LA NECESIDAD COMUNICATIVA EN TIEMPOS DE PANDEMIA: EL LÉXICO DE LA COVID-19

Vols. 4 y 5 / julio-diciembre 2020 / enero-junio 2021 (Número doble)

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ARTÍCULO / INVESTIGACIÓN. Autor: José Joaquín Martínez Egido

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Las circunstancias sociales que priman en un momento histórico determinado propician que, casi de forma inmediata, una lengua de especialidad abandone su estricto espacio comunicativo y se extienda hacia hablantes que no son sus usuarios habituales. Eso es lo que ha ocurrido en el año 2020 con la lengua de la epidemiología, por obra de la pandemia surgida por la COVID-19, sobre todo en lo concerniente a su léxico.

Una lengua de especialidad lo es, precisamente, por poseer unos desarrollos comunicativos entre iguales, entre expertos de una especialidad. Sus usuarios pretenden, con su uso, conseguir una claridad absoluta en la conceptualización de sus elementos y en las relaciones entre estos, así como una cierta internacionalidad entre expertos de cualquier país. De ahí que existan diferentes tipos textuales comunes a muchas lenguas en una misma especialidad profesional.

En ocasiones, se produce una cierta banalización de una lengua de especialidad, motivada normalmente por causas externas, es decir, por la necesidad de su divulgación entre personas que no son expertas y, por tanto, no son sus usuarios habituales. Eso sucedió, por ejemplo, con el lenguaje económico y financiero durante la crisis de 2008 en España, en donde todos los medios de comunicación hablaban de conceptos que el público general no conocía, las acciones preferentes, los fondos buitre, las opas hostiles, etc., pero que pronto fueron familiares en conversaciones no profesionales. En este momento en que vivimos, por motivos de salud, la lengua de epidemiología, lengua de especialidad participante tanto de la medicina como de la biología, ha sufrido esa banalización tan necesaria para que todos los hablantes puedan entender qué es lo que está pasando. Por lo tanto, puede afirmarse que siempre existe una razón poderosa para que se produzca este fenómeno, el cual debe entenderse desde esta perspectiva de necesidad, en la que se pone de manifiesto el trasvase lingüístico necesario para la comprensión de conceptos. Son los agentes sociales y los medios de comunicación los encargados de que la información llegue perfecta y adecuadamente a ese público lego y que pueda entender qué es lo que está pasando.

Esos agentes sociales no suelen ser neutros, sino que, por el contrario, suelen estar cargados de una ideología concreta que se manifiesta en lo social y en lo económico. Por ello, en el lenguaje que se utiliza en la transmisión de los hechos de la pandemia se mezclan tres tipos de discurso, como son el científico y médico, el político y económico y el estándar y coloquial. Se crea así un discurso híbrido que responde a un conflicto evidente entre la sanidad pública y la información que se ofrece al respecto. De tal forma que puede afirmarse que se parte del hecho médico y, posteriormente, se adecúa este tanto al discurso político como al económico, pasando por último al discurso popular de los ciudadanos. Por lo tanto, el objetivo de este trabajo sería demostrar cómo el léxico utilizado en la necesidad de hablar y comunicarse sobre la COVID-19 muestra esos niveles de exposición con diferentes finalidades en cada uno de ellos. Hay que tener siempre presente que es empleado por todos los medios de comunicación no sin cierta modalización ideológica que va calando en cada uno de los receptores, quienes lo van incorporando de forma rápida a su acervo lingüístico.

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El léxico denotado y científico

Evidentemente se parte de un conjunto de palabras propio de la lengua de la epidemiología, concretamente de la familia léxica de esa palabra compuesta, según la última edición del Diccionario de la Lengua española, de siete voces: epidemial, epidemicidad, epidémico-ca, epidemiología, epidemiológico-ca, epidemiólogo-ga. Todas responden a uno de los orígenes más característicos en la lengua médica, como es su procedencia de las lenguas clásicas, sobre todo del griego. De todas ellas, la palabra base es epidemia, con el significado de una enfermedad que se propaga durante algún tiempo por un país y que afecta a un gran número de personas; seguida del sustantivo epidemicidad que se refiere al número de la frecuencia de la enfermedad en una zona concreta. Así, la epidemiología es la parte de la medicina y de la biología que tiene como objetivo el estudio de la salud de la población humana constatando tanto los factores que la propician, su frecuencia, su distribución y las soluciones posibles. Mientras que el epidemiólogo y la epidemióloga serían los estudiosos de esta disciplina y, por último, los adjetivos epidemial y epidémico, epidemiológico, epidemiológica como lo relativo a los sustantivos de los que derivan.

Junto a estas voces se situarían también aquellas que tienen que ver con la extensión en el espacio y en el tiempo. Respecto a la primera estaría la voz pandemia, enfermedad que se extiende por muchos países; y en relación a la segunda, endemia, una enfermedad que se extiende en el tiempo en un lugar. Así como también aquellas que denotan los diferentes tipos de epidemiología, denominaciones que se forman con el procedimiento propio del castellano de una construcción léxica utilizando dicho sustantivo más un adjetivo con la terminación -al, con el significado de “relativo a”: epidemiología nutricional, experimental, ocupacional, etc.

A su vez, junto al léxico reseñado estaría el relativo a la COVID-19, como ejemplo característico de la epidemiología molecular vírica. Aquí se situarían virus, cultismo procedente del latín que significaba “ponzoña” o “veneno”; y sus derivados virulento, algo negativo producido por un virus o que participa de su naturaleza, y virulencia, cualidad de virulento; así como coronavirus, palabra compuesta de dos sustantivos unidos, corona más virus, creado por la similitud física de este tipo de virus con la corona solar. Todos los virus de este tipo son nombrados por la lengua epidemiológica mediante el uso de la siglación, normalmente en inglés, como el SARS, Sever Acute Respiratory Syndrome; o mediante el procedimiento de la acronimia, también en inglés, más el año de su descubrimiento, como COVID-19, que provendría, en este caso concreto, de la composición de las primeras sílabas de las palabras que lo denotan más el año de aparición: Corona Virus Disease 2019. En este sentido es de reseñar el que se haya optado por una denominación más científica y aséptica que en otras ocasiones en las que se daba nombre a una enfermedad asociándola a un territorio o país con un gentilicio asociado al sustantivo de la enfermedad genérica y no haya sido nombrada como la gripe china. Un ejemplo de antaño sería la llamada gripe española, que pudo originarse en China o en Francia, y cuyos primeros casos se detectaron en Estados Unidos, pero que, bien porque España fue el país que se hizo eco en diferentes informes de la enfermedad, bien por cierta hispanofobia en ese momento, lo cierto es que, desafortunadamente, así se nombró.

Además de todas estas voces, en el discurso científico y médico se encontrarían también otras palabras específicas y especializadas que, por exigencias sociales, son banalizadas o popularizadas por los medios de comunicación. De todas ellas destacarían aquellas unidades léxicas que están relacionadas con las pruebas de detección del virus en las personas, con el test de comprobación o detección de la enfermedad, palabra que provendría del latín testa, cuyo significado, entre todas las acepciones que posee, estaría el de ser una vasija utilizada para detectar metales. Así habría diferentes tipos, repetidos hasta la saciedad por los medios de comunicación, pero que, por sus características específicamente técnicas, es muy difícil que se incorporen correctamente en el léxico general de la lengua. Dos de ellos están compuestos por la creación de una unidad léxica en donde el sustantivo test se complementa con otro sustantivo o con un adjetivo. En ambos casos el elemento que complementa procede de lenguas clásicas. En el primer caso estaría el test de antígenos, del griego, compuesto del prefijo anti-, contrario y de geno, generar, por lo que ese tipo de pruebas detectarán proteínas específicas, antígenos, y así se podrían reconocer e identificar a las personas infectadas por el virus que están padeciendo la enfermedad en ese momento; y, en el segundo  caso, los test serológicos, en donde el sustantivo se complementa con un adjetivo compuesto por la voz latina serum, suero, la griega lógia, estudio o ciencia,  más la terminación de construcción de adjetivos -ico, de tal forma que su significado sería una prueba que detecta la respuesta inmunitaria del cuerpo ante el virus al medir el nivel de anticuerpos en contra del virus que hay en la sangre. Mientras que para el nombre del tercer tipo de test, PCR, se ha optado por el procedimiento de la siglación; así de la expresión Polymerase chain reaction en inglés, “reacción en cadena de la polimerasa” se crea la palabra con la inicial de cada una de las voces, y permite detectar la presencia de material genético del virus en un individuo leyendo su ARN.

Junto a este léxico perteneciente de forma clara a la lengua de especialidad de la epidemiología, se encuentran palabras del léxico general que se introducen en este tipo de discurso, tanto en su vertiente científica como en su vertiente divulgativa. Un ejemplo característico de ello sería el empleo de la palaba curva, entendida como la forma gráfica de visualizar el proceso evolutivo de una epidemia. En el siguiente ejemplo, “Así evoluciona la curva del coronavirus en España y en cada autonomía” (El País, 03/04/2020), se parte, como base definitoria de la palabra curva, de la tercera acepción que se recoge en el Diccionario de la Lengua española y que la define como“3. f. Línea que representa gráficamente la magnitud de un fenómeno según los valores que va tomando una de sus variables”. Es evidente que el fenómeno al que se hace referencia es a la epidemia propiciada por el coronavirus y, en ellos, la voz curva se utiliza y se describe como símbolo gráfico para mostrar su evolución, es decir, sería una representación abstracta de unos datos para facilitar su comprensión por parte de los receptores.

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El léxico connotado en el discurso político y económico

Cuando un virus desata una epidemia o pandemia, además de las autoridades sanitarias que deben ocuparse y atender el problema, se necesita la participación del poder ejecutivo y del poder legislativo para poder regular, articular y conseguir que los ciudadanos se vean lo menos perjudicados en su salud, así como en otras vertientes importantes de la vida, como sería todo lo relacionado con los ámbitos laborales y económicos. Para ello, los políticos se comunican con la sociedad y utilizan además del léxico aquí expuesto, otro que represente su propia actividad, si bien su comunicación política no está exenta de una modalización intencionada que responde, tristemente, a la propia ideología del político.

Para ello se suelen emplear diferentes recursos lingüísticos, entre los que destacan los juegos de palabras mediante la combinación e identificación del tema sanitario con el político, tal y como se puede comprobar en lo dicho por Pablo Casado en el parlamento: “Una cosa es intentar frenar la pandemia y otra confinar la democracia” (09/04/2020), donde el político establece la igualación entre los verbos frenar y confinar, aplicados a los sustantivos pandemia y democracia, subrayando, claro está, el significado positivo de la primera parte de la frase, el frenar la pandemia, que todavía refuerza más el significado negativo de la segunda, confinar la democracia. En esta misma línea modalizadora, estaría el empleo de la metáfora, como es el caso de entender la epidemia como una guerra, en donde el enemigo es el virus y los soldados son los que tienen que combatirlo, los ciudadanos que van a ganar esa guerra de forma absoluta. De esta forma, la metáfora se convierte en un instrumento de comprensión de conceptos difíciles mediante la analogía de dos dominios, uno real y otro figurado, como sucede también en los dos ejemplos siguientes: “Planta cara al coronavirus en la primera línea de batalla” (Diario de Huelva, 17/04/20), y “Aplausos y cacerolada para sostener la trinchera sanitaria” (El Mundo, 14/03/2020). En ambos casos se observa cómo en el tratamiento contra la enfermedad, a los profesionales sanitarios se les sitúa, no ya en los hospitales, como elemento real, sino en la primera línea de batalla o en la trinchera sanitaria, como elementos metafóricos.

En esta misma línea de construcción de pensamiento, pueden situarse expresiones pronunciadas por el presidente Sánchez en una de sus alocuciones a los españoles a través de la televisión (12/04/2020). En ellas se realizan referencias constantes al mundo bélico, como puede comprobarse en las que se ofrecen a continuación: “Todavía estamos lejos de la victoria”; “Inmersos en una guerra total que nos incumbe a todos”; “Hoy vamos a hacer el aplauso desde las trincheras”; “Nuestros compatriotas libran una guerra”; “Los sanitarios en primera línea de batalla”; “Los agricultores, los empleados de supermercado, los transportistas en segunda línea de combate”. En todos estos enunciados, las expresiones nominales como guerra total, trincheras, primera línea de batalla, segunda línea de combate o las locuciones verbales estar lejos de la victoria, se convierten en referentes metafóricos básicos para ese discurso político en las dos vertientes aquí descritas. Por un lado, estaría lo pedagógico en ese modo de construir la realidad para que todos los españoles tomen conciencia de la gravedad real del problema; y por otro lado, se situaría lo ideológico para conseguir la anulación de todos los que puedan pensar diferente a ellos ante un acontecimiento de tal magnitud.

Además, la lengua de especialidad de la epidemiología entra también en el ámbito económico y financiero, puesto que una pandemia como la de la COVID-19, cuyo  tratamiento más efectivo parece ser el confinamiento completo de las personas, conlleva una crisis económica mundial al paralizar todo el sistema de producción y el consumo en el mundo. Por lo tanto, en el lenguaje de la epidemiología se inserta también un léxico que podría ser catalogado como económico y financiero, aunque creado o usado específicamente para las consecuencias de la pandemia. Por ejemplo el uso de las metáforas hibernación económica, como si la economía fuera un ser vivo que puede hibernar, y desescalada, derivado de escalar, cuya metáfora se encuentra reconocida en la tercera acepción del DLE, descenso de algo de forma alarmante, en: “El gobierno destaca la normalidad en el primer día tras la “hibernación económica“ (Cinco días, 13/04/2020),”[…] este lunes termina el periodo de extrema hibernación económica” (RTVE.es/noticias 12/04/2020); ¿Cómo debe ser la desescalada en la economía a partir de hoy? (La Voz de Galicia, 02/05/2020).

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El léxico connotado de la lengua general

En su expansión hacia cualquier ámbito lingüístico necesario, se entraría en lo que puede ser considerado creación léxica ad hoc. Un caso concreto, ejemplo de lo anterior, sería lo que supone el estado que se define y se produce con el sustantivo confinamiento, como “acción y efecto de confinar”. Dicha creación léxica se lleva a cabo, en primer lugar, por los medios de comunicación, tanto por los propios periodistas, como por los articulistas, ambos siempre atentos a lo que se difunde por las redes sociales; y posteriormente, en la comunicación política por parte, evidentemente, del gobierno y del resto de fuerzas políticas y sindicales.

Todo lo anterior podría ejemplificarse en creaciones léxicas como las siguientes: “Los ‘mcrefugiados’ de Hong Kong. El coronavirus deja en la calle a medio millar de indigentes por el cierre nocturno de locales” (La Vanguardia, 07/04/2020); “Covidiotas. ¿No sería posible, además de repartir mascarillas, distribuir bozales y camisas de fuerza? (El Periódico, 19/04/2020; o, por último, “Los “policías de balcón” que insultan a discapacitados y sanitarios por estar en la calle” (El País, 26/03/2020).

En el primer caso el neologismo formado por acronimia proviene del inglés McRefugees, aunque tenga un origen japonés. Se adapta al español con la traducción del segundo componente de la palabra con el mismo significado, es decir, adjetivo que hace referencia a los indigentes que pasan las noches en los restaurantes de esta cadena. Y, aunque creado para cualquier situación de indigencia, se aplica en concreto a las circunstancias de la epidemia de COVID-19. En el segundo ejemplo, covidiotas se crea por composición mediante la adición de dos palabras en una, el nombre del virus más el adjetivo idiota, y su definición es la resultante de la asignación de sus significados, el covidiota es aquel que actúa de forma errónea y criticable en la crisis del coronavirus. A su vez, en el tercer ejemplo, en la expresión sintagmática poli de balcón, el adyacente de balcón singulariza a aquellas personas que desde su casa observan conductas que no se adecuan a las dictadas por el confinamiento y las denuncian.

El uso de este tipo de léxico connotado como integrante de la COVID-19 no ha parado de aparecer en todos los ámbitos públicos. Así, por ejemplo, ha sido habitual el empleo de las llamadas expresiones o metáforas lexicalizadas que son utilizadas en la lengua estándar con unos significados ya conocidos por todos los hablantes, como en el caso de salir del túnel o ver la luz: “China comienza a ver la luz al salir del túnel del Coronavirus” (Público 22/03/2020). También ha aparecido la creación de un cierto léxico críptico para cuestiones sociales delicadas y preocupantes como ha sido el caso de solicitar en las farmacias la mascarilla 19: “Mascarilla 19: el grito de auxilio de la mujer maltratada en las farmacias”, El Español, 24/03/2020), para alertar sobre la violencia de género que sufría la mujer que la pedía y que no podía avisar de su situación porque tenía a su maltratador en casa siempre. E incluso, el chiste o la mofa para denunciar muchas de las situaciones vividas como la creación de la voz menoscarilla para alertar de la falta de mascarillas en los centros médicos en las primeras semanas de la epidemia.

Definitivamente la lengua de la calle, la lengua de las redes, la lengua de los medios de comunicación crean este tipo de palabras para designar tanto acciones, como calificativos hacia personas que han surgido en la etapa del confinamiento. En esta acción siempre se pueden observar dos finalidades, la primera, designativa, dentro de la función referencial del lenguaje; la segunda, expresiva, al intensificar el discurso de aquel que las emplea, con clara voluntad personal. Evidentemente, este tipo de léxico, al ser adoptado rápidamente por los medios de comunicación, consigue rápidamente una difusión importante.

En conclusión puede afirmarse que la lengua de la epidemiología y, en concreto, el léxico de la COVID-19 que la integra es un ejemplo del funcionamiento del código lingüístico que supone una lengua. Para su formación se utilizan los procedimientos externos (préstamos lingüísticos) e internos (derivación, composición, parasíntesis, siglación y acronimia) propios de la lengua castellana para estos menesteres, así como también la creación de metáforas y juegos de palabras. Por lo que, tanto en su uso como en su función, se manifiestan las necesidades comunicativas y expresivas que necesitamos las personas en nuestro intento de ver y comprender el mundo y de relacionarnos lingüísticamente como sociedad. Por ello, en el uso y en la creación léxica ante la COVID-19 se manifiestan tres necesidades lingüísticas básicas: la necesidad de comprender los conceptos y las realidades nuevas, la necesidad de nombrar lo nuevo y la necesidad de compartir los sentimientos, que, en definitiva, el código del español trata de satisfacer.


CITA BIBLIOGRÁFICA: J.J. Martínez Egido, “La necesidad comunicativa en tiempos de pandemia: el léxico de la COVID-19″, Recensión (Número doble), vols. 4-5, Madrid, Recensión, 2021 [Enlace: https://revistarecension.com/2021/01/17/la-necesidad-comunicativa-en-tiempos-de-pandemia-el-lexico-de-la-covid-19/ ]