RUIZ-MANJÓN, ENTRE ESPAÑA Y AMÉRICA. FEDERICO DE ONÍS 

Vols. 4 y 5 / julio-diciembre 2020 / enero-junio 2021 (Número doble)
RESEÑA. Autor: Raúl Díaz Rosales

Ruiz-Manjón, Octavio, Entre España y América. Federico de Onís (1885-1996), Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2019, 277 pp. (ISBN: 978-84-1311-207-7)

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12_Entre España y América Onís

La reivindicación de la figura de Federico de Onís es tarea obligada al abordar las relaciones culturales entre España y América, como indica Octavio Ruiz-Manjón en el texto preliminar de esta biografía. Miembro de la generación de 1914, este profesor de la Universidad de Columbia desde septiembre de 1916, no ha obtenido aún el reconocimiento que su labor en la primera mitad del siglo xx (quizás dos primeros tercios del siglo) merece. A esta tarea dedica una biografía que reconstruye el itinerario vital e intelectual para esbozar una figura imprescindible en la labor de difusión del hispanismo.

El volumen se compone de 9 capítulos que abordan las etapas fundamentales en la vida del autor: sus estancias en diversas ciudades, “1. Salamanca” (pp. 15-28) y “2. Madrid” (pp. 29-45), su carrera académica, primero como “3. Funcionario” (pp. 47-65) y luego “4. Por fin catedrático”. pp. 67-93); para dar paso a “5. Una nueva generación” (pp. 95-122) y sus estancias en “6. Estados Unidos” (pp. 123-155) y “7. Puerto Rico” (pp. 157-194), antes de que se produjese la “8. Guerra civil en España” (pp. 195-227); el final aborda su vida “9. Por otras tierras de América” (pp. 229-256). Preceden a estos textos una “Breve advertencia del autor” (pp. 11-14). Cierran el libro un apartado de “Bibliografía utilizada” (pp. 257-264) y un “Índice onomástico” (pp. 265-273), tras el cual aparece el índice de contenidos.

Aunque, como indica el autor, la obra “adolece de una cierta escasez de datos personales y familiares de Onís” (p. 13), comprensible por el devenir de su vida, la relación de datos que ofrecen estas páginas permiten reconstruir su andadura vital desde Salamanca, a partir de los retratos que ofrecen Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Francisco Ayala o Alfonso Reyes: un español decidido a seguir siéndolo pese a su inmersión en un contexto tan dispar del español como era el continente americano, en el que actuó como “un verdadero cónsul de la cultura española” (p. 17), según indica Reyes. El relato que recogen estas páginas comienza con el nacimiento el 20 de diciembre de 1885 de Federico de Onís Sánchez, en el seno de una familia en la que se integraban destacados diplomáticos y políticos. Hijo del bibliotecario de la Universidad de Salamanca, lo que le llevó a estar en contacto con Miguel de Unamuno, realizaría muy brillantemente los estudios de Letras entre 1901 y 1905, en una incipiente vida literaria, periodística y de activismo político que le hicieron conocido en Salamanca, hasta llegar a Madrid para realizar sus estudios de doctorado en Filología bajo la tutela de Ramón Menéndez Pidal, en la Universidad Central. Entraría en contacto con Fernando de los Ríos, José Ortega y Gasset, o Luis de Zulueta y Escolano. Prosigue allí su labor periodística sobre política y sus intereses literarios, pero fijado su objetivo en la cátedra universitaria.

Pero antes de lograrla, consiguió el puesto de funcionario como archivero de la Delegación de Hacienda en León, incorporándose al puesto en abril de 1907. No abandona la ida del a tesis doctoral, sobre la que recapacita epistolarmente con Unamuno, y sobre la necesidad de realizar una larga estancia en el extranjero. Entretanto, contrae matrimonio con su novia, Andrea Rodríguez Bondía, y se traslada, tras no conseguir el puesto en Salamanca, a Oviedo, a donde llega en la primavera de 1908, ya doctor en Filosofía y Letras con una tesis sobre el dialecto leonés leída en la Universidad de Madrid. No ceja en su empeño de conseguir la cátedra, y trabaja mientras tanto como profesor auxiliar interino en la Facultad de Letras. En su preparación de las oposiciones, recibe como aliciente la concesión en 1909 de un premio convocada por la Real Academia Española para su trabajo sobre el dialecto leonés. Finalmente obtiene la Cátedra de Lengua y Literatura españolas de la Universidad de Oviedo, el mismo día en que cumple veinticinco años.

Se abre así una nueva etapa donde otros compañeros, como Fernando de los Ríos, también acceden a la cátedra, aunque posteriormente se incorporase al Centro de Estudios Históricos, en Madrid al que también se uniría Onís en el mes de marzo de 1912. Esta nueva generación de intelectuales no desdeña la influencia extranjera en el desarrollo de sus estudios. Esta apertura al europeísmo (así como el abandono temporal de las cátedras), no compartida por Unamuno, creó tensiones entre este y Onís, aunque deba verse también en la crítica del rector salmantino el dardo contra Ortega y Gasset; en cualquier caso, si el cariño se mantenía intacto, la coincidencia intelectual había desaparecido en los puntos fundamentales. El activismo político no había cesado, como demuestra la adhesión de intelectuales como Ortega, Pérez de Ayala, Azaña, Zulueta y Onís al Partido Reformista, nuevo partido político republicano encabezado por Melquiades Álvarez González Posada. Y la apertura europeísta de Onís quedaba confirmada en el discurso de apertura del curso académico de 1912 en la Universidad de Oviedo, “El problema histórico de la Universidad Española”, donde afirmaba tanto la necesidad de ser europeos como la compatibilidad y ayuda que ello suponía para ser verdaderamente españoles. Discurso, por otro lado, polémico, defendido por Azorín o Luis Bello, aunque concitaría las críticas de Pin y Soler y la equidistancia de Miguel de los Santos.

Otoño de 1913 serviría para mostrar de manera definitiva a un grupo de intelectuales interesados en modificar la política y la vida intelectual, bajo el liderazgo de Ortega y Gasset, que crea la Liga de Educación Política Española como grupo de presión para alentar proyectos de reformas. La consolidación como “generación de 1914” se produciría con el manifiesto generacional leído por Ortega y Gasset el 23 de marzo de 1914: “Vieja y nueva política”. Ese mismo año se adscribe ya definitivamente al Centro de Estudios Históricos de Madrid (llegaría a ser Director de Estudios de la Residencia). La vida académica de Onís tiene como siguiente parada la cátedra en la Universidad de Salamanca, en el año 1916, aunque ese mismo año aceptaría la invitación de la Universidad de Columbia, que pretendía establecer una cátedra de Lengua y Literatura españolas dada la creciente demanda que existía por estas materias. Sería la primera estancia fuera de España de Onís, como pensionado de la Junta de Ampliación de Estudios, y en excedencia de la Universidad de Salamanca para un curso académico.

Nueva York lo recibe amablemente: nombrado miembro de la Hispanic Society, la buena impresión causada —que había asumido la labor de mediador entre la cultura española y la americana como editor de textos, especialmente novedades literarias— en la Universidad de Columbia lleva a su presidente, Nicholas Murray Butler, a ofrecerle continuidad en su cargo, con la aspiración de que se instalase definitivamente. Tras un viaje a España en el que arregla cuestiones burocráticas para mantener la vinculación a instituciones españolas, la vuelta a Nueva York viene acompañada por la llegada posteriormente de su mujer y sus tres hijos (matrimonio posteriormente malogrado, culminado en divorcio en 1934), lo que confirma la solidez del proyecto emprendido, no definitivo, pero sí indefinido, más aún con la concesión años después de la excedencia como catedrático en España. Continúan sus trabajos para estrechar lazos (en él está el germen de los cursos de verano para extranjeros de la Universidad de Salamanca) con proyectos tan relevantes como el Instituto de las Españas. Emprende, además, la experiencia en la América hispanohablante con su vista a México en 1922, para dirigir un curso de verano en la Universidad Nacional de México, en colaboración con Pedro Henríquez Ureña. Tras el divorcio inevitable, y un permiso para un año sabático en España concedido en 1921, tras cinco años de ausencia, regresa a Estados Unidos y contra matrimonio nuevamente, relación que daría un nuevo hijo como fruto.

Desde esa nueva estabilidad, surgen nuevas posibilidades de trabajo para Onís, que en 1925 es invitado por la Universidad de Puerto Rico para un semestre de docencia. A finales de junio de 1926 realizaría la estancia de dos meses, que serviría para crear el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, del que formaría parte luego, no sin mediar capítulos de desavenencias que rompieron temporalmente la relación.

Vida cultural en Nueva York donde ayudó a Fernando de los Ríos, Maeztu o García Lorca, Dámaso Alonso. En 1931, fruto de un acuerdo con Salvador de Madariaga, realiza una estancia en la Universidad de Oxford, y realiza iniciativas de calado, como la Revista Hispánica Moderna y su muy esperada Antología de la poesía española e Hispano-americana (1882-1932), publicada en 1935, en la que se unía la creación en español, y que sería muy bien recibida por la crítica. En 1935, Onís realizaría su último viaje a España, antes del estallido de la guerra civil. Seguiría desarrollando las labores de apoyo a los compatriotas que llegaban a Estados Unidos, aunque en este caso en el contexto terrible de la huida del conflicto; si bien no fueron siempre fructíferas (Claudio Sánchez-Albornoz), en otros casos sí lograron su objetivo (Américo Castro). En 1937 adquiere la ciudadanía estadounidense: un distanciamiento del contacto con la realidad española que no le impide reivindicar su simpatía al gobierno derrotado. Iniciaría una nueva etapa de acercamiento a la realidad hispanoamericana con estancias en Venezuela, Guatemala, Colombia o Costa Rica, entre otros países, que le permitieron el contacto con el exilio español. Cercana la fecha de su jubilación, acepta la propuesta de incorporarse a la Universidad de Puerto Rico, donde sería nombrado Catedrático y Director del Departamento de Estudios Hispánicos en diciembre de 1953 (permanecería como Profesor Emérito en la Universidad de Columbia tras su jubilación a comienzos de 1954). Sigue trabajando en proyectos como la antología de poesía iberoamericana que le encargó la UNESCO (1956), así como en las conferencias que imparte en diversos países, hasta su fallecimiento en octubre de 1966, que se ha explicado como su rechazo a la senilidad. Se cerraba así una vida que siempre se movió intelectualmente entre dos continentes con la constante vocación de extender la cultura hispánica.

El relato que construye Octavio Ruiz-Manjón con tanta finura narrativa dibuja no solo la vida de Federico de Onís, sino también la de varias generaciones de intelectuales españoles en una época histórica convulsa; su valor, por tanto, excede lo individual (Onís) para alcanzar la colectividad (la España intelectual que sufre y sobrevive a una guerra). La documentación constante de las páginas, con una cuidada y certera selección de cartas entre los personajes fundamentales de este relato de la vida de un hispanista fundamental en la difusión de lo español a partir de la lengua (integrando, por tanto, realidades peninsulares e hispanoamericanas) permite anclar el relato de Ruiz-Manjón en las palabras de los protagonistas. Un libro imprescindible para reconstruir un hito fundamental en la aparición y consolidación del hispanismo en Estados Unidos.


CITA BIBLIOGRÁFICA: R. Díaz Rosales, “Ruiz-Manjón, Octavio, Entre España y América. Federico de Onís”, Recensión (Número doble), vols. 4-5, Madrid, Recensión, 2021 [Enlace: https://revistarecension.com/2021/01/17/ruiz-manjon-entre-espana-y-america-federico-de-onis/ ]