EL PRIMITIVO “FONDO CISNERIANO” COMPLUTENSE: LOS MANUSCRITOS MEDIEVALES DEL COLEGIO MAYOR DE SAN ILDEFONSO

INFORME / INVESTIGACIÓN. Autores: Antonio López Fonseca (Universidad Complutense de Madrid) y Álvaro Cancela Cilleruelo (Universidad de Salamanca)
Vol. 2 / julio 2019

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1. El Patrimonio Bibliográfico complutense: del «fondo cisneriano» al siglo XXI

No cabe duda de que el Patrimonio Bibliográfico constituye uno de los grandes valores de las universidades españolas, y así es en el caso de la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid, uno de los más valiosos de las bibliotecas universitarias españolas (López Fonseca 2019). La Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» recoge los fondos bibliográficos antiguos y valiosos y tiene entre sus misiones la conservación, salvaguarda y difusión del Patrimonio Bibliográfico de especial protección, en el que se incluyen los manuscritos. Este riquísimo fondo, que tuvo su inicio con el Cardenal Cisneros, constituye una de las colecciones más importantes de las bibliotecas universitarias, no solo desde el punto de vista cuantitativo, sino también cualitativo.

…..Cuando el Cardenal Cisneros funda, a principios del s. XVI, los estudios universitarios de Alcalá, cuya herencia acabaría recibiendo la actual Universidad Complutense de Madrid, concibió un plan de desarrollo. Una vez recibida la carta bulada de Alejandro VI en la que se autorizaba la constitución de unum collegium scolarium in quo Theologie et Iuris Canonici ac Liberalium Artium facultates legi possint, siguió tres líneas de acción, a saber, la formación de una completa biblioteca, la promoción de la producción libraria manuscrita e impresa, y el patrocinio de una rigurosa versión de la Biblia. Pues bien, la Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» conserva más de 300 ejemplares de ese fondo primitivo, tanto manuscritos como impresos, en el que se aprecia cómo la vertiente filológica tuvo un papel ancilar al servicio de las Sagradas Escrituras y del proyecto de la Biblia Políglota Complutense. En total se adquirieron 799 obras como núcleo fundacional de la Biblioteca del Colegio Mayor de San Ildefonso, fondo primitivo que ha sido extraordinariamente estudiado por Elisa Ruiz y Helena Carvajal (2011) en La casa de Protesilao. Reconstrucción arqueológica del fondo cisneriano de la Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» (1496-1509). Los fondos proceden fundamentalmente de instituciones dedicadas a la enseñanza, circunstancia esta que debe relacionarse con las primeras adquisiciones. El primer objetivo, pues, fue la creación de una copiosa «librería», de acuerdo con la denominación de la época (Ruiz García, 2019).

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…..Desde su inicio, y de manera muy especial desde que comenzaron los trabajos para la elaboración de la Biblia Políglota, el Colegio Mayor de San Ildefonso fue acumulando un extraordinario fondo de códices, hoy conocido como «fondo cisneriano». La colección iniciada por el Cardenal a principios del s. XVI, y enriquecida a lo largo de varios siglos, ha sufrido notables pérdidas a lo largo de la historia. Hoy se conservan, de ese primitivo fondo de la biblioteca ildefonsina, un total de 150 códices, de los 161 de que constaba (11 se perdieron durante la Guerra Civil), en lo que supone un conjunto de extraordinario valor dentro del rico Patrimonio Bibliográfico que la Universidad Complutense de Madrid atesora y es, precisamente, el objeto del catálogo objeto de estas líneas. El valor de estos manuscritos no solo reside en su antigüedad en tanto que objetos librarios, sino que son, además de transmisores de una serie de textos, extraordinario testimonio arqueológico de una sociedad, por lo que encierran el misterio de la creación del conocimiento.

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2. La Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla»

La Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» fue creada en el año 2001 con el fin de reunir las colecciones de libros antiguos, anteriores a 1830, de aquellas instituciones de enseñanza que, a lo largo de su historia, han conformado la actual Universidad Complutense de Madrid. El Colegio Mayor de San Ildefonso, fundado por el Cardenal Cisneros en 1499 en la villa de Alcalá, el Colegio Imperial de los Jesuitas, fundado en Madrid en 1609, luego transformado en Reales Estudios de San Isidro, y el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos, fundado por Carlos III en 1785, fueron las instituciones, todas con importantes bibliotecas, a partir de las cuales se creó la Universidad de Madrid en el s. XIX. A ellas se unieron el Real Colegio de Farmacia de San Fernando, la Escuela de Veterinaria, la Escuela Superior de Diplomática o la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado. Ya en el s. XX destaca la incorporación de las bibliotecas de la Residencia de Estudiantes y de la Residencia de Señoritas. Además, se sumaron fondos procedentes de bibliotecas particulares pertenecientes a nobles, eruditos, científicos, profesores, políticos, bibliófilos, etc. (Torres Santo Domingo 2019).

…..En la actualidad, la colección bibliográfica está compuesta por más de 6.000 manuscritos, 741 ejemplares incunables, y un volumen de impresos del s. XVI al XIX que se aproxima a los 140.000. De entre las colecciones destaca por su antigüedad y calidad la colección de manuscritos del Colegio Mayor de San Ildefonso. Aunque nos referimos a ellos como manuscritos medievales, algunos fueron copiados en los ss. XV-XVI con características renacentistas, pero, al formar parte del mismo conjunto fundacional, desde tiempos antiguos se han tratado como un único fondo librario y así se ha considerado a los efectos del presente catálogo.

…..La Biblioteca Histórica es responsable de la conservación y restauración del fondo, de las condiciones de acceso y consulta de las colecciones, y de la realización de actividades e investigaciones de difusión de sus fondos. Pues bien, desde los mismos orígenes de la Biblioteca Complutense siempre se prestó atención a la elaboración de catálogos, el corazón de la biblioteca e instrumento imprescindible para la accesibilidad de sus fondos (Torres Santo Domingo 2019: 24). Se conserva la lista de adquisiciones hechas a instancias del Cardenal Cisneros, un documento denominado Rendición de cuentas, el primer inventario de la Biblioteca del Colegio Mayor de San Ildefonso de 1512, y otros inventarios del s. XVI al XVIII en los que los impresos estaban mezclados con los manuscritos. El primer catálogo independiente de manuscritos, Index librorum manuscriptorum, está datado en 1745, elaborado por Felipe Vallejo y copiado por Antonio de la Cruz (BH MSS 307); el segundo es de 1800, Catálogo de los libros manuscritos de esta Biblioteca Complutense, a cargo de Zacarías de Luque y Francisco de León (BH MSS 336); por fin, el tercero, el benemérito Catálogo de los manuscritos existentes en la Biblioteca del Noviciado de la Universidad de Alcalá, fue publicado por José Villa-Amil y Castro en 1878, catálogo que ha servido durante más de un siglo para la identificación de los manuscritos del antiguo Colegio Mayor de San Ildefonso. Posteriormente, Manuel Sánchez Mariana (1995), primer director de la Biblioteca Histórica, ofreció un nuevo inventario sumario del fondo.

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3. La necesidad del proyecto: Catálogo de manuscritos medievales de la Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» (Universidad Complutense de Madrid)

A pesar de las más de mil referencias de artículos, comunicaciones, catálogos o exposiciones relativos al Patrimonio Bibliográfico complutense que se pueden encontrar en su Catálogo «Cisne», aún faltaba un catálogo completo del primitivo fondo manuscrito de la Universidad Complutense de Madrid. En relación con los códices medievales, desde el mencionado estudio de Villa-Amil (1878), se han llevado a cabo estudios de gran profundidad sobre algunos ejemplares o conjuntos, destacando los relativos a los códices griegos o hebreos. A pesar de contar con ese ingente corpus bibliográfico y un inventario eficaz pero incompleto, faltaba un catálogo de las características del que aquí se presenta, realizado desde criterios codicológicos actuales y que permitiera tener una visión amplia y exhaustiva de la rica colección complutense. Parece obvio que resultaba imprescindible actualizar una obra que ya cuenta con casi siglo y medio de edad.

…..Catalogar es describir una obra, en sus partes esenciales, para identificar su contenido y recuperarla en un momento dado de entre una colección determinada de obras. Así visto, un catálogo se define como un conjunto ordenado de asientos bibliográficos de los documentos de una colección con una finalidad clara, a saber, organizar dicha colección para hacer posible la recuperación de la información en ella contenida, constituyéndose de esa manera en una especie de «memoria de la biblioteca». La catalogación y descripción con criterios científicos que se presenta contribuirá a la reconstrucción y al mejor conocimiento de la historia de la Universidad Complutense de Madrid, que es también, sin duda, un elemento de indudable valor cultural.

…..Por su propia naturaleza, este fondo manuscrito, reunido para una institución universitaria, contiene códices sumamente heterogéneos, por lo que su descripción encierra muchas dificultades, algunas insolubles. La variedad temática de las obras, sus diversas fechas y sus distintas procedencias no facilitan la tarea de establecer un protocolo de descripción uniforme en los aspectos textuales, codicológicos y paleográficos. Así, un trabajo de esta naturaleza ha precisado de la participación de especialistas en distintos campos, circunstancia que ha potenciado la formación investigadora de los colaboradores que han integrado el equipo, además de procurar una deseable transversalidad y colaboración científica entre especialistas de diversa procedencia, lo que ha permitido enfocar la resolución de los muy numerosos problemas planteados de una manera multidisciplinar. No en vano, el equipo, de 25 personas, ha estado integrado por latinistas, helenistas, hebraístas, hispanistas, historiadores, historiadores del arte, codicólogos, paleógrafos, bibliotecarios, pertenecientes a 8 instituciones, un equipo interuniversitario, interdisciplinar y, algo muy importante, intergeneracional en el que han trabajado juntos han trabajado juntos investigadores e investigadoras de reconocido prestigio nacional e internacional junto con jóvenes investigadores.

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4. Originalidad y orientación general

Desde el punto de vista técnico, una de las novedades de mayor calado en la concepción del proyecto ha sido probablemente la elaboración de un plan de catalogación conjunta de códices en cinco lenguas: hebreo, arameo, griego, latín y castellano. Tradicionalmente, la descripción de manuscritos, en particular en las bibliotecas más grandes, ha implicado planes de catalogación independientes, divididos por lenguas. Esta es la situación en la que se hallan las dos bibliotecas más grandes de fondos manuscritos en España: la Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial y la Biblioteca Nacional de España, cuyas catalogaciones de fondos griegos, hebreos, latinos y romances (en ocasiones agrupados junto con los latinos) son independientes y se han elaborado conforme a criterios diversos. La inmensa colección de El Escorial ofrece un caso paradigmático: los fondos griegos fueron catalogados por Alejo Revilla (1936) y Gregorio de Andrés (1965-1967), de los latinos se ocupó Guillermo Antolín (1910-1923), los castellanos fueron inventariados por Manuel Fraile (1917-1925) y Julián Zarco (1924-1929), y los hebreos han sido descritos por José Llamas (1944) y, recientemente, Javier del Barco (2003-2006); los fondos en otras lenguas (árabe, italiano, francés, provenzal, etc.) han sido igualmente descritos en catálogos independientes[1]. El presente catálogo –que sin duda se beneficia del estudio de un fondo más acotado– rompe con esta tradición e incluye en un único volumen, y siempre bajo un mismo modelo de ficha y unos mismos criterios catalográficos, la descripción de todos los códices independientemente de su lengua y alfabeto, desde códices latinos carolingios hasta copias humanísticas castellanas, desde manuscritos griegos de origen italiano hasta códices hebreos producidos en la Península ibérica. A pesar de su rareza en el panorama general de las catalogaciones, con esta perspectiva general se rinde homenaje al excelente trabajo realizado por José Villa-Amil y Castro (1878), que ya describió en una fecha tan temprana todos los manuscritos, así como a Manuel Sánchez Mariana (1995) y su nuevo inventario sumario del fondo.

…..Un segundo aspecto original, que complementa su carácter plurilingüe, ha sido la inclusión de un capítulo específico dedicado a la descripción de los once códices perdidos durante la Guerra Civil española, en la que la Ciudad Universitaria fue frente de guerra. Por un lado, la catalogación de fondos usualmente ignora los códices perdidos (en no poca medida, por la falta de datos al respecto); publicaciones como el catálogo escurialense de códices griegos perdidos, que debemos al citado Gregorio de Andrés (1968), son en este sentido una rareza. En el caso que nos ocupa, que afectó a un códice hebreo (BH MSS 3), dos griegos (BH MSS 24 y 25) y ocho latinos (BH MSS 32, 43, 48, 60, 81, 85, 86, 100), para la descripción de la tradición perdida contábamos con las informaciones recogidas en el catálogo de Villa-Amil (1878), que examinó todos los volúmenes antes de su destrucción, y en el caso de los griegos además con las descripciones de Charles Graux complementadas y publicadas por Albert Martin en 1892 (Graux y Martin 1892). Un caso excepcional lo constituye el códice BH MSS 32, o Segunda Biblia visigótica de Alcalá, que fue totalmente destruida durante la Guerra Civil, que dañó parcialmente la Primera Biblia visigótica de Alcalá (BH MSS 31). En este caso, debido a la existencia de copias fotográficas realizadas hacia 1914 y destinadas a la elaboración de una edición crítica de la Vulgata latina, en verano de 2010 Marta Torres Santo Domingo –que ha publicado el mejor relato de este fascinante descubrimiento (Torres Santo Domingo 2011), debido a la pericia y tenacidad de Agustín Millares Carlo, Elisa Ruiz y la propia Marta Torres Santo Domingo– localizó la existencia de reproducciones en microfilm de una y otra Biblia en la Hill Museum & Manuscript Library de Minnesota (EE UU)[2]; tales reproducciones, que en último término, y a través de diversos azares, derivan de las fotografías realizadas antes de su destrucción, preservan milagrosamente sendas reproducciones íntegras de uno de los códices perdidos más valiosos y de otra Biblia gravemente dañada.

…..Mediante esta doble perspectiva, plurilingüe e integradora de los códices perdidos, se ha logrado un objetivo adicional, que constituye un tercer rasgo original del presente catálogo: su orientación histórica o arqueológica. Salvo en el caso de inventarios especiales, la catalogación de fondos afronta por lo general la descripción de un conjunto de códices conforme a su número de signatura; de acuerdo con esa sucesión, los catálogos a menudo incluyen códices de diversa procedencia, que, en un momento dado, conforme a su ingreso u ordenación, recibieron tal numeración correlativa. Tal es la situación de los códices de la Biblioteca Nacional de España, descritos en el Inventario general de manuscritos[3], o de los códices latinos de la Bibliothèque Nationale de France (París), incluidos en su Catalogue général des manuscrits latins[4]. En el presente catálogo, a pesar de que se incluyen los primeros 161 códices de la Biblioteca Histórica, su acotamiento a los manuscritos BH MSS 1-161 no solo sigue el orden de las signaturas en uso, sino que en realidad se corresponde con un hecho histórico que sobrepasa la mera sucesión de signaturas: el grueso de ellos constituye el «fondo cisneriano» de la Universidad Complutense de Madrid, y proviene del Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá. Mediante su estudio y descripción, en este sentido, no solo se describen sistemáticamente los códices más antiguos de la Universidad, sino que queda plasmado, como su estrato arqueológico más profundo, el germen originario de su biblioteca manuscrita. De la mano de los estudios precedentes (Ruiz y Carvajal 2011), con la publicación del presente catálogo se impulsan los estudios relativos a la historia de la conformación del fondo complutense y de su biblioteca, y en particular la edición de los inventarios manuscritos conservados de los ss. XVI-XIX y la identificación del origen y procedencia de los códices antes de su entrada en la biblioteca colegial.

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5. Diseño del protocolo de descripción

Desde estas coordenadas se ha diseñado un único modelo básico para la ficha de descripción de todos los códices complutenses, integrando en ella de manera coherente los tradicionales bloques de (a) contenidos textuales transcritos en el códice, (b) análisis de paleografía, codicología y decoración, y (c) historia del manuscrito[5]. En el encabezado de cada ficha, bajo la signatura del códice, se ofrece una indicación general de auto(es) y título(s), seguidos de la datación y origen, de las informaciones fundamentales sobre número de folios, material, hojas de guarda y medidas, y de su caracterización como códice unitario, misceláneo o facticio.

…..Consta a continuación la descripción completa y sistemática de los textos contenidos en el códice, que en conjunto es –en particular combinado con el aparato de índices de autores, obras y e inicios (que incluye primeros versos)– el aspecto que arroja una mayor cantidad de novedades sobre el fondo complutense. La descripción de Villa-Amil (1878), extremadamente meritoria para su tiempo, identificaba las obras mayores de buena parte de los manuscritos, pero, en las condiciones en que se elaboró el catálogo, numerosas obras constaban bajo epígrafes genéricos (del estilo de «sermones», «oraciones», «comentarios») o carecían de ediciones y estudios fiables que permitiesen una tipificación precisa; por otro lado, la identificación de no pocos autores, en particular en obras copiadas de manera anónima o bajo atribuciones falsas o dudosas (un fenómeno extremadamente corriente y problemático en la literatura medieval), era irremediablemente deficiente en su tiempo. Gracias a la aparición de repertorios fundamentales de obras y autores medievales (como el Repertorium de Stegmüller 1950-1980, o las Claves de Dekkers y Gaar 1995 o de Machielsen 1990 – en curso]), a la publicación de numerosos textos en ediciones críticas modernas y científicas, y, en tercer lugar, a la existencia de bases de datos y corpora de textos como el Thesaurus Linguae Graecae, Corpus corporum, la Patrologia Latina digitalizada o la Library of Latin Texts de Brepols, ha sido posible identificar con precisión textos, en ocasiones muy poco difundidos, cuya existencia en la biblioteca complutense no era conocida; al mismo tiempo, ello ha permitido dar cuenta también de la existencia de un buen número de obras inéditas que aguardan aún un estudio y edición crítica. Dada la demora que implica la elaboración de ediciones críticas y estudios históricos y filológicos, el verdadero impacto de tan numerosas identificaciones en este fondo será efectivo, previsiblemente, a medio o largo plazo, pero en el curso de esta catalogación varios colaboradores han publicado ya estudios monográficos sobre códices o textos del fondo complutense[6].

…..A la descripción sistemática de contenidos sigue el análisis de paleografía, de codicología (que incluye un examen de las pérdidas de folios y cuadernos) y de decoración (este último particularmente rico en determinados ejemplares). Ello ha permitido revisar buena parte de las dataciones de códices, gracias tanto a los avances en paleografía e historia del arte como a los repertorios de filigranas. Es conveniente recordar que las dataciones de Villa-Amil son anteriores a la publicación de repertorios fundamentales de filigranas, entre otros el clásico de Briquet (1907), y el examen de tales marcas, recogidas en un índice propio, permite una datación mucho más precisa en las numerosas copias ejecutadas en papel. Tras la descripción de la encuadernación, constan dos epígrafes: el primero recoge antiguas signaturas, ex libris y super libros; el segundo está dedicado a información suplementaria, principalmente sobre la historia del códice y los contenidos que transmite, y en no pocos casos recoge información de gran interés sobre el ejemplar. Cada ficha concluye con una observación sobre el estado actual de conservación y el listado abreviado de referencias bibliográficas, que remite a un único listado final, elaborado por Iván López Martín.

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6. Un caso particular: códices compuestos y facticios

Desde el punto de vista de su manufactura y elaboración, con todo, la tipología de códices conservados en un fondo como el complutense es tan variada que su adecuación a un protocolo único, necesario para la salvaguarda de la coherencia interna del catálogo, ha generado también notables dificultades teóricas y prácticas. En este sentido, conviene detenerse en un problema particular: el de los códices usualmente conocidos como «facticios» o «compuestos», esto es, los volúmenes en los que se han encuadernado conjuntamente unidades manuscritas o impresas de una factura en origen independiente y conocidas como «sectores», «secciones» o «unidades codicológicas». En este caso, el problema terminológico hace patente, en realidad, divergencias también teóricas al respecto de qué se considera «compuesto» y, en particular, «facticio», y ello ha afectado plenamente a su descripción.

…..En efecto, en algunas ocasiones, bajo una misma encuadernación se han reunido manuscritos –y en algunas ocasiones impresos– con orígenes, cronologías, lenguas o textos del todo dispares. Su reunión en ese manuscrito es fruto de que en un momento dado se decidieron encuadernar conjuntamente, por diversos motivos no siempre explícitos (similitud temática, ausencia de encuadernación o daños en esta, brevedad de las distintas unidades, etc.)[7]. Ahora bien, junto con casos de disparidad manifiesta, en otros casos un códice compuesto también puede estar formado por unidades codicológicas independientes en origen, pero copiadas en un mismo centro o lugar, en fecha idéntica o muy cercana e incluso para un mismo destinatario. Tales casos, que un conocido teórico de la codicología, Johan P. Gumbert (2004), denomina «compuestos homogenéticos», son particularmente problemáticos: por un lado, en su formación, aunque la elaboración de cada unidad es independiente, existe una coherencia interna de contenidos, datación y origen, y no pueden parangonarse a reuniones, a menudo casuales, de códices completamente independientes; por otro, en opinión de muchos estudiosos, el término «facticio», aunque corrientemente admitido para estos últimos, no es conveniente para los «compuestos homogenéticos», en la medida en que «facticio» implicaría un origen heterogéneo que no se corresponde con esta clase de manuscritos. Un segundo problema lo ofrecían los códices completados: en ocasiones, los folios dañados o incompletos del códice originario se han visto sustituidos o completados en fecha posterior por otro(s) escriba(s); ello genera un códice formado por unidades elaboradas en fecha diversa, pero no se considera normalmente un facticio, sino técnicamente un codex suppletus, esto es, un «códice suplido» o «complementado». En definitiva, los compuestos homogenéticos o los codices suppleti son solo una muestra de que, cuando un volumen está formado por varias unidades, la tipología de formas que puede adoptar es sumamente compleja.

…..Toda esta problemática ha tenido grandes consecuencias durante el desarrollo del presente catálogo. Y es que una de las mayores novedades constatadas durante su elaboración ha sido advertir que numerosos códices complutenses, hasta ahora considerados como manuscritos de factura homogénea, estaban en realidad formados por unidades en origen independientes; tales códices representaban diversas formas de compuestos que, con vistas a su descripción, exigían unos criterios al mismo tiempo coherentes y flexibles. En este sentido –y para evitar terminologías y clasificaciones demasiado complejas, relevantes para el codicólogo pero no tanto para el usuario medio de un catálogo–, se estableció una casuística general cuádruple. Los códices de manufactura homogénea se clasifican como unitarios si contienen una única obra o diversas obras de un único autor, y como misceláneos si transmiten obras de autoría diversa. Cuando el códice está formado por unidades heterogéneas, de orígenes del todo independiente, se ha empleado el término tradicional de «facticio»; en tales casos, tras una cabecera conjunta en la que se expone el número de folios totales y las unidades de las que se compone, cada unidad codicológica se ha descrito de manera individual, siguiendo el mismo modelo de los códices unitarios. A este modelo se corresponden los BH MSS 41, 47, 54, 55, 68, etc., así como el 75, en el que una copia manuscrita del s. XVI se ha encuadernado en realidad con cinco impresos. En segundo lugar, cuando un códice ha sido completado en fecha posterior debido a daños, pérdidas o lagunas, el volumen se ha considerado un codex suppletus y aparece descrito como un códice unitario, indicándose la existencia de folios suplidos tanto en la propia cabecera como, con mayor detalle, en la sección de codicología; en el fondo complutense esta tipología está muy bien representada por los varios códices hebreos que fueron completados en el s. XVI por el hebraísta Alfonso de Zamora (BH MSS 6, 7, 9 o 18), aunque no faltan códices en otras lenguas que presentan folios suplidos (BH MSS 137) o casos curiosos en los que se observa la adición de folios con vistas a completar una laguna, pero el texto suplementario nunca se introdujo y tales páginas quedaron en blanco (BH MSS 141). El caso más problemático lo han constituido sin duda los compuestos homogenéticos, para los que el término «facticio» en ocasiones es muy problemático. En tales casos, dado que la clasificación y tipología es sumamente compleja, el criterio adoptado ha respetado la consideración de cada especialista, que ha podido describir el volumen como códice unitario o como facticio. En consecuencia, algunas descripciones han adoptado el protocolo general (caso del BH MSS 27, en el que de hecho las dos unidades codicológicas, de factura independiente, han sido transcritas incluso por un mismo escriba), mientras que otras descripciones han preferido individualizar la descripción de cada unidad codicológica (caso de los BH MSS 10 o 76, este último un curioso caso de un códice a la vez compuesto y palimpsesto, formado por dos unidades independientes, para cuya elaboración, sin embargo, se empleó un mismo códice litúrgico visigótico).

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7. Conclusiones

Este catálogo, que viene a cumplir tanto con la función de la universidad pública como con los objetivos de su biblioteca y la legislación sobre Patrimonio Bibliográfico, pone a disposición de los investigadores toda la información disponible de los manuscritos medievales para convertirlo, a su vez, en una fuente para ulteriores estudios, como, por ejemplo, la edición de obras que permanecen aún inéditas o la reedición de otras ya editadas que no han tenido en cuenta los manuscritos depositados en la Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» y que deberán incorporarse a la transmisión manuscrita de las obras en cuestión. No es un punto de llegada, sino antes bien un punto de partida. La composición de un catálogo de manuscritos es una tarea ardua, exigente y, por definición, imperfecta que se debe enriquecerse con las aportaciones de otros estudiosos en el futuro, pues cada generación es un eslabón en el proceso de conocer a fondo el patrimonio cultural escrito. Este catálogo se convertirá en un icono editorial de máxima excelencia heredero de la tradición y de la innovación integradora y universalizadora del saber que, ya en la Universidad Complutense, supuso la Biblia Políglota Complutense del Cardenal Cisneros. Se trata de un libro, en cierto sentido, cisneriano también, no solo porque el fondo descrito está marcado por su figura, sino porque respeta el espíritu unitario de ese corpus primigenio.

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López Fonseca, Antonio y Cancela Cilleruelo, Álvaro (2019): «Nota a la edición», en A. López Fonseca y M. Torres Santo Domingo (eds.), E. Ruiz (dir. técnica), Catálogo de manuscritos medievales de la Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» (Universidad Complutense de Madrid), Madrid: Ediciones Complutense, pp. 37-45.

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Moreno Hernández, A. (en prensa): «La dedicatoria del Enchiridion de Pedro Díaz de Toledo (Madrid, Biblioteca Histórica de la UCM “Marqués de Valdecilla”, BH MSS 84».

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Sánchez Mariana, Manuel (1995): «Los códices del Colegio Mayor de San Ildefonso», en S. Celestino Angulo (coord.), De libros y bibliotecas: homenaje a Rocío Caracuel. Sevilla: Universidad de Sevilla, pp. 361-372.

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Torres Santo Domingo, Marta (2019): «La Biblioteca Histórica “Marqués de Valdecilla” de la Universidad Complutense de Madrid y su colección de manuscritos medievales», en A. López Fonseca y M. Torres Santo Domingo (eds.), E. Ruiz (dir. técnica), Catálogo de manuscritos medievales de la Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» (Universidad Complutense de Madrid), Madrid: Ediciones Complutense, pp. 19-26.

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Zarco Cuevas, Julián (1924-1929): Catálogo de los manuscritos castellanos de la Real Biblioteca de El Escorial, 3 vols. Madrid: Imprenta Helénica.

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NOTAS

[1] Para la Biblioteca Nacional de España la situación es similar (los códices griegos, por ejemplo, fueron catalogados por el propio Gregorio de Andrés 1987), aunque en este caso el Inventario general incluye códices en latín y otras lenguas románicas.

[2] La Hill Museum & Manuscript Library es una institución sin ánimo de lucro mantenida por la Abadía y Universidad de Saint John en Collegeville (Minnesota), dedicada a la descripción, catalogación y reproducción (tanto digital como en formato fotográfico o microfilm) de manuscritos (y de impresos raros) de todo el mundo.

[3] Existen además catálogos parciales de códices musicales, códices franciscanos, códices catalanes, códices griegos (descritos por el citado Gregorio de Andrés en 1987), etc.

[4] La Bibliothèque Nationale de France presenta una división estricta de sus códices en fondos unificados por lengua (latin y nouvelles adquisitions latines, grec, français y nouvelles adquisitions françaises, espagnol, etc.); cada fondo recibe catalogación propia y signaturas independientes.

[5] La elaboración de un protocolo de descripción constituye una problemática compleja y ha sido abordada desde perspectivas diversas. Una bibliografía selecta, relativa al problema de la descripción del códice, se halla en nuestra «Nota a la edición» (López Fonseca y Cancela Cilleruelo 2019: 37 n. 1); a ella se remite para una exposición de los criterios con los que se ha elaborado el protocolo, en particular por lo que respecta a la latinización de nombres de autor o al empleo de corchetes.

[6] Una selección de novedades al respecto, surgidas en el curso de esta catalogación, se halla en Cancela Cilleruelo (2018, 2019), Carvajal González (2018), Domingo Malvadi (2018), Durán Barceló (2018), Fernández Fernández (2017, 2018), Furtado (2017), Hernández Muñoz (2017, 2018 y en prensa) o Moreno Hernández (en prensa).

[7] Es conveniente insistir en que la sustitución de encuadernaciones es un proceso corriente en la historia de las bibliotecas, que afecta profundamente a la fisonomía y macroestructura de una colección manuscrita en general y de muchos volúmenes en particular (a menudo guillotinados): en el caso de la Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» de la Universidad Complutense de Madrid, numerosos manuscritos visten la misma encuadernación en pasta, con escudo del Cardenal Cisneros sobre ambos planos, que fue introducida en el s. XVIII y sustituyó encuadernaciones anteriores.

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