RAMÓN ANDRÉS, FILOSOFÍA Y CONSUELO DE LA MÚSICA

Vol. 6 / julio 2021
RESEÑA. Autor: Vicente Carreres

Andrés, Ramón, Filosofía y consuelo de la música, Barcelona, Acantilado, 2020, 1168 pp. (ISBN: 978-84-17902-39-1)

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11_Filosofía y consuelo de la músicaLos mejores textos sobre música no siempre los escriben los musicólogos. Y lo confirma el reciente libro del poeta y ensayista Ramón Andrés Filosofía y consuelo de la música. De óptica omnicomprensiva y potente erudición, conecta con El mundo en el oído (2008) y el ya clásico Diccionario de música, mitología, magia y religión (2012), pero por su originalidad y sus ambiciones el texto abre un nuevo espacio en el pensamiento musical español, y así lo ha visto la crítica, admirada y abrumada a la vez por este tour de force de más de 1100 páginas.

En efecto, la obra se resiste a una clasificación fácil: ni es un manual de historia de la estética musical, como el de Enrico Fubini, ni es solo un libro de consulta, aunque pueda consultarse con provecho su enorme caudal de información. Por ideas, por arquitectura y por estilo, estamos ante una obra de autor. Se centra en dos dimensiones de la música: la terapéutica (consuelo) y la cognitiva (filosofía). Dos dimensiones que en el texto se acercan y se encuentran, se cruzan y se enlazan, se tocan y se funden. La bibliografía es muy amplia, pero no persigue la exhaustividad, sino tejer una red de asociaciones, cubriendo en extensión y en profundidad un campo virtualmente inabarcable. Por eso el enfoque es transversal e interdisciplinar, sin líneas rojas, vinculando la música con múltiples facetas de la cultura y la existencia humana. Y por eso conviven en la obra las grandes autoridades de la filosofía de la música con figuras que no pertenecen a ese canon, como María Zambrano, Georg Simmel o Elias Canetti.

El discurso se mueve, por tanto, entre la historia cultural y sobre todo la historia de las ideas, pero practicadas ambas de una manera libre y personal, sin hipotecas teóricas o metodológicas, con un lenguaje de claridad y belleza inusuales, donde la metáfora y la analogía son un medio clave para penetrar en esas dimensiones de la música que traspasan la frontera de los conceptos. De especial atractivo son en este sentido los epígrafes titulados “Consuelo de la música”, que incorporan textos literarios heterogéneos, a menudo poco conocidos, pero reveladores. Por un lado, cierran los capítulos como una coda, por otro abren el campo de significación, liberando connotaciones y creando un efecto polifónico, de voces distintas entonando un solo acorde.

Que no se deje intimidar el lector por la extensión y las referencias, ni tampoco por sus aspectos técnicos. No es un libro difícil, y admite distintas estrategias de lectura. Los detalles técnicos (en proporción, pocos) se ofrecen, no se imponen, siendo perfectamente posible entender y disfrutar el libro sin profundizar en ellos. Y la estructura es bien clara: por un parte, una secuencia lineal de grandes épocas, desde los albores de la cultura hasta la Ilustración, y por otra un movimiento circular desplegado en series asociativas, conectando ideas y autores, como si fueran ondas expansivas sobre un estanque.

Nótese también que el índice y, en consecuencia, el enfoque van más allá de la pura narración cronológica: epígrafes como “La música ya nace grande”, “Los caminos azules”, “El consuelo, siempre” o “La Edad Media, no oscura” encierran juicios y sugerencias, lo mismo que los títulos de las tres grandes partes en que se divide el libro: “Los fundamentos”, “La certidumbre”, “La inquietud”. La primera cubre el largo periodo que va de la prehistoria a la civilización clásica; la segunda parte, la Antigüedad tardía y la Edad Media; y la tercera parte, el ciclo entero de la Edad Moderna, hasta el siglo XVIII, cuando esos fundamentos, esas certezas del pasado, son sometidos a un proceso de crítica radical. Aparece aquí, por cierto, la obra fundamental y tantas veces silenciada del ilustrado valenciano Antonio Eximeno, tratada con la atención que merece. Y aparece Kant, que crea el concepto de autonomía estética, liquidando las convicciones (“Los fundamentos”) sobre las que se habían asentado la música y el pensamiento musical desde la Antigüedad. La música y por extensión el arte se contraen, se repliegan, se enroscan sobre sí mismos, sobre su propio mundo de apariencias, cortando así los lazos que los ligaban al mundo real.

Por supuesto, terminar en la Ilustración no es casual: dice Andrés que ya hay mucha bibliografía sobre la estética musical contemporánea, pero afirma también que con la Ilustración se cierra un “universo”. Ese universo donde la música era “una de las formas de entender el existir” (p. 53), un tipo de sabiduría (sophía) que se funde y se confunde con la filosofía. Es esta concepción la que explora el libro, identificando su centro histórico y conceptual con un nombre propio: Boecio. Andrés lo invoca en las primeras páginas para luego profundizar en su pensamiento hacia la mitad de la obra. En el escritor romano encuentra la más perfecta combinación de sus dos temas principales: la filosofía de la música y la consolación. Heredero de la tradición de Pitágoras y Platón, Boecio transmite a la Edad Media el pensamiento musical antiguo. Para él música no solo es lo que producen las voces y los instrumentos, también lo es el orden cósmico de las estrellas y los planetas, y el orden psicofísico formado por cuerpo y alma. La música figura el cosmos, y el cosmos es música.

Pero además Boecio es el autor de La consolación de la filosofía, libro singular escrito durante su cautiverio, antes de ser ejecutado, utilizando el pensamiento como medicina contra su propia desgracia. Con su vida y su obra estaba demostrando la profunda simbiosis de música, filosofía y dolor.

Y es también el tema de la consolación lo que permite a Andrés remontarse hasta los orígenes míticos de la música en los primeros capítulos. La historia de Orfeo narra la transformación de la angustia en placer a través del canto. Este nace de la desesperación, del grito, que a su vez refleja la impotencia del lenguaje ante una experiencia límite, como nos dice Andrés siguiendo a Simmel. Lo que no alcanzan las palabras por sí solas, lo alcanza el canto.

En cualquier caso, lo más importante de estas ideas no es su valor documental, sino su contenido de verdad. Sin énfasis, sin descalificaciones, Andrés deja bien claro que esta visión expansiva de la música en realidad nunca ha sido superada. Solo fue sustituida. De manera oculta o latente, la música ha seguido siendo mito, logos, cosmos, consolación y revelación. Y al entrar en crisis la modernidad, estas dimensiones salen de nuevo a la luz. Lo que Andrés ha querido hacer aquí es revisitarlas, reinterpretarlas y reincorporarlas a esa totalidad que llamamos cultura.

Filosofía y consuelo de la música es, pues, algo más que una historia del pensamiento musical, es una apuesta de sentido, una invitación a entender y vivir la música sin cortarle las alas, religándola con sus raíces antropológicas y existenciales, como una experiencia pluridimensional cuyo único límite es su propia libertad.


CITA BIBLIOGRÁFICA: V. Carreres, “Ramón Andrés, Filosofía y consuelo de la música”, Recensión, vol. 6, Madrid, Recensión, 2021 [Enlace: https://revistarecension.com/2021/08/30/ramon-andres-filosofia-y-consuelo-de-la-musica/ ]