ESTÉTICA Y ECONOMÍA EN CROCE

Vol. 7 / enero 2022 (Núm. monográfico 120 años de la Estética de Croce)
ARTÍCULO / ENSAYO. Autor: Paolo D’Angelo*

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Retrato Croce

¿Qué pueden tener en común la Estética y la Economía? ¿La ciencia que estudia «el lado más bello de la historia del mundo» (Hegel dixit) y la dismal science? ¿La que se ocupa de la más desinteresada de las actividades humanas y la que tiene que ver con las necesidades? ¿La que se ocupa de la dura necesidad y la que se dedica a lo superfluo? Nada o muy poco, se podría pensar. Más bien parecen estar vinculadas, como se ha dicho, por «una hostilidad estructural y recíproca», que las constituye «una como la negación de la otra», la primera dedicada a lo inútil, la segunda a su contrario[1].

Benedetto Croce no pensaba así. De hecho, relacionó estas dos ciencias en un ensayo antes famoso, ahora poco conocido, destacando sus similitudes y descubriendo un «fondo» común en ellas. El trabajo croceano fue compuesto en 1931; apareció en volumen, por primera vez, en los Ultimi Saggi de 1935, y fue reimpreso posteriormente como apéndice a la edición laterziana del Breviario de Estética en la Serie Económica, y se titula Le due scienze mondane. L’Estetica e L’Economica[2].

Il problema Croce

Pero, ¿qué une, según Croce, disciplinas tan alejadas a primera vista? En primer lugar, son, a ojos de Croce, dos ciencias eminentemente modernas. La Antigüedad y la Edad Media no las conocían, o simplemente conocían indicios. Como verdaderas ciencias, surgieron en el siglo XVIII, que no sólo es el siglo del nacimiento y desarrollo de la estética, a partir de Baumgarten (aunque Croce, a este respecto, hubiera preferido citar a Vico), sino también el siglo en el que la economía política se elevó a la dignidad científica, y en el que apareció la primera obra maestra sistemática de la teoría económica, La riqueza de las naciones de Adam Smith. Antes, por supuesto, no es que no existiera la vida económica, política y artística, ni que faltara la reflexión sobre los fenómenos que la caracterizan; Croce era muy consciente de que la Antigüedad había proporcionado importantes tratados de poética, y algunos indicios de teoría económica y política; era muy consciente, además, de que la estética no surgió en el siglo XVIII ex abrupto, sino que se construyó sobre la vasta cosecha de tratados sobre poesía y artes figurativas compuestos desde el siglo XVI, del mismo modo que la economía y, sobre todo, la política (veremos que ambas actividades se incluyen en Croce bajo la categoría más general de lo económico) habían comenzado a ganar atención autónoma más o menos en el mismo período. El hecho es que la constitución de las dos disciplinas, y sobre todo el reconocimiento filosófico de su dignidad autónoma, es para Croce una adquisición imperecedera del Siglo de las Luces.

Filosofia della pratica, cubierta

Estética y economía están así unidas, en primer lugar, por un dato negativo, una ausencia: la ausencia de una ciencia económica y de una ciencia estética en el mundo antiguo y medieval, épocas, escribe Croce en el ensayo Inizio, periodi e caratteri della storia dell’estetica, caracterizadas por «un desinterés respecto de aquellas formas del espíritu que se adherían más fuertemente al mundo, a lo sensible, a lo pasional: es decir, en el ámbito práctico, hacia la teoría de la vida política y económica, y, en el ámbito teórico, precisamente hacia la teoría del conocimiento sensible o estético»[3].

Por supuesto, Croce sabía bien que nihil sequitur ex mere negativis, que de dos determinaciones negativas no puede seguirse ninguna afirmación, y de hecho el ensayo de 1931 no pretende hallar un carácter común de la estética y la economía a partir de su ausencia sustancial antes del siglo XVIII. Más bien (correctamente desde un punto de vista lógico) ve la modernidad de las dos ciencias como consecuencia de un carácter positivo compartido por ambas.

Este carácter es el que se subraya y se anuncia desde el título: la estética y la economía son dos ciencias mundanas. Y «mundano» se usa aquí en el sentido en que antes se hablaba de «sabiduría mundana» en oposición al conocimiento teológico: significa antitrascendente, antiascético, profano. La estética y la economía son dos ciencias que apuntan, de manera diferente pero en cierto sentido complementaria, a la legitimación del sentido, la sensibilidad, el deseo y el placer.

Dejemos que Croce explique lo que quiere decir cuando afirma que ambas son ciencias del sentido: «¿Qué hacen, en definitiva, estas dos ciencias? Para decirlo brevemente, pretenden justificar teóricamente, es decir, definir y sistematizar, dándole la dignidad de una forma positiva y creativa del espíritu, lo que se llama ‘sentido’, y que, objeto de desconfianza o incluso de negación y exorcismo en la Edad Media, la época moderna, en su obra actual, estaba reivindicando. Y como ‘sentido’ tenía dos significados conjuntos pero distintos, designando, por un lado, lo que en el conocimiento no es lógico y racional, sino sensible e intuitivo, y, por otro, lo que en la práctica no es en sí mismo moral y dictado por el deber, sino simplemente deseado porque se ama, desea o es útil o placentero. La justificación doctrinal se basaba, por un lado, en la lógica de los sentidos o lógica poética, la ciencia del conocimiento intuitivo puro o estética, y, por otro lado, en la lógica hedonista, la lógica de la utilidad, la economía en su comprensión más amplia: que no era ni más ni menos que la ‘redención de la carne’ teórica y filosófica, como suele llamarse, es decir, de la vida como vida, del amor terrenal en todas sus formas»[4].

Al menos en lo que respecta a la estética, la determinación de «ciencia del sentido» parece ampliamente justificada, aunque sólo sea por el nombre de la disciplina, que nació precisamente como scientia cognitionis sensitivae. Es cierto, sin embargo, que esta acepción de la estética, que ahora vuelve a estar muy en boga, puede resultar algo sorprendente para Croce, que suele ser interpretado como un defensor de una estética identificada con la filosofía del arte. Aquí, en cambio, Croce parece adherirse plenamente a una idea baumgarteniana de la estética como ciencia de la sensibilidad, idea que, si bien estaba presente en la primera formulación de la estética de Croce (la de las Tesis sobre estética de 1900 y luego la de la gran Estética de 1902), se había atenuado en los desarrollos posteriores, más marcadamente idealistas, de su filosofía.

Aesthetica de Baumgarten, cubierta

Vico, cubierta

No en vano, en la segunda parte del trabajo de 1931, titulada Espíritu y Naturaleza (mientras que la primera parte, recordémoslo, se titula Espíritu y Sentido) Croce hace algunas observaciones que, aunque van en la misma dirección que las afirmaciones que acabamos de relatar, están más en consonancia con la perspectiva filosófica del Croce maduro. Las dos ciencias del mundo, la estética y la economía, señala Croce aquí, ayudan a la filosofía en su conjunto a superar el actual dualismo entre la realidad material o natural y la realidad espiritual. Lo hacen porque muestran que lo que llamamos naturaleza es también una actividad espiritual: es la vida de la pasión, la vida de los impulsos y los estímulos, que se elabora, por un lado, en la forma expresiva, artística, y, por otro, proporciona la base sobre la que se ejerce la vida moral. «Las dos ciencias filosóficas, que hemos llamado primariamente modernas y que se refieren una a la praxis en su vida dinámica y pasional, y la otra a las figuraciones de la imaginación, proporcionan los datos necesarios para la solución del problema, revelándonos el objeto nada más que de esa vida pasional, de esos estímulos, de esos impulsos, de ese placer y de ese dolor, de esa variada y múltiple emoción, que es lo que se convierte en materia de la intuición y de la imaginación y, a través de ella, de la reflexión y del pensamiento. La verdad, como resultado de esta concepción, no se definirá, por tanto, como en la escolástica, como adaequatio rei et intellectus, ya que la res como res no existe, sino más bien (tomando, por supuesto, el concepto de adecuación metafóricamente), como adaequatio praxeos et intellectus[5].

Es un pasaje lleno de tensiones: por un lado, sigue siendo la famosa concepción de la naturaleza como una construcción práctico-económica, operada por la esquematización de la infinita diversidad de la realidad a través de conceptos o pseudoconceptos empíricos; por otro, ya estamos cerca de algo que tendrá mucho peso en el último Croce, a saber, la concepción de lo «vital» como el fondo del que se origina toda vida espiritual. Volveremos a hablar de ello al final de este ensayo.

Pero antes hay que añadir dos aclaraciones. La primera es terminológica. Como habrán notado, el término adoptado por Croce no es el que hemos utilizado en el título, economía, sino el otro, más obsoleto, de «económica». Sin embargo, no se trata de una simple paleonimia, un ejemplo del lenguaje de Croce que, como dijo Contini, tiene el «delicioso polvo de un clásico». Estamos ante un hecho sustancial. La económica, para Croce, es una forma del espíritu, una de las cuatro grandes formas en que se articula su sistema (estética, lógica, económica y ética), y no es la economía de los economistas, que para él es una ciencia empírica. Esto significa que la económica de Croce no sólo incluye los hechos que estamos acostumbrados a llamar económicos, sino también la política y el derecho[6]. Precisamente en lo que se refiere a la política, Croce tenía buenas razones, en la primera parte de su obra sobre las ciencias mundanas, para mostrar que una consideración autónoma de lo «político», en cuanto distinto de la moral, surge sólo en la modernidad, y encuentra su primera afirmación decisiva en Maquiavelo.

La segunda observación no es sólo terminológica, sino que se refiere a la filosofía de Croce en mayor profundidad. Esta similitud entre la Estética y la Economía, esta analogía que es mucho más que una analogía, es una homología de función, no es en absoluto algo que Croce afirme sólo en el ensayo de 1931, y mucho menos un añadido tardío y secundario. Por el contrario, la correspondencia de lo estético y lo económico está ya en la primera gran obra filosófica de Croce, la Estética de 1902.

La primera Estética, en efecto, es sí un tratado de estética, pero al mismo tiempo, y a pesar de su pequeño tamaño, todo un sistema de filosofía, una Filosofía del Espíritu in nuce. Y el núcleo de esta Filosofía del Espíritu está dado por la distinción de dos grandes esferas de actividad, la esfera teórica, que produce conocimiento, y la esfera práctica, que produce acciones. Cada una de las dos esferas presenta entonces otra bipartición dentro de sí misma. La actividad teórica se compone del conocimiento intuitivo, individual, y del conocimiento lógico, conceptual; la actividad práctica, a su vez, se compone de la volición del fin individual (económica) y de la volición del fin universal (ética).

Estetica Croce, cubierta

Como podemos ver, hay una simetría perfecta entre las dos esferas. Croce insiste en ello, hasta el punto de titular el capítulo de la Estética en el que se introduce la distinción entre economía y ética Analogías entre lo teorético y lo práctico. El capítulo se abre con estas palabras: «El doble grado, estético y lógico, de la actividad teórica, tropieza con un grave escollo, hasta ahora puesto de relieve como debiera en la actividad práctica. También la actividad práctica se reparte en un primero y un segundo grado, implicando éste a aquél. El primer grado práctico es la actividad meramente útil o económica; el segundo, la actividad moral. La economía es como la estética de la vida práctica; la moral, como la lógica”[7]. Como vemos, no se trata de correspondencias puramente arquitectónicas, extrínsecas: Croce insiste en la profunda similitud funcional entre la estética y la económica, y subraya que lo que las une es el doble grado de implicación entre las actividades que se sitúan en el escalón más alto de cada esfera. La lógica y la ética no pueden existir sin la estética y la económica; esta última puede existir sin la contribución de las dos primeras. Esto significa que, al igual que, según Croce, la intuición puede existir sin el concepto, la actividad práctica puede existir sin la actividad ética, lo que significa entonces que la acción económica tiene su propia dignidad incluso sin estar incorporada a la actividad moral más elevada.

«Querer económicamente es querer un fin; querer moralmente es querer el fin racional; pero quien quiere y trabaja moralmente no puede sino querer y trabajar útilmente (económicamente). ¿Cómo podría querer el fin racional si no lo quisiera al mismo tiempo que su propio fin particular? Lo recíproco no es cierto; como tampoco lo es en la ciencia de la estética que el hecho expresivo deba ir necesariamente unido al hecho lógico. Es posible querer económicamente sin querer moralmente; y es posible conducirse con perfecta coherencia económica siguiendo un fin objetivamente irracional (inmoral)»[8].

Croce valoraba mucho su descubrimiento de lo útil o económico como forma trascendental del Espíritu. Le pareció, no del todo mal, que ésta era una de las novedades radicales de su filosofía. En las Tesis se podía leer un apasionado alegato a favor de lo útil: «¿Por qué el pobre Útil ha sido siempre objeto del desprecio de los filósofos, que han parecido un chivo expiatorio en contacto con él? ¿Por qué, ahora que empiezan a volver los ojos hacia ella, quieren rebajarla a la fuerza a una mera categoría psicológica, que no sabemos qué puede ser? Elevemos al Útil a la altura de lo Bello, y usemos con él la indulgencia que se ha usado con éste: ¡lo merece!»[9].

Sería fácil extender estas analogías a muchos puntos particulares. Por ejemplo, el teorema capital de la estética de Croce, la identidad de la intuición y la expresión, tiene una correspondencia precisa por el lado práctico en la identidad de la volición y la acción (pero no de la volición y el acontecer externo). Aquí me gustaría limitarme a dos observaciones. La primera es que el tipo de articulación sistemática entre las actividades espirituales conlleva una acentuación muy fuerte de la autonomía tanto de la actividad estética como de la económica. La segunda, y relacionada, es que esta autonomía, si bien seguirá siendo siempre una piedra angular y un punto fuerte de la estética de Croce, como autonomía del momento económico le creará varios problemas. Un primer indicio de ello es la frase que añadió al final del pasaje de Estética citado anteriormente. A partir de la tercera edición, después de «Se puede querer económicamente sin querer moralmente. Es posible conducirse con perfecta coherencia económica siguiendo un fin objetivamente irracional (inmoral)», Croce añadió la especificación, no exenta de dificultad, «o más bien que sea juzgado como tal en un grado superior de la conciencia»[10]. Y está claro por qué. Se trata nada menos que del problema de la autonomía de la política con respecto a la ética, y de las consecuencias de una autonomización total de la primera con respecto a la segunda. Croce se explayará sobre este punto, pero aquí es útil que pasemos a otro orden de consideraciones.

Breviario estética, cubierta

Para Croce, la revalorización del beneficio y el descubrimiento de lo económico no son un artificio ni el resultado de una combinación abstracta de formas espirituales. Por el contrario, son el resultado de un profundo conocimiento y de una prolongada confrontación con la ciencia económica de su tiempo. Ciertamente, Croce no era un economista, pero se dedicó intensamente a la economía en los años que van de 1895 a 1898, y más allá. El título que hemos dado a este pequeño ensayo, Estética y Economía, no fue por tanto un título dado pour épater, sino que alude al hecho de que la economía de Croce es también ciencia económica propiamente dicha, que heurísticamente juega un papel nada secundario en la formación de la filosofía de Croce.

El interés de Croce por la ciencia económica surgió casi de repente, y se debió a la influencia de Antonio Labriola. En abril de 1895, Labriola envió a Croce su ensayo En memoria del Manifiesto Comunista. Croce quedó inmediatamente muy impresionado. Comprendió inmediatamente que la prueba del marxismo era la teoría económica de Marx (para Croce, el marxismo es ante todo una doctrina económica, no una filosofía: exactamente lo contrario de lo que pensaría Gentile). Y se lanzó de cabeza al estudio de la ciencia económica. No sólo de Marx, sino de toda la doctrina económica: desde los clásicos Smith y Ricardo hasta sus contemporáneos, Marshall en particular, y luego la llamada «escuela austriaca» de Böhm-Bawerk. De aquí surge la atención al problema del valor: y podemos decir que Croce traslada el problema del valor de la economía a la filosofía en general, y a la estética en particular.

Normalmente se interpretan los estudios económicos de Croce como un paréntesis significativo, pero cerrado dentro de unos límites precisos, que son, aguas arriba, los primeros estudios sobre estética (los de historia en 1893 y los de crítica literaria en 1894), y aguas abajo el periodo de gestación de la Estética (1898-1900). Se colige, como hace un erudito muy autorizado, que «hacia 1898 la estética expulsó a la economía»[11]. Sin embargo, esta es una conclusión claramente precipitada. Es precisamente de los estudios económicos de donde Croce recibe la convicción de la necesidad de fundar el útil económico en una forma de la conciencia, es decir, no en un plano psicológico sino en un plano trascendental. Será soldando este procedimiento con el realizado en las esferas estética y moral como el sistema de Croce, y con él su estética, podrá empezar a tomar una fisonomía determinada.

Sólo citaré dos pasajes en apoyo de esta interpretación. El primero está tomado de una carta de Croce a Gentile del 23 de noviembre de 1898. En la carta, Croce anuncia que ya no quiere ocuparse del materialismo histórico, declara que recogerá sus escritos sobre el marxismo y «los compondrá en un volumen como en un ataúd», y luego escribe: «No creo que el concepto de lo útil haya sido bien elaborado por los filósofos hasta ahora. Útil, agradable, beneficioso, son todos conceptos que deben ser examinados de nuevo; y me parece que el resultado debe ser establecer un concepto filosófico de lo útil que se coordine con el de la ética, la estética, etc.»[12].

Ultimi saggi, cubierta

El segundo es un extracto de Interpretaciones recientes de la teoría marxista del valor y polémicas en torno a ellas, un discurso de 1899: «Una economía -escribe Croce- en la que no se tiene en cuenta el valor, es como una lógica en la que no se tiene en cuenta el concepto, una ética en la que no se tiene en cuenta la obligación, una estética en la que no se tiene en cuenta la expresión”[13].

Se trata de observaciones que podrían explorarse más a fondo y que permitirían comprender mejor el camino seguido por Croce en la formación de su pensamiento. Sin embargo, aquí preferimos concluir con una única observación.

Hemos visto que en su Estética Croce escribe que «la economía es la estética de la vida práctica», y hemos intentado, aunque brevemente, aclarar el sentido de esta afirmación. Preguntémonos ahora, a la luz del tema que hemos tocado de pasada, el de la expansión de lo económico a lo vital en los escritos tardíos de Croce, si es posible afirmar lo contrario, es decir, que lo estético es como lo económico de la vida teórica. En otras palabras, ¿podemos decir que lo estético se configura en Croce como una especie de “vital” del conocimiento, como algo que, en el ámbito teórico, realiza la misma acción que lo vital lleva a cabo en la vida práctica? Esto configuraría una gran dilatación del esteticismo, que impregnaría toda forma de nuestra relación cognoscitiva con el mundo.

Ahora bien, si consideramos la estética de Croce como una «filosofía del arte» en el sentido tradicional, obviamente la respuesta sólo puede ser negativa; sin embargo, si examinamos la posición adoptada por Croce en la primera Estética, las cosas cambian bastante. En ese texto, de hecho, Croce, como ya hemos mencionado, adopta una posición que no está lejos de la de Baumgarten: la estética es la ciencia de las intuiciones, pero de todas las intuiciones, no sólo de esas raras y especiales que actualmente llamamos obras de arte. Todas las intuiciones son arte, tanto las pequeñas como las grandes: «Toda la diferencia es cuantitativa, y, como tal, indiferente a la filosofía, scientia qualitatum. Unos tienen más actitud que otros, más frecuente disposición que otros para expresar plenamente ciertos complejos estados del ánimo, a los tales se les llama artistas en el lenguaje corriente: algunas expresiones harto complicadas y difíciles aciertan a manifestarse con excelencia y se las llama obras de arte. Los límites de las expresiones, intuiciones que se denominan arte, con relación a las que se califican de no arte, son empíricas y no pueden definirse. Un epigrama pertenece al arte; ¿por qué no una simple nota de información periodística? Un paisaje pertenece al arte; ¿por qué no un boceto topográfico?»[14].

Es un paso importante y, para quienes siguen imaginando a Croce exclusivamente como el pensador de la «poesía y la no poesía», sorprendente. La estética es aquí una actividad continua y cotidiana, ligada a un mínimo comercio con el mundo. Al igual que la economía, en su sentido inmediato de procurar necesidades, comprar y vender bienes, intercambiar trabajo y compensaciones, es -por desgracia- una actividad en la que estamos continuamente involucrados y de la que no podemos desprendernos ni un solo día.


NOTAS: 

* El ensayo publicado es traducción de «Estetica ed economia in Croce», originalmente publicado en P. D’Angelo, E. Franzini, G. Lombardo, S. Tedesco, Costellazioni estetiche. Scritti in onore di L. Russo, Milán, Guerini & Associati, 2013, y luego reeditado en P. D’Angelo, Il problema Croce, Macerata, Quodlibet, 2015, pp.35-44.

[1] B. Carnevali, Le apparenze sociali, Bolonia, il Mulino, 2012, p. 128.

[2] Citamos de Le due scienze mondane. L’Estetica e l’Economica, en B. Croce, Ultimi saggi, Bari, Laterza, 1935, pp. 43-58.

[3] B. Croce, Inizio, periodi e caratteri della storia dell’estetica (1916), en Id., Breviario di estetica, Bari, Laterza, 1972, p. 104.

[4] B. Croce, Le due scienze mondane, ob. cit., pp. 47-48.

[5] Ibid., pp. 54-55.

[6] Véase B. Croce, Filosofia della pratica. Economica ed etica, Bari, Laterza, 1908, en particular la sección primera de la segunda parte: Le due forme pratiche, l’economica e l’etica; y, por lo que respecta al derecho, también la memoria de Croce de 1907, “Riduzione della filosofia del diritto alla filosofia dell’economia”, en Atti dell’Accademia Pontaniana, XXXVII (1907).

[7] B. Croce, Estetica come scienza dell’espressione e linguistica generale, Bari, Laterza, 1965, p. 61.[77]

[8] B. Croce, Tesi fondamentali di un’estetica come scienza dell’espressione e linguistica genale, reimpresión anastática de la edición de 1900, ed. de F. Audisio, Nápoles, Bibliopolis, 2002, p. 46.

[9] B. Croce, Tesi fundamentali, ob. cit., p. 46.

[10] B. Croce, Estetica, ob. cit., p. 63. [78]

[11] G. Galasso, Croce e lo spirito del suo tempo, Milán, Il Saggiatore, 1990 p. 141.

[12] B. Croce, carta a G. Gentile del 23 de noviembre de 1898, en B. Croce, Lettere a Giovanni Gentile, Milán, Mondadori, 1981, p. 34.

[13] B. Croce, Recenti interpretazioni della teoria marxistica del valore e polemiche intorno ad esse, en Id., Materialismo storico ed economia marxistica, Bari, Laterza, 1973, pp. 121-138. La cita se encuentra en la p. 135.

[14] B. Croce, Estetica, ob. cit., pp. 16-17. [44]


CITA BIBLIOGRÁFICA: P. D’Angelo, «Estética y Economía en Croce», en D. Mombelli (ed.), 120 años de la Estética de Croce, Madrid, Recensión, vol. 7 (enero), 2022 [Enlace: https://revistarecension.com/2022/02/06/estetica-y-economia-en-croce/ ]

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