Biblioteca Hispánica cuenta con un extenso Archivo Sonoro, fiel testimonio de parte de estos actos, que está puesto a libre disposición de las personas interesadas a través de la Biblioteca Digital de la AECID.

Otra actividad destacada del Instituto de Cooperación Iberoamericano era la “Semana de Autor”, que desde 1983 se inició con el homenaje al escritor Ernesto Sábato y que en sucesivas ediciones llegó hasta 1992 con la Semana dedicada a Álvaro Mutis, pasando por Mario Vargas Llosa, Augusto Roa Bastos, Jorge Amado, Bryce Echenique, Octavio Paz, Manuel Puig, Bioy Casares, Augusto Monterroso y que a partir de 1994 pasó a realizarse en Casa de América, hasta su última edición en 2010 dedicada a Roberto Bolaño. Esta “Semana de Autor” tuvo su paralelismo con escritores españoles homenajeados en el Centro Cultural de Buenos Aires. Para ver su importancia, un ejemplo: en la Semana dedicada a Ernesto Sábato abrió las sesiones Gonzalo Torrente Ballester y clausuró el acto Luis Rosales, ambos Premio Cervantes.

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2. LA BIBLIOTECA EN SU ÉPOCA ACTUAL
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En 1988 se creó la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), que en 2008 cambió su denominación por la de Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). En la Agencia se integró la Dirección de Relaciones Culturales, todavía muy interesada en fortalecer las relaciones estratégicas con América Latina. Para este fin, reformuló los centros culturales preexistentes, creó otros nuevos, así como una Red de Centros de Formación y de Oficinas Técnicas de Cooperación con los que llevar a cabo la Ayuda Oficial al Desarrollo.

La biblioteca actual de la AECID es una biblioteca moderna y muy tecnologizada, donde conviven libros, publicaciones periódicas y documentos de archivo de alto valor histórico, con fuentes bibliográficas en modernos soportes.

La Biblioteca Digital y el repositorio Americanae ofrecen a texto completo libros en soporte digital abiertos a todos los ciudadanos. Americanae es un recolector digital que agrupa documentos digitales de tema americanista de acceso abierto, disponibles en bibliotecas de todo el mundo.

Las actividades culturales de la biblioteca dejan al servicio de toda la comunidad documentos digitales y experiencias a libre uso y descarga.

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Cabecera del recolector digital de fondos americanistas Americanae

Colecciones de la Biblioteca Digital de la AECID

Colecciones de la Biblioteca Digital de la AECID

Reina de los

Cabecera del blog de la Biblioteca: La reina de los mares. La base es el Planisferio de Cantino, de 1502

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3. FONDO ESPECIALIZADIO GENERAL Y COLECCIONES DESTACADAS
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La Biblioteca Hispánica ha llegado a reunir una colección bibliográfica variada y única a la vez. Variada por la diferente temática de libros, revistas y resto de materiales que conserva y relatan aspectos humanísticos y socio-económicos de todos los países iberoamericanos. Única porque en la colección se pueden encontrar publicaciones imposibles de conseguir en otras bibliotecas europeas, lo que la convierte en centro de referencia de primer orden.

Cuenta con alrededor de 500.000 títulos de libros en soporte de papel, y unos 15.000 títulos de revistas, muchas de ellas con suscripciones de 50 años de antigüedad, cosa que la identifica como una de las hemerotecas especializadas en América Latina más grandes del mundo. A estos materiales hay que añadir una gran colección de fotografías y documentos de archivo de los que se hablará más adelante.

Respecto de la variedad temática probablemente es de destacar la riqueza de la colección de tema histórico, antropológico, arqueológico, económico, humanístico, artístico y literario, sin duda aquellos que atraen mayor número de investigadores.

Todo ello es reflejo, asimismo, de las múltiples vías y corrientes de la investigación académica de los centros con los que ha mantenido durante años relaciones de canje de publicaciones. Estas relaciones continúan en la actualidad como un medio fundamental de adquisiciones.

Antes de que las distintas instituciones internacionales contaran en su página web con un apartado dedicado a sus publicaciones, muchas de ellas de acceso abierto, buscaban entidades con vinculación y objetivos plurinacionales a las que enviar sus textos para que fueran conocidos en el país.

La Biblioteca Hispánica fue por estos motivos depositaria de las publicaciones de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y del Banco Mundial. Ya desde la década de 1960 venía siendo depositaria de las publicaciones de la OEA (Organización de Estados Americanos) y de algunos otros organismos regionales americanos, como la Comunidad Andina. Otros organismos de los países iberoamericanos también enviaban periódicamente sus series estadísticas y bibliográficas. Muchos de estos intercambios bibliográficos se mantienen en la actualidad. Es el caso de los grandes bancos nacionales, direcciones generales de estadística, bibliotecas nacionales o institutos bibliográficos de carácter estatal. Las universidades iberoamericanas son los corresponsales más numerosos, sumando 144 en la actualidad.

También hay relaciones de canje con institutos de investigación, centros especializados, academias de la lengua y la historia, museos, etc. Algunas editoriales universitarias enviaban la totalidad de su catálogo, como el Colegio de México, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima, o el Instituto Caro y Cuervo de Colombia. La cooperación en este aspecto se ha extendido a otros centros de distinta región geográfica, pero con interés común por Iberoamérica. Se incluyen aquí universidades y organismos europeos, norteamericanos y asiáticos: un ejemplo destacable es la Library of Congress, con la que existen vínculos de intercambio desde los años cuarenta.

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Fondo antiguo

Las obras del fondo antiguo y patrimonial de la Biblioteca Hispánica son muchas y de incalculable valor. La Colección Graíño es la más valiosa y estudiada de todas las que contiene. Se ha digitalizado y figura cada uno de sus libros a texto completo y libre descarga en la Biblioteca Digital de la AECID. Para conocer su personalidad, se mencionan aquí algunos de sus títulos destacados:

  1. Arte de la lengua metropolitana del reyno cakchiquel .El autor es el franciscano nacido en Guatemala Ildefonso José Flores. Fue publicada en Guatemala por Sebastián de Arévalo, en 1753.
  2. Arte y vocabulario en la lengua general del Perú . Fue impreso por Francisco del Canto en la ciudad de Los Reyes (Lima actual), en 1614.
  3. Confessionario para los cvras de indios. Se trata de la primera edición de esta obra, publicada en 1583 en la imprenta de Antonio Ricardo, primer impresor de Lima. La segunda edición es de Sevilla, 1603.
  4. Descripción de diferentes piezas de historia natural. Es el primer libro científico impreso en Cuba, en 1787, por el impresor Blas de los Olivos, en la Imprenta de la Capitanía General.
  5. Vocabulario en lengua castellana y mexicana, diccionario escrito por el franciscano Alonso de Molina y publicado en 1571 en México, en la imprenta de Antonio de Espinosa.
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Archivos

La Biblioteca Hispánica cuenta con varios archivos en los que se conserva documentación relativa tanto a la vida personal como al legado literario de relevantes autores hispanoamericanos. La Biblioteca conserva asimismo en sus depósitos valiosos materiales derivados de las actividades realizadas al amparo de la institución.

1-. Archivo personal de Rubén Darío (1867-1916)

El archivo personal de Rubén Darío está repartido por varias instituciones de España y América[1]. En 1925, el escritor argentino Alberto Ghiraldo visitó a Francisca Sánchez, su viuda, y se llevó parte de la documentación para publicarla posteriormente[2]. En 1956, Francisca Sánchez, donó la mayor parte del archivo al Ministerio de Educación, que a su vez creó el Seminario-Archivo de Rubén Darío, depositado en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid.

En la Biblioteca Hispánica se custodian tres carpetas con 261 documentos del período de 1900 a 1904 entre los que figuran cartas de sus amistades, notas, cartas familiares, recibos, tarjetas de visita, telegramas.

En los documentos figuran nombres como Juan Ramón Jiménez, Pérez de Ayala, Unamuno, Pardo Bazán, Gómez Carrillo, Vargas Vila, Blanco Fombona… En 1967, centenario del nacimiento de Rubén Darío, el Instituto de Cultura Hispánica realizó la exposición: “En torno a Rubén Darío” en la que se exhibieron 172 documentos de este archivo y 260 libros seleccionados de su obra.

Este fondo puede consultarse en la Biblioteca [signatura: 3R-721].

2-. Archivo personal de José Mª Chacón y Calvo (1892-1969)

José María Chacón y Calvo fue un intelectual cubano que desempeñó el cargo de agregado cultural de la embajada de Cuba en España entre 1918 y 1936. Vivió en Madrid, donde tenía una casa en la calle General Pardiñas, 60.

En 1969 ingresó en el Instituto de Cultura Hispánica la biblioteca y el archivo que estaban en su domicilio madrileño[3]. El archivo inventariado está formado por 120 cajas con 9.679 documentos, fechados entre 1915 y 1957. La tipología documental es muy variada y encontramos cartas y tarjetas de amigos y conocidos, apuntes y notas, telegramas, recibos, recetas médicas, tarjetas de visita, programas, invitaciones, informes bancarios, billetes de tren, así como fotos de viajes, de familiares y de amigos. Algunos de los personajes con los que mantenía correspondencia eran: Manuel Altolaguirre, Elías Entralgo, José Mª Hinojosa, Menéndez Pidal, Alfonso Reyes, Gerardo Diego, Gregorio Marañón, Ots Capdequí, Rafael Suárez Solís, Alice B. Gould, Fernando Ortiz, Lidia Cabrera, Sarah Méndez-Capote… Además de la biblioteca y el archivo también forman parte de la donación algunos objetos personales como sus lentes, la mesa y silla de su despacho, el piano “en el que tocó Falla” y el cuadro “Retrato de Doña Catalina Chacón” pintado por Raimundo Madrazo en 1882.

3-. Archivo de la Revista Mundo Hispánico

Se compone de aproximadamente 70.000 documentos, entre maquetas de publicación, caricaturas, fotografías y diapositivas de la revista Mundo Hispánico, publicada por el Instituto de Cultura Hispánica entre 1948 y 1977. Se ha digitalizado una gran parte y se va subiendo, a medida que se cataloga, a la Biblioteca Digital de la AECID para su libre consulta y descarga.

4-. Archivo sonoro

Se compone de más de 10.000 registros sonoros grabados durante la celebración de actos culturales en el Instituto de Cultura Hispánica y posteriormente en el Instituto de Cooperación Iberoamericano. Hay conferencias de artistas españoles y latinoamericanos, recitales, conciertos, … Además, grabaciones del programa Carta a España, que se emitía por Radio Exterior de España y se realizaba, en muchas ocasiones, en instalaciones del Instituto de Cultura Hispánica en Madrid y en los centros culturales del exterior.

Complemento de la sección musical del archivo sonoro es su colección de partituras. Éstas aparecen vinculadas a la biblioteca desde 1952 a través del Departamento de Musicología, extinguido en la actualidad. En el archivo aparece documentación que indica cómo llegaron donaciones de partituras y discos de músicos como Alfonso Letelier, Domingo de Santa Cruz, Alfonso Leng, Jorge Urrutia y René Amengual entre otros.

Tras ser digitalizado y catalogado, se encuentra a libre acceso en la Biblioteca Digital de la AECID.

5-. Archivo de Pedro Grases

Este archivo del hispanista catalán exiliado en Venezuela ingresó en la Biblioteca en 2020. Se está procediendo al inventario. Contiene documentación personal y profesional, gran parte de ella es su correspondencia con los más destacados intelectuales españoles e hispanoamericanos. Solo por dar un nombre, destacar la abundante correspondencia con Andrés Bello.

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COLOFÓN
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2021 es declarado Año Iberoamericano de las Bibliotecas en la XX Conferencia Iberoamericana de Ministras y Ministros de Cultura de Iberoamérica. Este acuerdo abre la conversación sobre la vigencia de las bibliotecas en la región y su función en el desarrollo de los países iberoamericanos. En el contexto de la pandemia, y en medio de amplios retos en el acceso a la información, todos los tipos de bibliotecas se han reafirmado como espacios necesarios para que las personas accedan a un conocimiento confiable, lugares garantes del acceso a la información y del desarrollo de sus derechos culturales. El Año Iberoamericano de las Bibliotecas congregará a todas las tipologías de bibliotecas y permitirá reflexionar sobre las bibliotecas a una región conformada por 23 países: Andorra, Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

A lo largo del año se realizarán actividades y programas en torno a seis ejes: 1. El mundo diverso de las bibliotecas: tipologías y servicios. 2. Los desafíos de las bibliotecas después de la pandemia. 3. Las bibliotecas más allá de los libros: un lugar para las personas. 4. Innovación y bibliotecas: ¿qué significa innovar y cómo hacerlo? 5. Las bibliotecas como entidades fundamentales para el desarrollo de la Agenda 2030. 6. Las bibliotecas como lugares para la inclusión de poblaciones en desventaja y minorías.

La Biblioteca Hispánica, al estar especializada en la cultura de Hispanoamérica y depender del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, es un elemento clave para representar en Europa el interés por el conocimiento y el libro sobre la región.

La Biblioteca Hispánica representa una cultura global que respeta y cuida las diferencias culturales de cualquier rincón del mundo, porque cada una de ellas aporta valor a la cultura de todos.

Todos los objetivos que persiguen los diferentes proyectos que desarrolla la Biblioteca parten de su conocimiento, pues solo conociéndola se usarán sus recursos.

No se ubica en una institución académica o de investigación, y aunque se supone que los científicos conocen bien las fuentes bibliográficas de su especialidad y las entidades que las custodian, la realidad es que la investigación actual cada vez se centra más en los recursos digitales, mucho más accesibles. Esto está provocando lagunas peligrosas en la investigación, pues no todo se puede ofrecer en soporte digital (por los derechos de autor entre otras causas), ni se deberían abandonar líneas de investigación que no estén al amparo publicitario de homenajes y efemérides.

La Biblioteca AECID está abierta a todos los ciudadanos, a quienes ofrece, además de sus colecciones, espacios acogedores y apropiados para la investigación. Los edificios son importantes, pues hablan del interés que despertaban en su momento de planificación las actividades que se pensaba desarrollar en ellos.

La Biblioteca Hispánica, germen de la Biblioteca AECID, nació en pleno franquismo. En ella y en el Instituto de Cultura Hispánica se apoyó la propaganda cultural internacional de la época. A pesar de esta y otras circunstancias históricas, la Biblioteca no solo ha superado los más diversos avatares, permitiendo entre otras cosas estudiar desde perspectivas actuales un periodo histórico todavía cercano y posibilitando nueva significación a cuestiones que no deben ser olvidadas, sino que ha alcanzado una madurez intelectual refrendada desde las más diversas instancias culturales y académicas.

Para disponer de esta Biblioteca ha sido necesario muchísimo trabajo, tesón y talento. Todo ello se ha realizado y se realiza pensando en una investigación que arroje luz sobre nuestra historia, sin censuras que eviten lo incómodo.

Se ha mantenido en pie, prestando servicios, 81 años, no pocos de ellos difíciles. Del aprecio y apoyo que despierte en sus usuarios potenciales, los investigadores, dependerá su permanencia.

La Biblioteca no puede, por motivos legales y económicos, digitalizar su más de un millón de documentos para que cualquiera pueda disponer de ellos en cualquier lugar, pero puede difundir sus contenidos y tratar de atraer a quienes puedan sacar provecho de ella.

En cuanto a sus proyectos de difusión, la Biblioteca se apoya en el blog La reina de los mares; crea espacios de información especializada en su biblioteca digital; recopila fuentes de interés en su recolector Americanae; colabora con proyectos universitarios y de instituciones científicas y de investigación, como las que lleva a cabo el Instituto Juan Andrés de Comparatística y Globalización, entre otros.

Tratar de aportar información que no sea efímera, es dificultoso, pues la hay de todo tipo y no siempre el lector puede distinguir el grano de la paja. Pero en ello estamos, pues informar de lo que ofrecemos es esencial para que se lean nuestros libros y se cree conocimiento en los lectores, algunos de los cuales escribirán otros libros.

El conocimiento pasa de mente en mente, y su mejor soporte son los libros. Las bibliotecas que los guardan, y sus profesionales e intermediarios entre libro y lector, los bibliotecarios, somos muy conscientes de nuestra labor, y en ello reside el sentido de nuestra vocación. Sic vos non vobis.

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BIBLIOGRAFÍA

-Biescas, José Antonio y Tuñón de Lara, Manuel (1980), Historia de España. Tomo 10: España bajo la dictadura franquista, Barcelona, Labor.

-Delgado Gómez-Escalonilla, Lorenzo (1988). Diplomacia franquista y política cultural hacia Iberoamérica, 1939-1953. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Centro de Estudios Históricos.

-Fusi, Juan Pablo (1999). Un siglo de España, Madrid, Marcial Pons.

-Giral, Francisco (1994), Ciencia española en el exilio (1939-1989): el exilio de los científicos españoles Barcelona, Anthropos.

-Gracia García, Jordi (1966) Estado y cultura: el despertar de una conciencia crítica bajo el franquismo, Toulouse, Presses Universitaires du Mirail

-Gracia García, Jordi y Ruiz Carnicer, Miguel Ángel (2001). La España de Franco (1939-1975), Madrid, Síntesis.

-Llorente, Ángel (1995). Arte e ideología en el franquismo, 1936-1951, Madrid, Visor.

Saludos a las Repúblicas Americanas, discurso del Rey Alfonso XIII. Biblioteca Digital Hispánica de la Biblioteca Nacional de España.

-Sánchez Ron, José Manuel (1998), Un siglo de ciencia en España, Madrid, Residencia de Estudiantes.

-Tamames, Ramón (1981), Historia de España. Tomo VII: La República. La Era de Franco, Madrid, Alianza.

-Tusell, Javier (2005). Dictadura franquista y democracia, 1939-2004, Barcelona, Crítica.

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Enlaces electrónicos:

https://es.wikipedia.org/wiki/Consejo_de_la_Hispanidad

https://es.wikipedia.org/wiki/Instituto_de_Cultura_Hisp%C3%A1nica

https://es.wikipedia.org/wiki/Instituto_de_Cooperaci%C3%B3n_Iberoamericana

https://es.wikipedia.org/wiki/Secretar%C3%ADa_de_Estado_de_Cooperaci%C3%B3n_Internacional

https://es.wikipedia.org/wiki/Agencia_Espa%C3%B1ola_de_Cooperaci%C3%B3n_Internacional_para_el_Desarrollo

https://es.wikipedia.org/wiki/Cuadernos_Hispanoamericanos

http://bibliotecadigital.aecid.es/bibliodig/es/consulta/registro.cmd?id=230

https://cuadernoshispanoamericanos.com/

https://www.aecid.es/ES/biblioteca

https://aecid.on.worldcat.org/discovery

https://www.aecid.es/ES/biblioteca/biblioteca-digital

https://www.aecid.es/ES/biblioteca/americanae

https://www.aecid.es/ES

http://www.exteriores.gob.es/Portal/es/

http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcz9183


NOTAS:

[1] Universidad Complutense de Madrid, Memoria Chilena, Biblioteca Virtual Cervantes y Biblioteca AECID

[2] Ghiraldo, Alberto. El archivo de Rubén Darío. Buenos Aires: Losada, 1943. 508 p. [Signatura: 0B-18941]

[3] Mª del Carmen Díez Hoyo, José María Chacón y Calvo en la Biblioteca Hispánica en “Anuario americanista europeo, nº 3, 2005, p. 429-443 [http://www.red-redial.net/revista/anuarioamericanista-europeo/article/viewFile/114/99]


CITA BIBLIOGRÁFICA: A. García Martín, “La Biblioteca Hispánica. Entre la diplomacia cultural y científica y el apoyo a la investigación”, Recensión, vol. 6, Madrid, Recensión, 2021 [Enlace: https://revistarecension.com/ ]