ANOTACIÓN SOBRE EL CONCEPTO DE ESCUELA

Las Escuelas de Salamanca y Universalista (Núm. monográfico)
Vol. 3 / enero 2020

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ARTÍCULO / ENSAYO. Autor: Davide Savio

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Como es sabido, el término escuela, del latín scŏla (griego σχολή), designa primeramente, en el uso más común, la institución o el centro que se encarga de impartir educación, ya humanística o técnica, a los ciudadanos de una comunidad. A partir de este primer significado se originan algunas otras acepciones: la escuela es también el edificio, el cuerpo docente, la actividad de transmisión del conocimiento, el período de tiempo en el que se desarrolla el aprendizaje, o incluso el método pedagógico utilizado. Por extensión, y sigamos por ejemplo un importante repertorio, la escuela es el “conjunto de pensadores, escritores, artistas, científicos, etc., que siguen y desarrollan una dirección común de pensamiento, o un método de trabajo orientado según unos mismos supuestos, y cuya producción es por tanto homogénea” (Treccani). En este sentido es de observar que el término tiene la capacidad de adquirir en ocasiones a menudo adquiere una connotación negativa. Una obra di scuola, ya sea una colección poética, una pintura o una escultura, es un artefacto que imita la técnica de un maestro sin alcanzar su calidad ni su originalidad; es un producto di maniera, desprovisto de carga innovadora y por lo tanto destinado a ocupar un segundo lugar en el canon artístico de referencia. Quizás por esta razón, los críticos literarios son reacios a manejar un concepto que, por el contrario, parece ser actual en los campos en los que la competencia práctica y de taller define la relación entre el maestro y el alumno de una manera más estricta.

…..Dados los particulares acontecimientos de la Italia política, históricamente fragmentada en una miríada de pequeños municipios y estados, el concepto de escuela ha encontrado un terreno fértil cuando podía ir acompañado de una especificación geográfica: se habla sin problemas de la “escuela siciliana”, por ejemplo, para indicar el grupo de poetas-funcionarios reunidos en la corte de Federico II de Svevia, iniciador de la poesía italiana en lengua vernácula, que podía presumir entre sus miembros de un Jacopo da Lentini, considerado el inventor del soneto. También en este caso, sin embargo, la idea de escuela encuentra su legitimidad en virtud de una fuerte contaminación entre la literatura, la filosofía y la política: en otras palabras, se trata de una aglomeración cultural orgánica, cimentada por una visión unitaria del mundo. Cuando esto no sucede, ni siquiera la geografía nos parece suficiente para hablar de la escuela. En el siglo XX, por ejemplo, se formó el concepto alternativo de “línea”: Línea lombarda es una antología fundamental, editada por Luciano Anceschi, publicada con la editorial Magenta de Varese en 1952; Linea ligure (Novara, Interlinea) es un estudio de Paolo Zoboli, que en 2006 se ocupó de Camillo Sbarbaro, Eugenio Montale y Giorgio Caproni, tres poetas en diversa medida vinculados a la revista La Riviera ligure (Eleonora Cardinale habló de una línea poética piamontesa-ligur en 2013, agrupando a Guido Gozzano y Carlo Vallini con los nombres anteriores). Es importante subrayar cómo las propias revistas, a partir del siglo XVIII y de manera cada vez más marcada en los siglos XIX y XX, han sido los principales vectores o impulsores de una idea de escuela poética: pensemos en la scuola vociana, expresión acuñada para indicar a los miembros de la influyente revista florentina La Voce (1908-1916). También en este caso, sin embargo, la historiografía literaria prefiere razonar en términos de grupo o en términos puramente editoriales (los rondistas, para la revista La Ronda, o el grupo de Officina, la redacción de Menabò), o también geográficos: para indicar los escritores reunidos en torno al Frontespizio (1929-1940) se habla de “hermetismo florentino”, y mucho menos de la “escuela hermética florentina”.

…..La resistencia crítica a la utilización del concepto de la escuela es en muchos aspectos fascinante. En sí misma, a pesar del cambio de paradigma de la imitación a la originalidad absoluta, que tuvo lugar en la época romántica, la cultura moderna no rechaza la posibilidad de condensar un concepto compartido en torno a una escuela. Pensemos en la teoría literaria, o en la teoría sociológico-literaria, donde actualmente se habla de una escuela en Frankfurt, Constanza, Tartu. Es cierto que en Italia, después de la Neovanguardia, la cultura no ha sido capaz de reproducir una poética extendida a varias voces, al menos de alcance significativo. Pero estamos hablando de los años 60. Para aclarar las ideas en este sentido se puede consultar un ensayo de Gabriele Pedullà, Letteratura e geografia: la via italiana, publicado en el volumen Letteratura e geografia. Atlanti, modelli leggereture (editado por Francesco Fiorentino y Carla Solivetti, Quodlibet 2012). Razonando sobre el nacimiento de la historiografía literaria en Italia, el académico advierte que los intelectuales siempre han tenido que lidiar con el policentrismo de la cultura nacional. La primera obra examinada es la Storia della letteratura italiana de Girolamo Tiraboschi (primera edición 1772-1782, edición final 1787-1794), que “avanza ordenadamente centro por centro y mecenas por mecenas” (p. 53), dando a las instituciones (universidades y academias, bibliotecas e imprentas) una primacía indiscutible por estar ancladas a un territorio, nodos estables de una red de relaciones que se establecen en cambio entre personas, viajando en el espacio y en el papel. A Francesco De Sanctis le mueven otras preocupaciones: con la intención de reivindicar la fisonomía unitaria de la nación, el estudioso napolitano transforma su Storia della letteratura italiana (1870-1871) en un instrumento para afirmar “esa Italia mayor (en todos los sentidos) que, partiendo de una antigua identidad cultural, tiene derecho a distanciarse del extranjero y a adaptar sus fronteras políticas a las de la lengua (y la literatura)”. (p. 57). Pero De Sanctis, sin embargo, al abordar las variables espaciales, acaba relatando la civilización literaria de la Península a través de lugares simbólicos: Plaza, Corte, Convento, Studiolo, Academia, Villa, Biblioteca, Cárcel; en definitiva, pasamos de la geografía a la topología. Actualizando el catálogo de De Sanctis, podríamos añadir espacios más o menos institucionales de agregación intelectual, desde los Salones a los Cafés, hasta los editores de revistas, editoriales y, por qué no, programas de televisión o radio.

…..En última instancia, dentro de este panorama, el concepto de escuela parece demasiado ambicioso y demasiado restringido. Demasiado ambicioso, porque presupone una puesta en común ideal, filosófica, técnica, que ni siquiera en las cortes se pudo crear (no hay escuela literaria de Ferrara, a pesar de la grandeza de Boiardo, Ariosto y Tasso –en cambio, el concepto de la escuela de pintura de Ferrara, estudiado en el siglo XX por el gran historiador del arte Roberto Longhi, tuvo mucho éxito). Demasiado restringido, porque los hombres de letras, incluso en sus respectivas individualidades, siempre se han sentido parte de un contexto cultural más amplio que su propia posición histórico-social. No existe una escuela petrarquista, pero sí el petrarquismo, que durante siglos ha unido a los poetas dentro de una comunidad humanística capaz de cruzar los límites del tiempo y del espacio. El sentimiento de pertenencia a una tradición ha prevalecido sobre el de pertenencia a una escuela. A primera vista parece, en definitiva, que la posibilidad de entablar un amplio diálogo con los clásicos ha sofocado no tanto las prácticas de imitación como su constitución lexicalmente en “escuelas” –no es baladí que alla scuola dei classici es frase bien establecida en la lengua italiana.


CITA BIBLIOGRÁFICA: D. Savio, “Anotación sobre el concepto de Escuela”, en P. Aullón de Haro (ed.), Las Escuelas de Salamanca y Universalista, Madrid, Recensión, vol. 3 (enero-junio), 2020 [Enlace: https://revistarecension.com/2020/02/13/anotacion-sobre-el-concepto-de-escuela/ ]