MEDICINA, ÉTICA Y LITERATURA

Vols. 4 y 5 / julio-diciembre 2020 / enero-junio 2021 (Número doble)
RESEÑA. Autora: Alicia Merino

Utrera Torremocha, María Victoria (coord.), Medicina, Ética y Literatura, Madrid, Instituto Juan Andrés, Metodologías Humanísticas en la Era Digital, 2020, 294 págs. (ISBN: 978-84-120587-8-9)

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13_MMHH31. El volumen monográfico Medicina, Ética y Literatura (Madrid, 2020), coordinado por la profesora María Victoria Utrera, se publica dentro de la serie “Metodologías Humanísticas en la Era Digital” del Instituto Juan Andrés de Comparatística y Globalización. La obra, que reúne y organiza una serie de trabajos de reconocidos especialistas en la materia, se fundamenta en las relaciones interdisciplinares entre medicina, humanismo y ética médica y literatura, con atención especial a las enfermedades mentales.

Los tres primeros trabajos ofrecen al lector planteamientos generales sobre el pensamiento humanístico, ético y literario en la medicina. El Prefacio de la obra, a cargo de Esteban Torre, traza las líneas generales del humanismo médico y sus relaciones con la filosofía y la literatura. Como pensadores, destaca Torre en España a autores relevantes: Juan Huarte de San Juan y Santiago Ramón y Cajal, además de otros muy importantes y también médicos que dedicaron su vida a la literatura, caso de Schiller, Chéjov o Doyle. Una atención detallada reciben Marañón, Rof Carballo, López Ibor o Laín Entralgo en el artículo de Maria Teresa Russo sobre el pensamiento médico español: “Médicos ensayistas españoles del siglo XX: Gregorio Marañón, Juan Rof Carballo, Juan José López Ibor, Pedro Laín Entralgo”, donde estudia las relaciones entre psicología, filosofía, historia y literatura en relación a la enfermedad y al enfermo. La dimensión ética de la literatura en el campo de la medicina es abordada por María Teresa López de la Vieja en “Bioética: usos de la literatura”. En la línea de investigaciones recientes en el ámbito de la ética y la bioética, López de la Vieja se plantea la literatura como un medio cognitivo en la práctica clínica, considerando los usos fundamentales de la narración para beneficio de médicos y enfermos.

A estos planteamientos generales, sigue una serie de artículos en los que se trata la literatura y el pensamiento artístico desde el punto de vista psicoanalítico o psiquiátrico. La vinculación entre enfermedad y creatividad es un aspecto muy discutido en la bibliografía médica y literaria. En “Psicoanálisis y creatividad literaria”, Isabel Paraíso se detiene en las teorías psicoanalíticas sobre la creación y la recepción de la literatura, con especial atención a las doctrinas de Freud, entre otros psicoanalistas. Resultan de especial interés sus consideraciones en torno al proceso creativo y a las personalidades creadoras y, dentro de la teoría de la recepción, los procesos y efectos de la literatura en el lector o espectador. La creación literaria es estudiada en relación directa con la enfermedad mental en el trabajo de David Pujante, “La misteriosa relación del carácter melancólico con la excelencia de los seres humanos: genio y melancolía”, que examina la visión del genio melancólico mediante un documentado análisis de las teorías clásicas y modernas y de sus principales manifestaciones artísticas. El trabajo de María Victoria Utrera Torremocha se centra en la obra de Karl Jaspers Genio artístico y locura y en la esquizofrenia como enfermedad interesante para la visión artística del mundo. La interpretación de Jaspers se insertaría en la tradición hermenéutica de Dilthey, y de ahí la importancia de los testimonios del creador en la comprensión de la obra de arte a partir de su totalidad psíquica. La doble vertiente del talento y la locura en la creación de la obra literaria es tratada por el psiquiatra Fernando Leal en “Psicopatología de un ‘poeta maldito’, Armando Buscarini”. El riguroso análisis de la vida del poeta vallisoletano en relación con su poesía está basado en su historial clínico y revela en qué medida la enfermedad (esquizofrenia, sífilis) determina y afecta al talento natural. Un estudio sobre Thomas Mann cierra el conjunto de artículos del libro. En “El bien y la belleza: creación artística, ética y enfermedad en Doktor Faustus, de Thomas Mann”, Luis Enrique Montiel examina la sífilis y sus efectos en el protagonista y su entorno. La enfermedad funciona aquí como metáfora y expresión del pensamiento sobre la creación y revela claramente sus implicaciones filosóficas y morales.

A los referidos estudios sigue la edición de breves textos clásicos que ilustran la correspondencia entre medicina, humanismo y pensamiento literario. A este propósito se reúnen textos ensayísticos seleccionados de Averroes o de Huarte de San Juan, en edición de Esteban Torre; de Santiago Ramón y Cajal, en edición de Manuel Romero Luque; de Alexis Carrel, preparado por Joaquín Moreno, más dos cuentos de Anton Chéjov y de Arthur Conan Doyle, editados respectivamente por Noel Rivas y Juan Frau.

El volumen, que se cierra con un comentario y una amplia bibliografía, seleccionada por José Manuel Begines (“Bibliografía de Humanismo médico, Ética médica y Literatura”), repertorio en verdad útil para el estudioso de las relaciones entre literatura y medicina, ofrece una entrevista con el médico psiquiatra, profesor de la Universidad de Nueva York, Luis Rojas-Marcos, que pone claramente de relieve el compromiso del médico ante la sociedad o la imbricación entre la labor de los profesionales sanitarios y las preocupaciones éticas y humanísticas. El profesor Rojas-Marcos explica sus ideas sobre la práctica médica en el plano personal y social, sin pasar por alto las cuestiones espinosas del sufrimiento extremo o la eutanasia.

2. En el transcurso de esta viva conversación aparecen de nuevo al menos dos de los temas que recorren los contenidos de la mayoría de los estudios del presente volumen y que, a mi modo de ver, pueden ser clave para orientarse y afrontar la enorme cuestión que aquí se presenta: el diálogo entre médico y paciente y la profunda cuestión de la esperanza.

Respecto del primero, el propio Rojas Marcos reconoce que el desarrollo de la tecnología y la agobiante carga de trabajo que sufren por saturación, los sistemas sanitarios han propiciado la casi desaparición de la indispensable relación con el enfermo, la mayor parte de las veces en contra de la voluntad del médico. El carácter netamente humano de la profesión médica se pone especialmente de manifiesto en ese contacto al que el enfermo acude a ser oído, atendido y a ser posible curado. Pero si por el contrario y como desgraciadamente a menudo sucede, solo se recibe una asistencia estrictamente técnica donde no se es más que eslabón de una cadena interminable de actuaciones especializadas o de asistencia protocolizada, al enfermo, en el mejor de los casos, se le deja la puerta abierta a formas alternativas del ejercicio médico. Algunas de estas de rigor incierto pero que al menos imitan o remedan el trato cercano de la medicina de siempre, que tal vez no haya sabido estar a la altura de los tiempos. La desaparición paulatina de un diálogo comprensivo reconfortante y eficaz revela que se ha olvidado la verdad esencial de que la Medicina es Humanismo; la formación universitaria del facultativo, su rigor y orden metodológico, su humanitarismo, su precisión terminológica y amplitud de miras ¿no son acaso las señas de identidad del humanista de abierto espíritu?

La medicina es filosofía natural en su vertiente teórica; a la que corresponden según Averroes, los principios, causas, elementos naturales, métodos deductivos,  silogísticos… Y un arte experimental en su vertiente práctica, a la que corresponden la anatomía y los medicamentos. Pero además, según la clasificación huartiana, el ardor imaginativo que requiere la praxis médica sería similar al que se precisa para el ejercicio de las matemáticas y la poesía. Y es que como el mismo Huarte de San Juan se encarga de decirnos, de la buena imaginativa nacen todas las artes y ciencias que consisten en figura, correspondencia, proporción y armonía.

Respecto de la cuestión de la esperanza, esta es para el propio Rojas Marcos factor decisivo en la sanación pues alimenta en los pacientes la resistencia, la adaptación a los cambios y la energía necesaria para luchar y vencer la enfermedad. Además, estimula los dispositivos curativos naturales del cuerpo fortaleciendo las facultades mentales implicadas en superar las adversidades. Por otra parte, estimula la motivación del médico para tratar al enfermo grave o incurable pues ese optimismo protege del reparo natural a involucrarse emocional y profesionalmente con enfermos de alto riesgo. A favor de la esperanza trabajan y han trabajado siempre las ciencias del espíritu; el pensamiento en general y la palabra artística tienen la capacidad de eliminar los parásitos de la mente o estimular las área cerebrales que controlan las emociones y avivan el sistema hormonal. En el volumen se presenta una serie de casos de patologías de artistas que revelan por encima de cualquier otro aspecto, que la ausencia de salud mental lleva inexorablemente a la enfermedad corporal. La utilidad de la filosofía y la literatura en el mundo científico y la medicina de hoy se basa en que la necesidad humana de interpretación, explicación  e identificación de las realidades en que vivimos y sufrimos es tan natural como la propia alimentación. Es indispensable el conocimiento de las fuerzas interiores que mueven nuestras impulsos y comportamientos pero a ese conocimiento profundo solo se accede desde los lenguajes del símbolo y la metáfora. A continuación, será la determinación filosófica la que sabrá ir a la esencia de las cosas. El hombre está llamado antes que nada para su superación y supervivencia, a la ampliación constante de las fronteras de su entendimiento.

A lo largo de los artículos y textos, se da buena muestra del papel de la escritura en la ética médica y en la bioética, pues puede ser entendida y utilizada como modo de conocimiento complementario e indirecto. Los más complejos asuntos humanos se benefician del auxilio de lo narrativo para ser explorados sin límites y desde todos los ángulos. Toda buena trama literaria siempre que se base en información contrastada y fiable, forma parte de la deliberación moral y es la mejor antesala del análisis y argumento abstracto. Quien tiene la misión de cuidar no puede prescindir de una reflexión teórica y de aquello que podríamos definir como un aprendizaje y a la vez una pedagogía de la esperanza. No se proporcionaría sin ella ninguna terapia. Es condición sine qua non asumir la complejidad como elemento que caracteriza las nociones de salud y enfermedad, estados relacionados ambos con la biografía y no solo con la biología de la persona. En toda experiencia humana se busca de manera más o menos explícita un sentido a ser posible integral, por el que decidiremos en una dirección o en otra poniendo a prueba la libertad personal. Por tanto salud y enfermedad además de hechos o acontecimientos, representan auténticos interrogantes que ponen a prueba la capacidad responsable del ser humano: ¿Cuál es el sentido de estar en salud? ¿Cómo se responde a su falta? Ni la anatomía ni la fisiología proporcionarán respuestas, es más solo vendrán de la elaboración a nivel pre-filosófico y filosófico que seamos capaces de hacer como personas para enmarcar las experiencias en un horizonte más completo de sentido y en el interior de precisos proyectos de vida.

A menudo es la literatura la que sabe dar el tono y la oportuna forma a los asuntos más dificultosos generando como le es propio, la distancia necesaria. Dado que el sufrimiento intenso, curiosa y desgraciadamente a veces, impide e imposibilita el poder de expresarse, se hace apremiante encontrar quien comunique tales experiencias para rescatarlas de la no existencia y ambigüedad que le confiere el no ser traídas al entendimiento a través de las palabras. Siempre supo el poeta ser el portavoz del lamento extraordinario. Y es que, como a la medicina, le incumbe al artista más que a nadie, el dolor humano. En primer lugar por su profunda empatía y en segundo lugar por aisthesía, por razones estéticas claro; por esa misteriosa relación entre dolor y belleza dado que son entidades que no se rechazan sino que se complementan. De esas inquietantes conexiones sabe aprovecharse el artista que intuye el singular conocimiento que subyace entre ambas. La existencia humana y el sufrimiento se alían de manera asombrosa, de hecho, fue esta relación del ser humano con el padecer la que turbó tanto a los griegos que la convirtió en el núcleo central del desarrollo de su pensamiento. El ancestral poder curativo del arte es una incontestable realidad y dado que es en el lenguaje donde el hombre encuentra un sustituto de la acción, especialmente en el de la palabra.

La creación o recepción de la obra artística  proporciona no solo la evasión por el placer de la forma sino el amortiguamiento de los fracasos y la descarga de las tensiones o catarsis. La literatura pues, como reparación o remedio por lo que hemos perdido en la vida, como singular conexión con lo trascendente, como reconciliación en todas sus manifestaciones, con la muerte.

La forma artística interna y externa provoca una sacudida espiritual que nos permite acceder incluso a la subjetividad profunda, a la individualidad del otro proporcionando en el espectador/lector una transformación anímico-química junto con un interrogante sobre la existencia. Las nociones de rareza, absoluto y primitivismo (que se corresponden con el concepto de lo sublime) tienen mayor relevancia que nunca en la mentalidad moderna, huérfana de autenticidad y enfrentada al artificio tecnológico en su fase de mayor virulencia, donde todo mínimo conato espiritual de inmediato es transformado en mercancía, institución o empresa.  Por todo ello, a lo largo del volumen que nos ocupa no hacen sino darse argumentos avalados por la mejor tradición para la  integración crítica de los métodos y contenidos de las Ciencias humanas con las  médicas y biológicas.

Las desafortunadas circunstancias por las que una enfermedad descontrolada amenaza las formas de vivir todas, bien podrían constituir la lente adecuada para que nuestras sociedades por fin caigan en la cuenta de que el arrinconamiento y desprecio de las disciplinas humanísticas son en gran medida la causa de la incapacidad e impotencia que muestran los sistemas de asistencia sanitaria, dependientes de organismos y entidades contrarios a todo lo que apunta este trabajo: Que la medicina comparte matriz con las ciencias que colocan en el centro de su actuación al humano.


CITA BIBLIOGRÁFICA: A. Merino, “Medicina, Ética y Literatura”, Recensión (Número doble), vols. 4-5, Madrid, Recensión, 2021 [Enlace: https://revistarecension.com/2021/01/17/medicina-etica-y-literatura/ ]