PEDRO BARCELÓ, EL MUNDO ANTIGUO

Vol. 8 / julio 2022
RESEÑA. Autor: Iván López Martín

Barceló, Pedro, El mundo antiguo, pról. de J. J. Ferrer, trad. de A. Cadenas González y L. Hein, Madrid, Alianza, 2021, 816 pp. (ISBN:     )

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Cubierta Mundo antiguoPudiera parecer que un libro como el que aquí presentamos no tiene ya cabida en el mundo editorial: son numerosas las grandes obras que ofrecen una semblanza general del mundo grecorromano. Sin embargo, en la actualidad, la agresión constante que sufre el estudio de la cultura clásica y el menoscabo de estas materias dedicadas en el sistema educativo requieren de una persistente y adecuada defensa por parte de quienes amamos la cultura greco-latina. No es nuestro propósito entrar aquí en asuntos o problemas de historia de la cultura ni, por otra parte, de historiografía específica de las materias tratadas, pero lo cierto es que este libro constituye, sin lugar a dudas, una maravillosa defensa y, desde luego, un recorrido sustancial, ameno y completo de los grandes episodios históricos del mundo clásico.

El propio prólogo de Ferrer (pp. 15-23) es de una calidad que ya representa una auténtica invitación a la lectura del libro. En él destaca cómo le ha impresionado la narración de ciertos episodios, por ejemplo el de la toma de Numancia, y es, en definitiva, una suerte de reseña literaria en la que se exponen cuáles han sido las emociones y sentimientos despertados en el prologuista según avanzaba en la lectura de esta excelente obra.

Barceló explica en la introducción (pp. 25-31) que este volumen publicado en Alianza Editorial es resultado de la traducción de su propia obra que vio la luz en lengua alemana en 2019. Con ocasión de esta traducción se han añadido revisiones, reflexiones y algunos materiales con el fin de enriquecer la obra y poder ofrecer una versión que resultara más ajustada y atractiva para el lector hispano. Asimismo, insiste en que no se trata de un manual enciclopédico al uso con una disposición cronológica, sino que son, más bien, reflexiones que intentan aportar luz a aspectos y peculiaridades del mundo antiguo que tienen reflejo en la actualidad y perviven en nuestra vida cotidiana.

El conjunto se estructura en ocho grandes bloques. El primero de ellos se titula “Tierra y mar” (pp. 33-110) y en él muestra, en primer lugar, que durante milenios esta dualidad ha imperado en la relación del ser humano con la naturaleza. Son fundamentales aquí la mención a Ulises y el atractivo que el mar despierta en los hombres clásicos. Además, se describe la guerra Lelántica como otro ejemplo de expansión terrestre por las zonas de cultivo para comentar a continuación cuál es el concepto de polis y en qué consistía en el mundo griego la unidad familiar y la economía básica, así como los ritos religiosos de la ciudad y el paso de las democracias a la creación de las grandes ciudades helenísticas. Esta explicación, junto con el encanto que despertaron en los griegos los mundos casi mágicos de Tarteso, Egipto e India, da pie al autor a exponer cuál es el origen de Roma: una civilización agrícola que poco a poco se va expandiendo al mar. Como puede comprobarse en este primer bloque, se van sucediendo sin cronología rigurosa episodios que, en este caso, explican cuáles fueron las relaciones del mundo grecorromano con la expansión terrestre y marítima, y ello con ejemplos concretos que definen estas relaciones, así los navegantes históricos Hanón, Piteas y Nearco.

“Mito e historia” es el título de un segundo bloque (pp. 111-197). Se abre este con dos apartados dedicados a los poemas homéricos, textos que nos brindan la primera visión de un legendario pasado. Este mundo lejano descrito por el poeta griego arcaico brinda numerosos ejemplos de cómo lo sucedido en tiempos remotos puede ser recordado y, sobre todo, explicado a través del empleo del mito. La investigación aquí realizada entre los protagonistas de los poemas y su relación entre ellos (Circe y Calipso o los feacios, por poner dos ejemplos aquí estudiados) ayuda no solamente a medir las esferas del mito y la historia, sino, y muy especialmente, a comprender adecuadamente la realidad política y social de la época en la que Homero compuso sus versos. Estas constantes antropológicas mostradas en el mundo homérico ayudan, a su vez, a explicar racionalmente la actitud de determinadas personalidades de la época posthomérica, así como algunos acontecimientos legendarios dentro de la historia de Roma. Como es sabido, los autores latinos se sirven de la transformación mitológica de determinados hechos históricos con el objetivo de apropiarse del pasado y, de este modo, utilizar sus narraciones para justificar y legitimar el presente (tal es el caso de los relatos de Cincinato o Fabio Máximo y del episodio virgiliano de Dido y Eneas). Estas dos esferas (mítica y real) tienen su importancia también a la hora de analizar cómo se construye la imagen del bárbaro y cuál es la percepción que tenían de él tanto griegos como romanos.

El tercer bloque de la obra tiene como elemento fundamental el estudio de la religión antigua (“Culto y redención”, pp. 199-289). Resultan, en efecto, las creencias religiosas el epicentro de las sociedades antiguas y es de todo punto básico comprender sus analogías y diferencias, más si cabe si se tiene en cuenta que las comunidades de culto más relevantes aun hoy (judaísmo, cristianismo, islam) hunden sus raíces en la Antigüedad. Como punto de partida, el autor investiga la creación de los dioses olímpicos y cómo sirven de modelo para los sistemas religiosos posteriores. Además, examina el grado de incidencia de la religión en el mundo griego deteniéndose en los ejemplos de Pitea, el escándalo de los Hermocópidas y el juicio de Sócrates. Se sirve de este mismo patrón para explicar la génesis de la religión romana, su normativa y los niveles de tolerancia e integración que presenta. En este caso, aunque posteriormente le dedicará plena atención, traza unas líneas básicas sobre la irrupción del cristianismo en Roma y los conflictos resultantes de su auge. Por último, Barceló pone el foco en las crisis desatadas en determinadas áreas cultuales y la confrontación entre el Estado y la sociedad romana respecto del conflicto generado con los primeros creyentes cristianos a lo largo de los tres primeros siglos de nuestra era.

El cuarto bloque tiene por objeto el examen de los sistemas de gobierno en la Antigüedad (“Gobernar y servir”, pp. 291-406). Es de notar que la sociedad griega y romana basan su estructura social y económica a partir de la esclavitud, de importancia capital además para comprender los conflictos originados entre dominación y libertad en la Antigüedad. Esta esclavitud es la que, insistimos, mantenía a flote el sistema económico, social y político de los estados. Asimismo, otras sociedades, como Esparta o Macedonia, tenían sus bases sociales en un organigrama militar sustentado gracias a la movilización de una característica arquitectura social. Dentro de estos entramados sociales, destacaron personajes sobresalientes (Pericles, Pompeyo, Cicerón, Fulvia, Pablo, Juliano, los portavoces cristianos) que se erigieron como personalidades muy relevantes. Estos son buena muestra de la capacidad del individuo para saber manejar el poder que llegaron a atesorar en sus manos (y en su oratoria). Asimismo, se estudian voces individuales griegas (Arquíloco, Safo, Alceo, Teognis y Píndaro) que se alzaron dentro de sus respectivas comunidades, sumidas estas en una profunda crisis dentro del mundo arcaico de la polis.

“Guerra y violencia” (pp. 407-481) es el título del quinto bloque de la obra. Se centra en los conflictos bélicos antiguos surgidos tanto dentro de las fronteras como en territorios extranjeros. Se analizan, a su vez, cuáles fueron los motivos territoriales y económicos que llevaron a la explosión y estallido de determinadas acciones violentas en distintas regiones. El examen puntual de las grandes batallas de Salamina, Gaugamela, Accio y Adrianópolis establece un punto clave para conocer de primera mano la incidencia histórica que tuvieron dichos enfrentamientos y cuáles fueron las consecuentes transformaciones derivadas de su desenlace. Por otra parte, el autor indaga en los motivos y consecuencias de otros grandes conflictos como, en primer lugar, la Guerra del Peloponeso y, posteriormente, las dos Guerras Púnicas que libró Roma contra Cartago, así como la actuación de distintas personalidades romanas (Graco y Mario-Sila) y el proceso de militarización de la política que sufrió Roma a lo largo de su historia. Estas crisis internas constituyen el elemento central del último de los apartados de este bloque, pues en él se examinan las grandes ciudades tardoantiguas (Antioquía, Roma, Alejandría, Tesalónica y Constantinopla) como polvorines sociales.

El sexto bloque lleva por título “Estilos y formas de gobierno” (pp. 483-580). En este capítulo sí se distinguen dos partes bien diferenciadas. En la primera se muestran los esbozos constitucionales del mundo griego y en el segundo se estudian los sistemas de gobierno romanos durante la República y el Principado, dos estructuras de poder que resultan vitales para comprender la posterior evolución política del mundo occidental. Como punto de partida se examinan las medidas implantadas por Solón y se comparan con otras estructuras políticas, tales como el califato u otros aspectos de la sociedad civil. Asimismo, se estudian los sistemas de gobierno en el mundo heleno haciendo hincapié en el origen y el posterior desarrollo de la monarquía, la autocracia y la tiranía, contrapuntos de los sistemas participativos. Este análisis servirá como piedra de toque para la comparación con las prácticas gubernamentales de la República romana, lo que conduce a Barceló a tratar los notables cambios que supuso la instauración del Principado por parte de Augusto, así como las posteriores consecuencias en la era de Diocleciano y Constantino. Es de notar que presta especial atención al desarrollo y a la erosión del poder imperial en Occidente y a cómo se han mantenido sus ininterrumpidas líneas hasta nuestros días.

Volviendo a la religión, el siguiente bloque analiza la irrupción del cristianismo y las consecuencias e interrogantes relacionados con su impacto (“El monoteísmo como problema político”, pp. 581-651). En primer lugar, se explica cómo fue la llegada del cristianismo y su paso de religión perseguida a religión oficial. Otro de los puntos clave que merece la atención del autor es la heterogeneidad del culto cristiano: en origen, son muchas las ramas de pensamiento y creencias cristianas que posteriormente fueron consideradas heréticas por parte de la ortodoxia. Es también motivo de estudio la adaptación de los principios de la doctrina cristiana a las exigencias del entorno pagano. Esta heterogeneidad en el culto cristiano llevó, como es sabido, a disputas eclesiásticas entre determinados grupos cristianos, así como entre poderosos y ambiciosos obispos que hicieron prevalecer, debido a sus ansias de prestigio y poder, sus posturas teológicas. Como cierre al capítulo séptimo se estudia la importancia y la función social de los lugares de culto cristianos, que se constituyeron como nuevos espacios de poder.

El último bloque, “Iconografía del poder” (pp. 653-744), pretende catalogar las múltiples facetas de la representación del poder a lo largo de la Antigüedad. Imágenes, dibujos, cuadros retratos o estatuas son los objetos de estudio de este último capítulo, donde ahora sí se realiza un recorrido diacrónico desde la era minoica y el período micénico hasta los retratos de Cristo y de Constancio II en la Roma imperial tardía. En el mundo griego se encuentran los primeros ejemplos de configuración plástica del poder y del dominio y, posteriormente, los romanos se sirvieron de estas imágenes, que constituyen las bases de las formas de representación, para crear sus propios prototipos. El autor confiesa que su objetivo aquí es “conseguir mostrar mediante los ejemplos consignados cuáles fueron los elementos técnicos e ideológicos, así como las líneas maestras que posibilitaron visualizar el poder y el dominio en las distintas sociedades antiguas en las más dispares épocas” (p. 654).

Se cierra este extraordinario volumen con las referencias bibliográficas utilizadas (pp. 745-769) y las notas que han aparecido en sus distintos bloques, recogidas todas ellas al final del libro (pp. 771-811), lo cual no invita a su consulta durante la lectura sino que parecen destinadas a un segundo plano de lectura, más pensado para especialistas. Necesitamos obras importantes no solo limitadas técnicamente a especialistas.

Estamos, en definitiva, ante una maravillosa obra, agradable de leer, escrita con gusto pero también mediante examen exhaustivo de los distintos asuntos tratados. La variedad temática (desde los orígenes de las civilizaciones griega y romana hasta las representaciones artísticas de los grandes protagonistas clásicos) da lugar a una elaboración importante capaz de ofrecer un conocimiento global del mundo antiguo.


CITA BIBLIOGRÁFICA: I. López Martín, «Pedro Barceló, El mundo antiguo», Revista Recensión, vol. 8 (julio-diciembre 2022) [Enlace: https://revistarecension.com/2022/09/07/pedro-barcelo-el-mundo-antiguo/ ]