LOS LIBROS OLVIDADOS: LAS «EDICIONES DEL TRADUCTOR»

Vol. 7 / enero 2022 (Núm. monográfico 120 años de la Estética de Croce) – ÍNDICE
COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO. Autor: Carlos Sánchez Lozano

.

El Dr. Ignacio Ruiz Martínez, médico cardiólogo que durante algunos años viajó por países hispanoamericanos como resultado de su trabajo para una compañía farmacéutica[1] y que reunió una colección de medio millar de obras de materia de viajes, ha creado a partir de esa colección particular las autodenominadas “Ediciones del Traductor”. Al formar esa colección, descubrió que había muchos libros, sobre todo del periodo posterior a las independencias, escritos en otros idiomas y que nunca habían sido traducidos ni publicados en español. Para paliar en parte esta carencia, creó las “Ediciones del Traductor”, editorial virtual que agrupa los libros que va traduciendo y publicando, tanto en forma de libro en papel como digital, en una conocida plataforma multinacional de autoedición. Su objetivo es contribuir a un mejor conocimiento, por parte de los lectores hispanohablantes, de los testimonios de viajeros extranjeros por el antiguo gran imperio español.

Dr. Ruíz

El doctor Ruiz delante de la roca sagrada Yurak Rumi, Huancacalle, Perú, descubierta por Hiram Bingham.

.

INTRODUCCIÓN

Una característica importante y lógica de la política de la Corona española durante buena parte de los más de tres siglos de existencia de su Imperio fue restringir el acceso a sus territorios de súbditos extranjeros. Por ello, encontrar testimonios de viajeros no españoles anteriores al siglo XIX es difícil. A lo largo del siglo XVIII, a excepción de los clérigos pertenecientes a órdenes monásticas autorizadas para pasar a Indias y a los científicos incluidos en misiones patrocinadas por la Corona, existen pocos testimonios de viajeros independientes.

Cabe señalar, como excepciones relativas, a los franceses Feuillée, Frezier y Bouganville, ya que sus viajes fueron principalmente marítimos y, desde luego, a Alejander Von Humboldt, el viajero científico más celebrado y controvertido de los siglos XVIII y XIX, que viajó sin trabas por tres virreinatos españoles (Nueva Granada, Perú y Nueva España), dejando para la posteridad un importante testimonio de conocimientos científicos en los diversos órdenes de las Ciencias Naturales, si bien es verdad que fruto de permanente plagio encubierto de sus fuentes. El hecho es que esta excepción a las normas de la Corona trajo posteriormente muchos y gravísimos males a México, pues el citado Humboldt, desleal, entregó al presidente de Estados Unidos, Jefferson, mapas detallados del virreinato de Nueva España que a la postre hubieron de servir para la invasión de México en 1846[2].

Esta situación cambió en el siglo XIX cuando, al comenzar las guerras de independencia, empezaron a aparecer por la América española numerosos viajeros que, con fines en muchos casos comerciales o militares, a veces inconfesables, dejaron testimonio más o menos fiable de lo que vieron. Al terminar las guerras y asentarse las nuevas repúblicas, el flujo de viajeros se incrementó, y con ello el número de relatos de viaje, en muchos casos de excelente factura y rigor, que sin duda aportan mucha luz sobre el estado de aquellos países en los años posteriores a su independencia.

Aventureros, naturalistas, alpinistas, médicos, ingenieros…, fueron muchos los hombres (y alguna heroica mujer) que se adentraron en las soledades del nuevo continente y arriesgaron sus vidas para conocer algo mejor sus características. En muchos casos, también, para buscar recursos naturales en los que invertir. No hay que olvidar que estos hombres, en su mayoría, no eran escritores que viajaban sino viajeros que escribían y, en consecuencia, la calidad de sus relatos y descripciones varía en función de la condición cultural de cada uno de ellos. Pero todos, o casi todos, aportaron algo de conocimiento acerca del continente sudamericano.

Sorprendentemente, muchos de esos relatos nunca se han traducido al español. Quizá por la crudeza con la que se describe el estado real de los países, quizás por falta de divulgación sobre la materia, pero el hecho es que no pocos de esos relatos han permanecido inéditos en español.

.

HIRAM BINGHAM: LOS LIBROS NUNCA TRADUCIDOS DEL DESCUBRIDOR DE MACHU PICCHU

Un buen ejemplo de esta carencia son los libros publicados por el profesor de la Universidad de Yale, Hiram Bingham, famoso en todo el mundo por ser el descubridor científico de la ciudadela de Machu Picchu. El único libro de Bingham que había sido traducido era La ciudad perdida de los Incas, publicado en inglés en 1948 (Lost city of the Incas), y traducido y publicado ese mismo año (en Chile, no en Perú), por la Editorial Zigzag. Pero Bingham escribió muchos más libros y artículos. Cuando sintió la llamada de Sudamérica, su primer viaje fue emular el cruce de los Andes que realizó el Ejército de Bolívar en 1819, pasando de la actual Venezuela a Colombia en una marcha penosa, que algunos han comparado con la del Ejército de Aníbal por los Alpes. Bingham, acompañado de un joven médico y acaudalado aventurero americano llamado Hamilton Rice, siguió la ruta de Bolívar en 1906-07, en lo que constituyó su primera gran toma de contacto con la realidad sudamericana. De aquel viaje (que, por cierto, no le gustó nada), surgió el relato Diario de una Expedición a través de Venezuela y Colombia en 1906-07. Explorando la ruta de la famosa marcha de Bolívar de 1819 y los campos de batalla de Boyacá y Carabobo, publicado en 1909, y nunca traducido al español hasta ahora.

1

Tras esta primera aventura, Bingham decidió cambiar de aires, y en su segundo viaje a Sudamérica, en 1908, visitaría otros países. Aprovechando la celebración del Primer Congreso Científico Panamericano en Santiago de Chile, Bingham consigue que le nombren delegado de Estados Unidos, pero aprovecha el viaje para una nueva aventura. En lugar de dirigirse a Santiago directamente por la costa oeste americana, decide navegar por la costa oriental, lo que le permite visitar varias ciudades brasileñas, hasta llegar a Buenos Aires. Allí comienza su ambicioso viaje por el interior del continente, siguiendo, aproximadamente, el Camino Real que comunicaba Buenos Aires y Lima en tiempo de los virreinatos. Así, recorrió la parte norte de Argentina hasta Bolivia, visita Sucre, Potosí y Oruro, tomando un barco desde Antofagasta a Valparaíso para asistir al Congreso, su teórico objetivo. Al finalizar éste, vuelve en barco a Perú y comienza un duro camino, a lomos de mula en su mayor parte, que le llevaría a Cuzco, a las recientemente descubiertas ruinas de Choquequirao, y finalmente a Lima. En este viaje, Bingham se enamoró del Perú. Comprendió las enormes posibilidades de descubrir tesoros arqueológicos, y, como buen académico, se documentó sobre la Conquista y se sintió intrigado por la historia de los cuatro últimos incas, rebeldes a la corona española y exiliados en las soledades de los Andes, en una misteriosa y desconocida ciudad llamada Vitcos. Todo este viaje se relata en A través de Sudamérica, publicado en 1911, y que tampoco se había traducido al español.

2 - A través de sudamérica

De vuelta a Estados Unidos, Bingham comienza a planear su nueva aventura sudamericana, esta vez con financiación de la Universidad de Yale y que tenía como objetivo “intentar conseguir las pruebas geográficas que encajaran con las descripciones de las crónicas y encontrar después la ubicación de la durante tanto tiempo perdida capital inca”, es decir, Vitcos. Así, en 1911 acompañado de varios científicos de diferentes especialidades, se dirige de nuevo al Perú. Visitó numerosos restos arqueológicos, algunos desconocidos hasta ese momento, entre ellos el Templo de Viracocha de Raqchi, la ciudadela de Piquillacta, el Acueducto de Rumiccolca, la Fuente de Tipón, los monolitos de Ollantaytambo, etc. Bingham es conocido por Machu Picchu, pero esta labor inicial de descubrimientos o puesta en valor de restos arqueológicos también le deberían haber hecho acreedor de reconocimiento mundial.

Bingham consigue encontrar al lugar donde cree que se ubicó Vitcos, en Rosaspata, cerca del actual pueblo de Huancavalle, provincia de La Concepción. Descubre la maravillosa roca sagrada de Yurak Rumi, y entre tanto, por casualidad, también descubre Machu Picchu, lo que a la postre le haría famoso. Este apasionante libro, La Tierra de los Incas, se publicó en 1922, es decir, diez años más tarde de la Expedición, y por ello incluye algunos aspectos tratados en su siguiente viaje, realizado en 1914. Tampoco se había traducido nunca al español.

3 - La tierra de los Incas

Obviamente, entre 1911 y 1922, Bingham había ido dando a conocer sus hallazgos, publicando artículos tanto científicos, en revistas especializadas, como divulgativos, en revistas generalistas. Me pareció que estos artículos eran muy interesantes, en ocasiones con fotografías y datos adicionales a lo relatado en el libro, y decidí traducirlos también, lo que se plasmó en dos pequeños volúmenes: Artículos publicados entre 1908-1911 y entre 1912-1914.

Bingham publicó un nuevo libro en 1930, Machu Picchu, a citadel of the Incas, pero este libro está protegido aún por copyright, por lo que no he podido traducirlo.

4 - Artículos publicados en revistas

.

LOS VIAJES DE FRANCISCO COREAL: EL LIBRO “FAKE” QUE SIRVIÓ PARA DIFUNDIR LA LEYENDA NEGRA ANTIESPAÑOLA

En 1722 aparecieron en Ámsterdam y en París, casi simultáneamente, sendas ediciones de la Relación de los viajes de Francisco Coreal a las Indias Occidentales, conteniendo lo más llamativo de sus observaciones durante su estancia desde 1666 hasta 1697 (traducido del español). En teoría, era el relato de los viajes de un marinero español, natural de Cartagena, durante su estancia de treinta años en el continente americano. Nunca se halló el original español. El libro se hizo tan popular, que se reeditó en Bruselas en 1736. Consta de tres partes: un primer viaje a las islas del Caribe, Florida y la Nueva España; una segunda en la que se describe el Brasil, y la tercera dedicada al Perú. Todas las descripciones geográficas están copiadas de otros autores, como demuestra en la Introducción de la obra Ignacio Ruiz.

5

Por increíble que pueda parecer, el libro, malintencionadamente o no, fue considerado auténtico por muchos autores de recopilaciones bibliográficas e incluso por relevantes investigadores modernos, como el colombiano Gabriel Jaramillo Giraldo. La lectura hace evidente que se trata de un panfleto propagandístico guiado por la hispanofobia. El historiador argentino Rómulo D. Carbia, en su Historia de la leyenda negra hispanoamericana, considera este libro uno de los tres que más contribuyeron a difundir en Europa la leyenda negra, pero no se define acerca de su autenticidad, aunque la pone en duda.

6 - Los viajes de Francisco Coreal

Se trata, pues de un libro influyente, y un lamentable fake, como se diría actualmente, hasta ahora nunca traducido al español y, posiblemente por ello, no bien valorado por los historiadores españoles.

.

UN AVENTURERO INGLÉS, UN BOTÁNICO, UN ALPINISTA, UN MÉDICO, UN INGENIERO… RELATOS VARIOS DE VIAJE POR LA AMÉRICA ESPAÑOLA DE LOS SIGLOS XIX Y XX

Es muy larga la lista de relatos de viaje por la antigua América española nunca traducidos al español. De entre ellos Ignacio Ruiz dice elegir aquellos que le han parecido más interesantes y son de dominio público. Hasta ahora ha publicado los siguientes:

.

Aventuras en Bolivia: Prodgers

7 - Aventuras en Bolivia Prodfers

Cecil Herbert Prodgers fue un viajero inglés dedicado al entrenamiento de caballos de carreras en Chile. Se le ofreció un viaje a la remota región de Challana, en Bolivia, donde vivían indígenas que rechazaban la autoridad del Estado boliviano. La idea era convencerlos de que comerciaran con el caucho de sus bosques sirviéndose de la compañía inglesa que a él le contrató. El libro, muy entretenido, relata las aventuras del autor en esta misión y otras posteriores a la caza de tesoros ocultos. Describe la conducta de los indígenas para con los blancos, y las leyes de la minería existentes en Bolivia a principios del siglo XX. Además, tiene un precioso prólogo del escritor escocés R. Cunninghame Graham.

.

Notas de un naturalista en Sudamérica: John Ball

8 - Notas de un naturalista en sudamérica

John Ball era un naturalista inglés, específicamente botánico. Dedicado durante muchos años a la política, cuando se jubila decide regresar a sus aficiones científicas. Fundó el Club Alpino, del que fue primer presidente. Tuvo gran éxito su libro The Alpine Guide, publicado en varios tomos a partir de 1874 y reeditado varias veces. Viajó a Marruecos en 1871 y a América del Sur en 1882. De ambos viajes dejó relatos escritos. Falleció en Londres en 1889, a los 71 años. Cuando tenía 64, decidió viajar a Sudamérica. Su viaje fue corto, para los tiempos y las distancias de la época. Durante cinco intensos meses llegó a Colón, viajó por tren hasta Panamá, embarcó hacia Ecuador y Perú, visitó Guayaquil y Lima, subió hasta Chicla, estación término del ferrocarril que posteriormente llegaría a La Oroya, continuó hasta Valparaíso, visitó Santiago de Chile y las montañas inmediatas, siguió hacia el sur, atravesó el estrecho de Magallanes, pasó unos días en la remota colonia de Punta Arenas, después Montevideo, remontó el río Uruguay hasta Paisandú, visitó fugazmente Buenos Aires, y finalmente, en Brasil, Santos, Sao Paulo, Río de Janeiro, Petrópolis, Tijuca y vuelta a casa pasando por Lisboa. Nada mal para un hombre de su edad, que desde luego debía tener una fortaleza y un coraje poco comunes. Cabe pensar ¿qué hacía un hombre mayor en plena guerra chileno-peruana, con las tropas chilenas ocupando gran parte del Perú? La sospecha de que llevara algún mensaje del Gobierno británico es alta, pero no deja de ser mera sospecha. Es libro sumamente interesante, ya que el autor mezcla sus tres identidades, de político, alpinista y botánico para describir con precisión las tierras y los hombres que encuentra.

.

Los Andes de Bolivia (Escalando y explorando la Cordillera Real de Bolivia): Sir Martin Conway

9 - Los Andes de Bolivia

Sir Martin Conway fue un polifacético caballero inglés, político, profesor y crítico de arte, pero en la actividad que más destacó fue la de alpinista. En 1892, durante una expedición de exploración y montañismo emprendida bajo los auspicios de la Royal Society, la Royal Geographical Society y la British Association, cartografió más de 5.000 km2 en la cadena de Karakorum, en el Himalaya. Por esta hazaña fue nombrado caballero por la reina Victoria. En 1898, Conway cruzó el Atlántico para dirigirse a Bolivia. Su objetivo declarado (seguramente habría otros objetivos comerciales, pero esos no los declaró) era escalar dos de las cumbres más elevadas del país y del continente sudamericano: el Illimani y el Monte Sorata, llamado actualmente Ancohuma. Consiguió escalar el primero, no logró por poco el segundo, por las inclemencias meteorológicas. No satisfecho, continuó viaje a Chile para escalar el Aconcagua: tampoco lo consiguió por muy poco. Finalmente, exploró la Tierra del Fuego e intentó el ascenso al Monte Sarmiento, también sin éxito. De este viaje saldrían dos libros: The Bolivian Andes, a record of climbing and exploration in the Cordillera Real in the years 1898 and 1900, (1901), y Aconcagua and Tierra Del Fuego: A Book of Climbing, Travel and Exploration, (1902).

.

Viaje al Norte de Bolivia: Hugh Algernoon Weddell

El científico Weddell (1819-1877) nació en Gloucestershire, Inglaterra, pero debe ser considerado eminentemente francés, pues fue en Francia donde estudió medicina (aunque más tarde prefirió la botánica) y donde transcurrió gran parte de su vida. En 1842 terminó los estudios de Medicina y su maestro, Adrien de Jussieu, a la sazón director del Museo de Historia Natural de París, le propuso participar como naturalista en la expedición que realizaría Francis de Castelnau por Sudamérica entre 1843 y 1847. La expedición recorrió la cuenca amazónica durante cinco años y, a su regreso, Weddell se encargó de la publicación de las conclusiones, dado que Castelnau había sido nombrado cónsul en Río de Janeiro. En su ausencia, Weddell fue reuniendo las notas de la expedición, que verían la luz entre 1851 y 1859, en siete partes, bajo el nombre de Expédition dans les parties centrales de l’Amérique du Sud. La primera parte, “Historia del viaje”, constaba de seis tomos, el último de los cuales era el “Viaje al sur de Bolivia”, realizado por Weddell en solitario, recorriendo la parte amazónica de ese extenso país sudamericano, interesado, sobre todo, en averiguar hasta dónde llegaban por el sur los árboles de la quina. Este libro ha sido recientemente traducido al español por Isabelle Combès, y publicado en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia (El País, 2018).

10

Por sus conocimientos de la región, Weddell fue encargado de dirigir una nueva expedición a Bolivia en 1853, esta vez para evaluar las posibilidades de explotación de los ríos auríferos de los valles orientales de Bolivia. A lo largo de diez agotadores meses, Weddell recorre Bolivia, primero el altiplano hasta La Paz, donde permanece varios meses, y luego se dirige a Los Yungas. El libro, además del propio viaje, con sus múltiples incidencias en tiempos en que todo se hacía a lomos de mulas y caballos por unos pésimos caminos de herradura plagados de malpasos o trechos de especial dificultad, ofrece múltiples aspectos fascinantes de la vida boliviana a mediados del siglo XIX. Destacaremos los siguientes:

– Historia: Es muy interesante el capítulo que relata la rebelión de Tupac Amaru en 1780, los motivos aparentes, las masacres cometidas por los rebeldes y la represión por parte de las tropas virreinales.

– Botánica: A lo largo del libro el autor menciona las plantas más importantes que encuentra, pero se detiene especialmente en dos de ellas: la quina, en la que era un auténtico experto, y la coca. Respecto a la quina, describe la obtención de la cascarilla, los peligros de la extracción incontrolada, y predice el agotamiento de los árboles del género cinchona si se continúa con la política destructiva. Además, relata las leyes que regulaban su explotación, y los ingresos económicos que reportaba. De la segunda, la coca, hace no solo un completo análisis de su cultivo, sino también de su uso como masticatorio, especulando inteligentemente sobre sus posibles componentes y los efectos sobre el sistema nervioso. Intuye la existencia de la cocaína: Pero en la coca existe un principio activo particular, soluble en alcohol, insoluble en el éter y muy amargo, pero no hemos sido capaces, hasta el momento, de conseguir que cristalizaraUna infusión de coca produce un efecto completamente diferente al de la hoja consumida de la forma ordinaria.

Además, Weddell incluye un completo inventario de las hortalizas y frutas comestibles disponibles en el mercado de La Paz y añade algunas recetas típicas bolivianas. También se extiende sobre la Carludovica palmata o jipijapa, explicando con detalle cómo se utiliza para confeccionar los mal llamados sombreros de Panamá o jipijapas.

– Etnología: Weddell describe la vida y costumbres del pueblo indígena leco, de físico, carácter (alegres y amables, con una sonrisa natural y franca), costumbres e idioma tan distinto al de los aymaras, predominantes en Bolivia. (No conozco otros indios que sean más difíciles de tratar que los aymaras, incluso cuando se puede conversar con ellos en su propio idioma). Son escasas las referencias que se tienen sobre este pueblo. Ni Alcide d’Orbigny lo incluye entre las naciones indígenas americanas. Sí lo hace con otros dos pueblos que menciona Weddell, los tacanas y los mosetenes, pero reconoce que fue incapaz de hacerse con un vocabulario de sus idiomas, lo que sí consigue, obviamente con limitaciones, Weddell. El autor, siguiendo ciertas costumbres, se atreve a buscar raíces lingüísticas en el vocabulario más conocidos de Perú y Bolivia (quechua y aymara, además del leco, el tacana y el mosetén: las listas de palabras de estos cinco vocabularios probablemente sean las más completas aportadas por un libro de autor extranjero y no profesional).

Es un tanto sorprendente que en ninguna página web difundida con información sobre el pueblo leco se mencione el libro de Weddell como fuente bibliográfica. Quizá se deba a la carencia de una traducción al español.

– Geología: las descripciones aportadas por Weddell de la manera tradicional de trabajar los lavaderos de oro del río Tipuani y de Chuquiaguillo, son probablemente las más completas que se han realizado. Acompañándose de gráficos, Weddell explica los arcaicos instrumentos que aún se utilizaban a mediados del XIX, así como los procedimientos empleados, al tiempo que reflexiona sobre el gran incremento de los beneficios que supondría la incorporación de herramientas y técnicas modernas.

– Economía: Weddell hace un completo inventario de los ingresos de la república de Bolivia en 1850, desglosados por partidas. Particularmente interesante es el relato de la acuñación de monedas de baja ley en la Casa de la Moneda de Potosí, origen de un conflicto con los países vecinos y cuyos daños se sintieron en la región durante largo tiempo.

El libro de Weddell es en conjunto un magnífico relato de cómo era la vida en la Bolivia de mediados del siglo XIX, descrita con neutralidad y conocimientos científicos sobresalientes.

.

Seis años en Bolivia. Las aventuras de un ingeniero de minas: Anselm Verener Lee Guise

11

En 1922 se publicó en Londres Six Years in Bolivia. The Adventures of a Mining Engineer, libro firmado por Lee Guise. Nada sabemos del autor excepto lo poco que él ahí nos cuenta. Ni siquiera especifica las fechas de su estancia en Bolivia, aunque por los detalles del relato puede deducirse que llegaría a Bolivia en torno a 1908. Si estuvo seis años, significa que abandonaría el país en 1914, a comienzos de la Primera Guerra Mundial.

El libro se divide en dos partes: en la primera Guise trabaja en la modernización de una mina de estaño recientemente adquirida por su Compañía. Aunque no lo dice explícitamente, se supone que, terminado el trabajo, fue destinado a otra misión, en plena selva, lejos del altiplano boliviano. Y sus experiencias allí suponen la segunda parte del libro. Primero tuvo que arreglar un puente caído, luego una carretera, y finalmente conseguir montar un barco dragador en el río Kaka, en plena selva, aún hoy en el fin del mundo. El dragador, fabricado en Escocia y transportado pieza a pieza mediante mulas, primero a través de los Andes y luego sobre balsas por los ríos del oriente boliviano, debía ser rearmado en el mismo lugar donde había de trabajar extrayendo arenas auríferas del fondo del río.

El relato de Guise es entretenido. El autor no es experto en ninguna de las ciencias naturales y no presume de erudición, ni en botánica, ni en entomología, menos aún en etnografía o lingüística. Aunque se supone que por profesión debía conocer las rocas, no hace descripción de los paisajes andinos, a diferencia de muchos viajeros de la época. Se limita a contar algunas de sus experiencias, haciendo hincapié en las anécdotas más curiosas y divertidas que le ocurrieron o que le contaron. Cuando habla de insectos (el tormento de los viajeros) o de animales salvajes, utiliza los apelativos locales para nombrarlos, nunca nombres científicos. Admira la belleza y sufre las incomodidades de los habitantes de la selva. Sus palabras rebosan buen humor, nunca reflejan amargura o disgusto por las enormes dificultades padecidas para sacar adelante su trabajo, con resultados finales discretos.

Lee Guise pasó cuatro años en la selva, y cuando, finalizado su trabajo y acuciado por la malaria, se vio obligado a dejarla, lo hace con tristeza. ¿Qué sería de su vida en Europa? Es muy probable que sobreviviera a la Primera Guerra Mundial, dado que su libro se publicó en 1922. ¿Volvería a Bolivia?


NOTAS:

[1] La compañía franco-norteamericana Rhone Poulenc Rorer.

[2] Para una relación documenta del asunto, Sandra Rebock, Humboldt and Jefferson, Chralottesville-Londres, University of Virginia Press, 2014. En cualquier caso, queda de manifiesto en conclusión la evidente hipocresía de ambos personajes. Una perspectiva actual de la labor de Humboldt puede verse en esta misma revista Recensión, monográfico “Hermanos Humboldt”, ed. de Mª Rosario Martí Marco, Vol. 2 / julio-diciembre 2019.


CITA BIBLIOGRÁFICA: C. Sánchez Lozano, «Los libros olvidados», en D. Mombelli (ed.), 120 años de la Estética de Croce, Madrid, Recensión, vol. 7 (enero), 2022 [Enlace: https://revistarecension.com/2022/02/06/los-libros-olvidados-las-ediciones-del-traductor/ ]