RODRIGO SÁNCHEZ ARÉVALO

RESEÑA. Autor: Ivan López Martín
Vol. 1 / enero 2019

González Rolán, Tomás, J.M. Baños Baños, A. López Fonseca y J. M. Ruiz Vila, Rodrigo Sánchez de Arévalo. Epistolario completo, Madrid, Escolar y Mayo, 2016, 581 pp. (ISBN: 978-84-16020-51-5)

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epistolario_cubiertaUn problema muy importante a solucionar de la antigua cultura hispana, sin el cual es inviable llegar a la dilucidación del conjunto, por razones quizás evidentes y que no hace al caso aquí reconsiderar, es el de algunos de los más significativos autores medievales castellanos, aún pendientes nada menos que de edición o traducción del latín al español. El grupo de investigación dirigido por el profesor Tomás González Rolán en la Universidad Complutense, que comenzara su andadura hace ya más de una década, conocedor de la extraordinaria relevancia de estos antiguos autores, tomó la decisión de abordar el problema y se puso manos a la obra. Uno de los autores indispensables que estaba a falta de reconstruir es Rodrigo Sánchez de Arévalo. Entre las operaciones realizadas por estos investigadores se encuentra la edición crítica y traducción del epistolario completo de este humanista castellano.

Sánchez de Arévalo, teólogo, filósofo y orador segoviano fue nombrado alcaide de la prisión del castillo romano de Sant’Angelo por el papa Pablo II (1464-1471). Durante el desempeño de su cargo en la prisión, mantuvo correspondencia con los presos humanistas de la Academia Romana, “acusados de conspiración política contra el poder papal y de llevar una vida licenciosa y herética” (p. 9). Fue este humanista el único, pues ni el papa ni los cardenales se dignaron a contestar las cartas de los presos, que respondió sus misivas y les ofreció un trato humano por medio de una correspondencia muy copiosa. Este grupo investigador, encargado de estudiar la cultura hispano-latina de los siglos XIII-XV y, más concretamente, la difusión en Castilla del Humanismo italiano, ya ofreció el intercambio epistolar entre los presos humanistas y el alcaide (Ex Castro. Cartas desde la prisión papal de Sant’Angelo entre los humanistas de la Academia Romana y su alcaide, Rodrigo Sánchez de Arévalo, Madrid, Ediciones Clásicas, 2008). Sin embargo, no se había cumplido todavía el deseo del historiador García Villoslada, quien anhelaba una edición crítica completa del epistolario de “aquel español que, sin haber salido totalmente del Medioevo, admira las conquistas del Humanismo”. El volumen que nos ocupa recoge por vez primera todas las misivas del alcaide Sánchez de Arévalo en edición crítica y muy cuidada traducción.

     La sólida y extensa introducción (pp. 17-137) del volumen sitúa la figura de Sánchez de Arévalo en su contexto histórico, cultural y religioso. En primer lugar (pp. 19-28), se examina la postura de la Iglesia Católica frente a la cultura clásica y su evolución desde el decreto de Teodosio De fide catholica hasta el Humanismo y su acercamiento a la cultura y literatura antiguas, centrándose en la posición de los papas del siglo XV (Inocencio VII, Eugenio IV, Nicolás V, Calixto III, Pío II y Pablo II) y su tolerancia hacia los humanistas. La posición de la Iglesia ante los humanistas de la Academia Romana se examina en el siguiente epígrafe (pp. 28-43). El papa Pablo II, vanidoso e “intelectualmente mediocre” (p. 28), protagonizó numerosos enfrentamientos, guerras e intrigas durante su papado, que fue políticamente periodo turbulento. En este sentido se inserta la supuesta conjura en 1468 contra el poder absoluto del papado por parte de diversos humanistas de la Academia Romana, que significó un golpe definitivo a los amantes de la Antigüedad Clásica. Se analizan, tomando tanto las investigaciones modernas como los informes diplomáticos del momento, las acusaciones de herejía e inmoralidad que sufrieron los conjurados y las distintas votaciones del jurado para su castigo o absolución.

     El siguiente epígrafe (pp. 43-57) estudia el papel que desempeñó el carcelero Sánchez de Arévalo con los humanistas arrestados, quienes sufrieron innumerables torturas durante los primeros meses de encarcelamiento. Por otra parte, en las cartas de Arévalo se muestra la evolución del pensamiento del alcaide de Sant’Angelo, quien, en sus primeras cartas habla de “tu Cicerón” (p. 147) pero, en un estadio posterior de su pensamiento, menciona a “nuestro Lucio Aneo Séneca” (p. 347). En principio, Rodrigo Sánchez de Arévalo estaría de acuerdo con los postulados de Pablo II, pero debió de parecerle desmesurado el encarcelamiento de los humanistas, con los cuales se mostró muy benévolo y se aplicó a promover, por medio de sus misivas, la actividad humanista de la Academia Romana.

     El cuarto punto de la Introducción (pp. 57-77) incluye la edición crítica y traducción del relato de Platina sobre la supuesta conjura contra Pablo II y los castigos sufridos por una parte de los conjurados. El siguiente epígrafe (pp. 78-94) explica y desgrana el contenido de los cinco apéndices del volumen, consistente en la edición crítica y traducción de otras cartas de Arévalo a Agustín Maffei, a Francesco dell’Anguillara, a Alfonso de Palenzuela, a Fernando de Torres y a Pablo II. El estudio de la tradición manuscrita de las cartas de Arévalo (pp. 94-107) está dividido en dos bloques. El primero de ellos estudia la transmisión de la correspondencia mantenida con los humanistas presos, conservada en tres manuscritos distintos, y el segundo analiza las cartas editadas en los apéndices. Por último, la bibliografía (pp. 108-133) aparece distribuida, como es usual, en dos partes, la de las obras del autor y la de estudios sobre el mismo. Los criterios de edición y el conspectus siglorum cierran esta copiosa introducción.

     El epistolario completo (pp. 137-540) sitúa, en primer lugar, las cartas entre los humanistas y el alcaide y, por último, en cinco apéndices distintos, el resto de cartas que conforman el conjunto total de las misivas del humanista segoviano. La edición, bilingüe, confronta texto latino con aparato crítico (página izquierda) con la traducción castellana (página derecha), fluida, libre de notas y muy revisada “para ofrecer una versión en castellano lo más fiel posible, en el fondo y en la forma, al original latino” (pp. 14-15). Cierra el volumen un glosario de nombres propios donde se realiza una pequeña presentación de las figuras que aparecen a lo largo de las cartas, un índice de abreviaturas y el índice de fuentes (pp. 541-578).

      La presente edición ayuda a comprender ese momento fronterizo en que una nueva concepción humanista del mundo se abre paso desde el anclaje de la cultura medieval, mostrando cómo el humanista castellano, un hombre de Iglesia, se sirve, evidentemente, de las Sagradas Escrituras y los Padres de la Iglesia, de Petrarca y, desde él, de san Agustín, Cicerón, Séneca y los historiadores latinos, en un interesante intento de conciliación de Cristianismo y Humanismo. Sánchez Arévalo trabaja, pues, en el resorte clave de la civilización europea. Contamos ahora, por tanto, con una nueva realización en la línea que ha guiado a este grupo de investigadores, a saber: demostrar la existencia de un humanismo castellano del siglo XV negado por muchos autores.