EL RENACIMIENTO ESPAÑOL Y LA ESCUELA DE SALAMANCA

Las Escuelas de Salamanca y Universalista (Núm. monográfico)
Vol. 3 / enero 2020

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ARTÍCULO / INVESTIGACIÓN. Autor: Davide Mombelli

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En 1927 el historiador austriaco Hans Wantoch publicó un estudio con un irónico título: España, la nación sin Renacimiento (Munich, Georg Müller). Acaso la principal virtud de este autor se encuentra en la explicitud de los términos. Nada menos que la ausencia del Renacimiento español es uno de los clichés, sobre todo anglosajones (es decir, los más influyentes e infundados, aunque cabría sumar varios y complejos casos), utilizados a propósito de definir el peculiar desarrollo de la historia de la cultura española y su relación con las demás naciones europeas. El otro tópico, quizás más importante y de consecuencias aún más absurdas para la visión de España en Europa, es la inexistencia de Ilustración hispana o hispánica, error interpretativo que sencillamente los actuales estudios acerca de la Escuela Universalista Española dejan ver como simple y mero disparate. Cierto es que parte de la intelectualidad española ha insistido en que la idiosincrasia cultural y filosófica española residiría precisamente en este alejamiento, voluntario y premeditado, de la cultura española respecto de determinadas orientaciones de la cultura y la filosofía política europea, sobre todo francesas (piénsese en Pidal, el caso de Américo Castro, Unamuno o, en medidas aún más radicales, en Elías de Tejada, por limitarnos al siglo XX). La hispanofobia o “leyenda negra”, es sabido, tiene una tradición plurisecular, siendo el Descubrimiento de América y la hegemonía política española del siglo XVI su punto de partida. Y es igualmente cierto que no toda posible lacra o falta de la cultura hispana deba relacionarse con esa peculiar actitud interpretativa, si bien últimamente parece que el discurso sobre España, hoy más actual que nunca, se haya instalado en un maniqueísmo reductivo y por ello tendencioso. Más allá de los reflejos políticos actuales, la reinterpretación de determinados períodos de la cultura española, injustamente menospreciados por los mismos hispanistas nacionales, es una tarea cada vez más urgente. Así lo recuerda, con relación al falso tópico de la ausencia de un Renacimiento español, Ángel Gómez Moreno, en un artículo relativamente reciente en el que, sustentando su argumentación en datos y referencias textuales, reconoce en la hispanofobia de Burckhardt la madre del cordero[1]. La hipótesis no está mal formulada, teniendo en cuenta además que se debe al historiador suizo el definitivo asentamiento de la categoría historiográfica (y estético-estilística) de Renacimiento. En La cultura del Renacimiento en Italia, Burckhardt sitúa lo más original, tanto en lo moral como en lo político y artístico, del Renacimiento italiano en el norte de Italia, presentando un diferente panorama cultural en referencia a los territorios mediterráneos del sur. Burckhardt, en efecto, destaca un carácter español refractario a toda actividad que suponga esfuerzo y sacrificio. Sin embargo, Gómez Moreno recuerda que el modus operandi de Burckhardt no tiene nada de extraordinario “es el mismo método de los antropólogos de antaño, que, al poner orden en las poblaciones o razas humanas, recurrían –consciente o inconscientemente, de forma abierta o subrepticia– a la tradicional Scala Naturae o cadena de los seres, con su orden o prelación”, una tradición interpretativa que va de Gobineau hasta Madison Grant, quien coincidía con otros muchos antropólogos en su idea de que el tipo nórdico había sido el agente imprescindible de los prerrenacimientos medievales y el principal responsable de la transformación estético-cultural experimentada por Italia y Europa del Trecento en adelante[2]. Pero, en su defensa de la existencia de un sólido Humanismo español, Gómez Moreno, quizás por llevar el discurso hacia ámbitos más bien artísticos y políticos, se olvida del más original pensamiento filosófico español de la época, es decir, el de la Escuela de Salamanca, un olvido que comparten también otros importantes estudios dedicados a la relación entre el Renacimiento italiano, cuya literatura secundaria ha sido sobre todo desde la obra de Burckhardt muy prolija, y el Renacimiento español.

Burckhardt

…..El tópico de la ausencia de un verdadero Renacimiento español (o de un Renacimiento tardío y menos vigoroso que los demás europeos[3]) se relaciona con otro tópico negativo, el de la ausencia de una filosofía caracterizadamente española. Uno de los divulgadores de este tópico fue el gran hispanista y esteta Benedetto Croce, autor de un decisivo estudio sobre la tradición hispano-italiana titulado La Spagna nella vita italiana durante la Rinascenza (1ª ed.: 1917), la gran obra comparatista e hispanística de Croce. En la “Conclusión” de su monografía, Croce expone su tesis acerca de la supuesta “decadencia” española. De acuerdo con el filósofo italiano, “ciò che per l’appunto si è convenuto di chiamare decadenza italiana […] ha l’obbligo strettissimo di liberarsi del fantasma di una Spagna, fonde di nequizia e corruttrice di un’Italia incorrotta”[4], puesto que esta concepción es lógicamente absurda. En definitiva, ninguno acusó entonces a España de ser opresora o corruptora de las costumbres y del pensamiento italiano, por lo que “la verità di quei secoli è da cercare in altro verso; ossia nel riconoscere che l’Italia e la Spagna erano entrambe, a quel tempo, paesi in decadenza”[5]. Faltaba, en efecto, ese espíritu ético y religioso, necesario para los nuevos tiempos, que se inauguraban con la reforma religiosa.

…..España, aunque poseía un sentido de Estado moderno, por otra parte era, según Croce, demasiado “medieval y feudal” en su composición social para poder interpretar la transformación social y cultural que tenía lugar por entonces. Se trataría, pues, de una alianza reaccionaria de la Europa meridional contra la septentrional. Pero lo que fue paralelismo y simultaneidad, “analogía e comunanza di processo storico”[6], se representó equivocadamente como imposición española sobre la cultura italiana. Así, “la Spagna diede ma ricevé anche, e l’Italia ricevé e diede a sua volta”. Si España, mediante su modo de entender la dignidad y la gravedad, llevó también en Italia la “vita verso l’estrinseco”, separando la “forma” de la “sustancia”, la sociedad italiana “era già avviata verso l’estrinseco” a su vez, puesto que faltaban los ideales de patria, disminuyó la capacidad de los comercios, aumentó el ocio. En definitiva, “era una decadenza che s’abbracciava a una decadenza”[7].

…..Sin embargo, Croce llama la atención a no confundir cierta similitud y afinidad en el proceso histórico con la persistente diversidad entre los dos países:

In quell’infiacchirsi della vita pratica, in quel vuotarsi della vita intellettiva, la Spagna, che era stata militarmente così forte, poté ancora a lungo serbare il vanto dei suoi eserciti e soprattutto della sua fanteria, e insomma le sue virtù e attitudini militari; e, popolo di eroica tradizione, far valere fin oltre la metà del Seicento, accanto alla letteratura cortigiana e frammischiata ad essa, la schietta ispirazione popolare e nazionale […]. In compenso, l’Italia, fra le frivolezze della sua vita, serbò qualcosa di alto e di virile nell’opera del pensiero, anzitutto nei grandi filosofi sudditi di Spagna, Bruno, Campanella e Vico, e poi nella scienza positiva e naturale della scuola del Galilei[8].

…..En una carta fechada 10 de agosto de 1933, Croce escribió a Vossler reprochándole amicalmente su “hispanofilia”: “In fondo, sta di fatto che la cultura spagnuola non ha dato alla Europa moderna nessuno dei concetti e dei sentimenti che le hanno dato l’Italia, la Francia, la Germania e l’Inghilterra. Perchè? Perchè, scrissi io, è una letteratura senza filosofia”[9]. Presta es la respuesta de Vossler: “Per forza bisogna essere ispanofili quando si studian cosas de España; come mi faccio, d’altra parte, italianofilo quando studio la cultura italiana e via dicendo”[10]; y añade: “D’altronde gli spagnuoli diedero all’Europa un continente nuovo, un concetto nuovo dell’autorità e disciplina, molta poesia, molte forme di vita: e tutto ciò modificò profundamente la fisionomía spirituale dell’Europa moderna”[11]. Croce le contesta a su vez que él mismo siente ese “amor a España” (“anch’io l’amo assai”), pero admite que España no contribuyó con ideas: dio a Europa genios como Cervantes y Velázquez, pero no filósofos como Descartes o Hegel. Todo ello non “toglie che ora la Spagna possa prendere la direzione mentale dell’Europa, posto che la Germania incretinisce con Heidegger”[12].

La Spagna nella vita italiana durante la Rinascenza

…..Ahora bien, tanto en La Spagna como en el epistolario Croce-Vossler, no hay referencia, o si la hay es simplemente tangencial, al círculo filosófico y filológico de Salamanca, la expresión más original de la intelectualidad española de los siglos XV y XVI. Tanto la actitud croceana como la de la mayoría de los historiadores de la filosofía más influyentes en la escena internacional (el caso de Abbagnano, como sabemos ha subrayado el Prof. Aullón de Haro, es paradigmático en este sentido) es explicable sobre todo por dos de las características fundamentales de la filosofía española: su sentido profundamente cristiano, tomista y tridentino, y la importancia central de la Teología. En efecto, como es sabido, la Teología es uno de los terrenos (los otros: el económico y el jurídico) en el que se han desarrollado los estudios más originales de la Escuela de Salamanca: piénsese en los tratados teológicos de Francisco de Vitoria, Melchor Cano, Domigo de Soto y Francisco Suárez, entre otros muchos.

…..Los estudiosos del Renacimiento italiano, cuya figura más conocida en la crítica del siglo XX es sin duda Eugenio Garin, han destacado sobre todo la vertiente cívica y política del humanismo renacentista italiano, determinando así una representación renacentista desvinculada o en cierta medida ajena al pensamiento religioso tradicional y acorde al gusto dominante centroeuropeo. Giordano Bruno es la figura que mejor encarna este discurso. ¿Y qué ha sucedido con la Escuela de Salamanca?: precisamente su vinculación con los intereses de la Iglesia católica ha significado un menosprecio indiscriminado de gran parte de sus importantes aportaciones. Y ello se agrava aún más si se considera la influencia del discurso antiespañol definido luego como “leyenda negra”, máxime si se piensa que muchas de las reflexiones y resultados filosóficos y jurídicos obtenidos por la Escuela salmantina se centraron sobre todo en los asuntos relativos al descubrimiento de América.

…..En el hispanismo, tanto nacional como internacional, hubo varios intentos de recuperación de la gran tradición representada por la filosofía de la Escuela de Salamanca. El primero en orden cronológico fue el actuado por otra escuela importante de la cultura hispana, la Escuela Universalista Española del siglo XVIII. Juan Andrés, figura cimera de ese círculo de exjesuita exiliados a Italia, recupera también la obra de otro gran filósofo español, más empirista que metafísico: Juan Luis Vives. Escribe Andrés: “¿Quién se atreverá a disputar a Vives el espíritu filosófico, cuando fue el primero que penetró a fondo los defectos de los estudios que entonces se usaban y descubrió el origen de la corrupción de la doctrina de las escuelas? No juzgo menor portento de erudición, de buen juicio, y de justo y recto modo de pensar el libro De corruptis disciplinis de Vives, publicado a principios del siglo XVI, que lo fue en el XVII el Órgano de Bacon. Entonces escribió también Nizolio De los verdaderos principios, y del verdadero modo de filosofar contra los falsos filósofos, cuya obra no hubiera dado a luz Leibnitz ni la hubiera ilustrado con sus comentarios a no haberla juzgado digna de las luces filosóficas de nuestros tiempos”[13].

…..El universalismo humanista, que entronca con el universalismo cristiano, se asienta en la tradición renacentista gracias a la labor de la Escuela de Salamanca, “cuya precedencia, que inevitablemente ha de pasar por la Teología, mejor ancla sin embargo en el internacionalismo político, jurídico y de gentes iniciado por Francisco de Vitoria así como el humanismo cristiano universalista que éste representa, además del interés y respeto por los pueblos indígenas, el mundo de las colonias y su evangelización, lo cual en nuestros autores [los de la Escuela Universalista] se transfiere a una proyección más especializadamente historiográfica, cartográfica y lingüística sobre todo en el caso de Hervás y que directamente atañe a la vida y el trabajo intelectual de la propios universalistas en América y Filipinas”[14].

…..Andrés es consciente de la gran aportación teológica de la Escuela de Salamanca: en su construcción de la globalidad de las disciplinas y saberes, sitúa, a diferencia de los enciclopedistas franceses, fundamentalmente ateos o deístas, las ciencias teológicas en su justo lugar. Además, en su operación de recuperación de la tradición filosófica y humanista española, defiende una tesis muy polémica, luego silenciada en el siglo XIX por la difusión de las ideas burckhardteanas y el sucesivo florentinismo de Garin y esa unilateralidad asumida por la mayoría de los estudiosos renacentistas. Nos referimos en particular a la conocida como “tesis arabista”, según la cual la contribución árabe al desarrollo del conocimiento se reveló fundamental para Europa: según Juan Andrés, no se podría explicar el auge del Renacimiento sin el papel desempeñado por la cultura árabe (y, concretamente, por la andalusí) en la transmisión del saber grecolatino[15].

Schiff

…..Ahora bien, las investigaciones acerca de las relaciones entre los renacimientos italiano y español no pueden reducirse sólo al ámbito artístico, asunto muy estudiado (piénsese en el Plan para una historia filosófica de la poesía española de Arjona, quien ya en 1798 habla de dos escuelas hispano-italianas: la de Garcilaso y Boscán y otra sevillana formada por Fernando de Herrera y sus seguidores), sino que deberían abarcar de manera más sistemática y lejos de prejuicios interpretativos el ámbito más estrictamente filosófico y también filológico. Las relaciones existen y son muy relevantes: para citar algunos ejemplos significativos, recuérdese la polémica entre Alfonso de Cartagena o Leonardo Bruni sobre la traducción de la Ética aristotélica, el caso de El Tostado o la formación e influencia italianas de Sepúlveda, etc. Fue Mario Schiff quien, a comienzos del siglo XX y desde Italia, tuvo la capacidad de arrojar nueva luz sobre la riqueza del Quattrocento español en su estudio sobre la La Bibliothèque du Marquis de Santillane (1905), que daba fe del fervor cultural de la Castilla del siglo XV. Sin embargo, el trabajo de Schiff no tuvo mucho eco en los círculos de la crítica especializada, siendo la visión croceana la dominante en esa época.

…..Parte importante de la responsabilidad respecto de estas mistificaciones interpretativas es de achacar, como recuerda Gómez Moreno, a los mismos especialistas en Medioevo tardío y temprano Renacimiento españoles, “a quienes tocaba demostrar que los ritmos de la cultura española coincidieron, también en este caso, con los de Europa. A ese respecto, la labor de Menéndez Pelayo pudo servir de guía, al menos al comienzo; sin embargo, su marginación por razones ideológicas (del “martillo de herejes” a muchos molesta hasta su estatua a la entrada de la Biblioteca Nacional) dio al traste con esta posibilidad”[16].

…..¿Pero es posible un gran manierismo-conceptismo, un extremado y refinadísimo Barroco sin Renacimiento? Decía el genial Lezama Lima, admirador de los pensadores de Salamanca, en un pasaje de su tratado sobre La Expresión Americana:

Cuando se afirma por los historiadores de la cultura, la carencia en España de las manifestaciones renacentistas, bastaría para refutarlos la contemplación del Renacimiento español hecho en América. Una cultura como la española no podía manifestarse por juegos cortesanos ni por la influencia viajera de los humanistas, tenían que ser hechos históricos de gran relevancia, como el Descubrimiento y la Reforma, los que afirmaron y expresaron su voluntad de creación artística[17].

…..Es un hecho sin embargo que durante los últimos años se continúan publicando estudios particulares acerca de la Escuela de Salamanca y, además, han visto la luz otros que establecen su justa importancia y lugar en la historia de la Filosofía occidental. El volumen editado por Ángel Poncela González[18], que promueve y ordena varios estudios sobre figuras o concreciones disciplinares de la Escuela, es prueba o síntoma de una atención crítica más abierta. Es de esperar que la marcha de los estudios siga el rumbo de la investigación independiente frente a la camuflada y difundida ideología atenta a intereses que no coinciden con la realidad del objeto de estudio. Valga esta consideración tanto para la Escuela de Salamanca como para la Universalista.

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NOTAS

[1] Á. Gómez Moreno, “Burckhardt y la forja de un imaginario: España, la nación sin Renacimiento”, eHumanista: Journal of Iberian Studies, vol. 29 (2015), pp. 13-31.

[2] Ibid., p. 15.

[3] Un tópico que sintomáticamente repite Ruth de las Heras Bretín en un breve artículo periodístico titulado “Italia y España, dos Renacimientos”:

https://elpais.com/cultura/2019/05/29/actualidad/1559126377_997470.html

[4] B. Croce, La Spagna nella vita italiana durante la Rinascenza, Bari, Laterza, 1917, p. 259.

[5] Ibid., p. 263.

[6] Ibid., p. 264.

[7] Ibid., p. 267.

[8] Ibid., p. 270.

[9] Carteggio Croce-Vossler, 1899-1949, Bari, Laterza, 1951, p. 340.

[10] Ibid., p. 342 (25 agosto 1933).

[11] Ibid.

[12] Ibid., p. 343 (30 agosto 1933).

[13] J. Andrés, Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, dir. por P. Aullón de Haro, eds. J. García Gabaldón, S. Navarro, C. Valcárcel, Madrid, Verbum-Biblioteca Valenciana (Col. Verbum Mayor), 1997, vol. I, p. 316.

[14] P. Aullón de Haro, La Escuela Universalista Española del siglo XVIII, Madrid, Séquitur, 2016, pp. 38-39.

[15] Véase I. Donoso, “Juan Andrés y el origen del arabismo”, en P. Aullón de Haro y J. García Gabaldón, (eds.), Juan Andrés y la Escuela Universalista Española, Madrid, Ediciones Complutense, 2017., pp. 167-180.

[16] Á. Gómez Moreno, “Burckhardt y la forja de un imaginario: España, la nación sin Renacimiento”, art. cit., p. 23.

[17] J. Lezama Lima, La Expresión Americana (Un tratado de Estética aplicada), ed. de P. Aullón de Haro, Madrid, Verbum (Col. Verbum Mayor), 2020, p. 88.

[18] La Escuela de Salamanca. Filosofía y Humanismo ante el mundo moderno, Madrid, Verbum (Col. Verbum Mayor), 2015.


CITA BIBLIOGRÁFICA: D. Mombelli, “El Renacimiento Española y la Escuela de Salamanca”, en P. Aullón de Haro (ed.), Las Escuelas de Salamanca y Universalista, Madrid, Recensión, vol. 3 (enero-junio), 2020 [Enlace: https://revistarecension.com/2020/02/13/el-renacimiento-espanol-y-la-escuela-de-salamanca/ ]