Vol. 15 / enero-junio 2026
ARTÍCULO / INFORME. Autor: Rosa M.ª Díaz Burillo (UNED)
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1. El Proyecto BECLaR*
La Biblioteca de Ediciones de Clásicos Latinos en Renacimiento, con más de una década de andadura, es un Proyecto de Investigación radicado en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y dirigido por Antonio Moreno Hernández, Catedrático de Filología Latina. El grupo de investigadores de BECLaR es interdisciplinar y está integrado por profesores de filología y bibliotecarios especialistas en fondo antiguo.

BECLaR tiene por objeto el estudio de las ediciones de textos clásicos latinos impresas en España durante el periodo incunable y en el siglo XVI, tanto en latín como en romance. Este estudio se viene acometiendo desde diferentes perspectivas: las propias de la filología y la crítica textual, de la bibliografía material, de la sociología de la lectura, así como de la historia cultural, con especial atención a la difusión del humanismo y a la conexión con Europa de las ediciones impresas en España.
Entre los principales objetivos de las investigaciones desarrolladas en BECLaR se contempla el estudio del patrimonio bibliográfico que constituye el corpus de ediciones renacentistas españolas de clásicos latinos. En este sentido, a lo largo de estos años se han identificado ediciones hasta ahora ignotas, conservadas en ocasiones en un solo testimonio, y también se han descubierto ejemplares, no catalogados antes, en bibliotecas de todo el mundo.
La descripción rigurosa de cada impreso ha permitido, por un lado, corregir errores catalográficos, y, por otro, reconocer la existencia de emisiones y estados. Tras completar la descripción de cada impreso, en BECLaR se procede a estudiar, desde un punto de vista filológico, los textos transmitidos por las ediciones examinadas. De esta manera, se aborda la génesis y la identificación de las fuentes de dichas ediciones, una labor indispensable para comprender la intervención de humanistas y editores en los textos clásicos estampados durante las primeras décadas de imprenta. Esta cuestión es clave en un momento crítico de la historia de la transmisión de los textos antiguos, pues, en pocas décadas, asistimos a la fijación de la vulgata de las obras clásicas más leídas en el Renacimiento, siempre en tensión y en constante cambio por la intervención de editores y humanistas. La relevancia de este hecho, posible gracias a la invención de la imprenta de tipos móviles, queda fuera de toda discusión: la difusión de una misma forma textual supuso un tremendo avance en la constitución de un marco de sentido y de comprensión de cada texto, común para todos los estudiosos, lo que sin duda facilitó el intercambio de ideas y el debate filológico en torno a los textos clásicos[1].
El análisis de la propia forma de cada impreso, de cómo se codifica el texto clásico en la plana, ha hecho posible igualmente la profundización en nuestro conocimiento sobre la creación y configuración del libro moderno: en escasas décadas asistimos a la introducción y normalización de los usos de capitales y de puntuación, la incorporación progresiva de índices claramente diferenciados y otros elementos paratextuales que tienen por objeto facilitar la lectura, desde los titulillos hasta la paginación impresa, entre otros. El desarrollo y la extensión de uso de esta serie de elementos guían al lector en su comprensión del texto. Con el paso del tiempo, sobre todo entrado el siglo XVI, no es rara la presencia de paratextos (epístolas y prefacios, sobre todo) en los que editores y traductores manifiestan sus inquietudes sobre los textos que han preparado o elaborado.
La imprenta potenció significativamente la difusión de las obras clásicas, que comenzaron a circular en un mayor número de testimonios y resultaban más accesibles también económicamente para un público más amplio –en cantidad, pero también en diversidad de perfiles e intereses–. Precisamente el último eje principal de las investigaciones en BECLaR lo conforma el estudio de la circulación y recepción de las ediciones renacentistas de clásicos latinos estampadas en España. El rastreo y la descripción de ejemplares, a menudo a partir de la consulta directa de los mismos, ha permitido reconocer huellas de lectura, en forma de anotaciones de diversa naturaleza y ex libris de antiguos poseedores. De esta manera, se traza el camino que ha recorrido cada testimonio y después, del análisis de conjunto, se vislumbra la circulación y recepción de las ediciones de cada tradición textual.
Resultado de estas investigaciones es el nutrido repertorio de publicaciones de los miembros del grupo de investigación, los sucesivos proyectos de investigación logrados en régimen competitivo y las numerosas participaciones en encuentros científicos y académicos. El Proyecto dispone de un Blog en Hypotheses en el que se va dando cuenta de las diversas actividades organizadas por los miembros de BECLaR.
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2. Las bases de datos de BECLaR: CICLE y CECLE
Entre los logros del Proyecto BECLaR es importante destacar las bases de datos CICLE (Corpus de Incunables de Clásicos Latinos en España) y CECLE (Corpus de Ediciones de Clásicos Latinos en España). Se trata de dos bases de datos relacionales, en línea y en abierto, a disposición de investigadores y del público en general. Ambas herramientas se encuentran en constante desarrollo y recogen los progresos en las investigaciones de los miembros de BECLaR[2].

CICLE fue presentado en junio 2015, con motivo del Curso Extraordinario «Patrimonio y Humanidades Digitales», organizado por el Instituto de Estudios Medievales y Renacentistas (IEMYR) en la Universidad de Salamanca.

Pocos años después vio la luz CECLE, cuya puesta de largo tuvo lugar en 2018, en el marco del Coloquio Internacional «The Edition of the Latin Classics in the Renaissance: Texts, Readers and Cultural Heritage«, celebrado en Madrid, en la Biblioteca Nacional de España y en la Biblioteca histórica Marqués de Valdecilla, de la Universidad Complutense de Madrid.
En una fase posterior, se ha acometido el estudio de los paratextos, incorporados a las bases de datos y también como categoría de búsqueda en el buscador avanzado de CICLE y CECLE. Esta nueva herramienta fue presentada en la Biblioteca Nacional de España en julio de 2022.
Actualmente está en desarrollo la segunda parte de CECLE, que incluye el estudio de las ediciones impresas de 1551 a 1600. Tanto en CICLE como en CECLE, la información se estructura en torno a tres categorías principales: ediciones, paratextos y ejemplares. El buscador avanzado, en el que es posible establecer y combinar diferentes criterios de búsqueda, arroja resultados articulados en torno a estas tres categorías. En relación con las traducciones, el buscador avanzado dispone de dos campos de búsqueda específicos: “idioma” (latín, español, catalán y texto latino con traducción) y “traductor”.

La información también es accesible a partir de un menú lateral, a través de las tablas de autores, obras y ediciones, lugares y fechas de impresión, autoridades intervinientes en las ediciones, ejemplares conservados y bibliotecas donde se localizan y, por último, antiguos poseedores y anotadores. Es importante subrayar que todas las entradas cuentan con hipervínculos, lo que facilita la navegación y la consulta de datos.
En BECLaR, para discernir con claridad las entradas de textos traducidos, el título de la obra latina se presenta seguido de la abreviatura de la lengua en la que se ha estampado, «trad. esp.» para las traducciones castellanas. Así, se facilita la identificación de las traducciones entre los resultados de cualquier búsqueda, sea cual sea el criterio que hayamos seleccionado para el rastreo. Esta identificación facilita también la interpretación de la información en las tablas de autores, obras y ediciones.
Dentro de la ficha de cada edición, se incorporan dos campos específicos en aquellas que transmiten textos en romance: «traductor» y «sobre la traducción». En este espacio se da cuenta de la información disponible acerca de la autoría, datación, fuentes y características de la traducción.

Por último, respecto a la organización de la información en BECLaR, es importante apuntar que desde las mismas bases de datos es posible consultar las digitalizaciones de ejemplares disponibles en línea y en acceso libre. En las fichas de las ediciones, en el repertorio de ejemplares conservados, los testimonios digitalizados figuran acompañados de un icono que conduce al archivo en cuestión, alojado en la página web de la biblioteca correspondiente. Puede consultarse, como ejemplo, la misma entrada de la edición de Facta et dicta memorabilia de Valerio Máximo (Zaragoza 1495, CICLE0104) a la que pertenece la captura de la figura.
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3. Las traducciones en BECLaR
Dentro del corpus de ediciones renacentistas de clásicos latinos en España, las ediciones de textos trasladados al castellano suponen, en algunas etapas, más de la mitad de la producción editorial de los talleres hispanos.
- Si en el buscador avanzado de CICLE lanzamos la búsqueda de ediciones en latín, obtendremos 34 resultados; en castellano, 20; en catalán, 2.
- En CECLE, los resultados son los siguientes: ediciones de texto en latín, 60; de traducciones al castellano, 72; no se encuentran ediciones en catalán ni bilingües.
- En la segunda fase de CECLE (ediciones impresas entre 1551 y 1600, aún no disponible en abierto), se han descrito 118 ediciones en latín, 87 en español; 17 de ellas son bilingües.
No obstante, para analizar estos datos, conviene tener presente que por la península ibérica circularon testimonios de ediciones de los textos en latín estampadas en Italia y en Francia; en buena medida el mercado librario español fue subsidiario de los productos editoriales foráneos. En cambio, las ediciones de traducciones al castellano o al catalán no tuvieron esta dura competencia. Sin embargo, este apunte no resta importancia al papel de las traducciones de clásicos latinos en la difusión del humanismo en España a partir del conocimiento de la literatura latina antigua.
Por otro lado, en este punto es necesario prestar una atención diferenciada a las siguientes tradiciones: los conocidos como Disticha Catonis (en los siguientes enlaces entre paréntesis, en los que solo se indica el título de la base de datos, puede consultarse el listado de todas las ediciones de cada obra; CECLE) y los Proverbios de Séneca (CICLE y CECLE).

Los Disticha conforman una colección de sentencias moralizantes con una amplísima transmisión durante la Edad Media; la versión anónima, impresa hasta en cinco ocasiones en la primera mitad del siglo XVI, se remonta a finales del siglo XIII o inicios del XIV. El exiguo patrimonio de ejemplares de los Disticha que ha llegado a nuestros días da cuenta del constante uso que se les dio, que condujo al deterioro de los impresos y finalmente a su pérdida, a lo que coadyuvó su escaso formato, pues en muchos casos se estamparon en un solo pliego y su circulación se asimilaría a la estudiada para los impresos de cordel. En este sentido, destacamos el único ejemplar conservado de la primera edición, impresa en el taller lisboeta de Germao Galharde en 1521 (CECLE0300-076a).
La traducción conocida como Proverbios de Séneca es obra de Pedro Díaz de Toledo y fue elaborada por encomienda de Juan II[3]. En la figura puede verse la portada tipográfica[4] (h. A1r) del ejemplar de Sevilla 1495, conservado en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla con la signatura BH INC FL-119 (CECLE0088-091a).
Otra tradición de enorme éxito en la imprenta española del Renacimiento fueron las fábulas de Esopo, cuya traducción castellana anónima (CICLE y CECLE) convivió con la traducción latina de Lorenzo Valla (CICLE).
En estos casos, en el marco de las ediciones de traducciones castellanas de textos latinos, resulta más evidente el hecho de que los impresores estamparon, sobre todo en los primeros años, las obras más exitosas, las cuales suponían una inversión económica segura.
A continuación, observaremos qué autores y obras clásicas latinas fueron objeto de más ediciones en castellano a lo largo de los siglos XV y XVI, una vez segregadas las tres tradiciones textuales señaladas. Las cifras corroboran el éxito de las traducciones de obras literarias latinas antiguas entre un público que iba creciendo y que ya no leía en latín, o no solo leía en latín, particularmente en la literatura que pretendía un disfrute genuino de la misma. Este patrimonio materializa un impulso que fue esencial en la difusión del humanismo renacentista en España.
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4. Traducciones castellanas de textos clásicos latinos impresas en el periodo incunable
Las traducciones de clásicos latinos estampadas en periodo incunable se concentran en la última década del siglo XV. Por orden cronológico, se trata de las siguientes:
- Séneca, selección de obra filosófica. Sevilla, 1491 (CICLE0093).
- Zaragoza, 1493 (CICLE0096).
- Valerio Máximo. Zaragoza, 1495 (CICLE0104).
- Séneca, selección de epístolas morales. Zaragoza, 1496 (CICLE0100).
- Quinto Curcio. Sevilla, 1496 (CICLE0065).
- Virgilio, Bucólicas. Salamanca, 1496 (CICLE0099).
- Tito Livio, Salamanca 1496-97 (CICLE0075).
- César, Toledo 1498 (CICLE0098).
En un primer examen, siquiera superficial, del repertorio de obras, se constata que el interés principal en esta etapa fue la historiografía, seguido de la filosofía moral y, en última instancia, de la lírica pastoril.
La producción editorial se concentró, en estos años, en muy pocos talleres: las tres ediciones de Zaragoza fueron preparadas en el taller de Pablo Hurus; las dos ediciones sevillanas, en la imprenta de Meinardo Ungut y Estanislao Polono; las dos salmantinas fueron estampadas en el mismo taller, identificado por sus características tipográficas y denominado tradicionalmente como impresor anónimo de las Introductiones de Nebrija; recientemente se han atribuido al impresor Juan de Porras. Por último, la edición del corpus caesarianum en castellano fue impresa en el taller toledano de Pedro Hagenbach.

La primera traducción castellana impresa de un autor clásico latino fue Los cinco libros de Séneca, de Alfonso de Cartagena, obra transmitida como una unidad en la que se amalgaman textos de Séneca con otros pseudosenequianos. Data de la primera mitad del XV y encuentra su razón de ser en la corte de Juan II de Castilla[5]. A tenor del número de ocasiones en las que volvió a imprimir, hasta mediado el siglo XVI, es evidente que el éxito de esta obra fue abrumador (la última edición fue Amberes 1555, CECLE20454 –los enlaces de la segunda fase de CECLE aún no son públicos–). En la figura, puede verse la portada (h. a1r) del ejemplar conservado en la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid con la signatura I 64 (CECLE0093-132a).
En segundo lugar, las dos monografías de Salustio, con el título «El Salustio Cathilinario y Jugurtha en Romançe», impresas en una única edición, corresponden a la traducción de Francisco Vidal de Noya, quien probablemente preparara el texto dos décadas antes de ser impreso[6].
Los Facta et dicta memorabilia de Valerio Máximo impresos en 1495 pertenecen a una tradición textual de más de un siglo de antigüedad: Mosén Hugo de Urríes elaboró esta traducción castellana basándose en la francesa de Simon de Hesdin y Nicolás de Godesse, del último tercio del siglo XIV[7].
El texto castellano de la selección de las epístolas morales de Séneca, autoría de Pedro Díaz de Toledo, tiene por modelo igualmente una traducción con una rica transmisión manuscrita anterior, concretamente la italiana de principios de XIV, elaborada a su vez sobre otra francesa[8].
La traducción castellana de la obra de Quinto Curcio, “Historia de Alexandre Magno”, es anónima. Su modelo es la traducción italiana de Pier Candido Decembrio, de 1437; de esta manera, esta traducción es independiente de la catalana de Lluís de Fenollet y de la castellana de Alfonso de Liñán (ambas carentes de transmisión impresa).
Las Bucólicas virgilianas en castellano recogidas en nuestro corpus fueron obra de Juan del Encina[9]. El traductor las integró en su cancionero, entre sus propias composiciones poéticas, impreso en varias ocasiones también en el siglo XVI. Juan del Encina terminó esta labor en 1496, poco antes de que el cancionero fuera llevado a la imprenta. La traducción está formulada en versos octosílabos –salvo la cuarta, en dodecasílabos–, en estrofas de pie quebrado. A diferencia de las ediciones anteriores, en las que las obras latinas se interpretan incorporando comentarios y explicaciones, Juan del Encina toma la materia lírica virgiliana y la recrea en castellano, como una pieza más de su obra poética. La materia clásica sirve, podríamos decir, de entrenamiento y ejercicio para la elocuencia y la creación lírica en castellano[10].
La traducción de Tito Livio que transmite la edición impresa en Salamanca en 1496 es la elaborada por Pedro López de Ayala. En la dedicatoria a Enrique III consta la fecha de 23 de marzo de 1404. Ya en la transmisión manuscrita del texto se había difundido la confusión acerca de las Décadas traducidas: la Década titulada como tercera es en realidad la cuarta. La edición transmite igualmente las Décadas primera, segunda y cuarta. En la figura, el recto del f. ii, tomado del ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional de Portugal, con signatura INC. 501 (CECLE0075-061a).
Por último, en el periodo incunable, la traducción del corpus cesariano, obra de Diego López de Toledo, primera estampada en lengua vulgar, está dedicada al príncipe Juan[11]. Se trata de la primera ocasión en la que, en nuestro corpus, encontramos un prólogo que es autoría del propio traductor y que fue elaborado para ser impreso.

En esta pieza, el traductor se detiene en algunos pormenores de su labor: López de Toledo equipara los logros militares de los reyes Isabel y Fernando con los de César y se propone trasladar al castellano la obra del militar romano para hacer mejores a los súbditos de los Reyes Católicos. Así, reza el prólogo: «De manera que donde falta el consejo, muy poco haze la sobra de la gente. Y pensando en esto paresçeme que devia trasladar algun libro donde lo uno y lo otro se pudiese bien conosçer, y este devia ser los commentarios de Gayo Julio Çesar, donde de todo se podia tomar enxemplo. Y que era cosa muy iniusta que fuese ignoto a vuestros subditos que no saben la lengua latina, pues son gente tan bellicosa y de tanto esfuerço, que se puede bien dezir que han fecho tantas y tan notables cosas como los mesmos romanos, y desto da bien claro testimonio la victoria del Reyno de Granada» (h. b4r, Toledo 1498, ejemplar de la BNE, INC/1670, CICLE0098-019b).
Se trata de la primera aparición de dos motivos que pocas décadas después se habrán convertido en lugares comunes en los prólogos de este tipo de traducciones: (i) el objetivo principal del traductor es hacer accesible la obra a más lectores y (ii) la traducción castellana se convierte en un instrumento de legitimación del poder real primero e imperial después. No cabe duda de que ambos deseos no son nuevos, pero sí el alcance que ahora logran gracias a la imprenta. La clave, creemos, reside en cómo –por medio de qué mecanismos y estrategias– se trata de alcanzar sendos objetivos. Para dar respuesta a esta pregunta, es necesario acometer el estudio exhaustivo e individualizado de cada una de las traducciones; en este sentido, actualmente la situación es muy desigual entre unas y otras ediciones, como comprobaremos en el siguiente apartado, pues necesariamente este estudio pasaría por la identificación de las fuentes de las traducciones y el examen del tipo de intervención que cada traductor ha realizado sobre su modelo.
En todo caso, en este punto, a las puertas del siglo XVI, observamos que, a excepción de la labor –tan dispar– de Juan del Encina y de López de Toledo, las traducciones castellanas de clásicos latinos impresas en el periodo incunable no habían sido elaboradas para su difusión impresa. Estas traducciones, en su origen, tienen por objeto facilitar la comprensión del texto a un público muy concreto, a la élite nobiliaria y regia que las encarga, y generalmente tienen una finalidad moralizante y exegética.
Los impresores toman las obras más difundidas durante las décadas anteriores y las estampan, sin solución de continuidad y sin apenas mediar intervención sobre el texto en este salto del manuscrito a la imprenta. No es extraño que el traductor quede en un segundo plano en estas ediciones, que se han despojado de los elementos paratextuales que con mayor claridad las circunscribían al ámbito de la elaboración de la traducción. A menudo el nombre del traductor no figura en ningún punto del impreso; no obstante, su autoría es de sobra conocida gracias a la difusión manuscrita precedente. Poco a poco, a lo largo del siglo XVI, el traductor fue conquistando su espacio, sobre todo en los paratextos iniciales de las ediciones, llegando a figurar su nombre, como una autoridad, en la portada de las traducciones ya plenamente humanísticas. Curiosamente, son estas las versiones en las que el traductor se ha propuesto verter al castellano con mayor fidelidad el texto latino y su propia creación, exegética o literaria –en forma de amplificationes, comentarios, etc.– queda en un segundo plano, tipográficamente bien diferenciado, o desaparece.
La revolución que supuso la imprenta aceleró ciertos cambios en los gustos del público, de manera que en pocos años, en el siglo XVI, asistimos a una ampliación en el elenco de autores, obras y géneros literarios, impresos en español.
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5. Traducciones castellanas de textos clásicos latinos impresas en la primera mitad del siglo XVI
Muchas de las traducciones estampadas en el periodo incunable siguieron imprimiéndose en la primera mitad del siglo XVI, si bien en algunos casos se evidencia que el interés del público por ellas fue desapareciendo. Las ediciones de traducciones de raigambre medieval se concentran, como era de esperar, en las primeras décadas del XVI, y poco a poco van decayendo:
- Séneca, selección de obra filosófica, trad. Alfonso de Cartagena (editio princeps de 1491). Ediciones posteriores: Toledo 1510 (CECLE0150) y Alcalá de Henares 1530 (CECLE0151).
- Salustio, trad. Francisco Vidal de Noya ( pr. 1493). Ediciones posteriores: Valladolid 1519 (CECLE0185), Logroño 1529 (CECLE0186), Medina del Campo 1548 (CECLE0187).
- Valerio Máximo, trad. Mosén Hugo de Urríes. ( pr. 1495). Ediciones posteriores: Sevilla 1514 (CECLE0154), Alcalá de Henares 1529 (CECLE0130). Se han identificado dos ediciones fantasma: Zaragoza 1529 (CECLE0192) y Toledo 1541 (CECLE0193).
- Séneca, selección de epístolas morales, trad. Pedro Díaz de Toledo ( pr. 1496). Ediciones posteriores: Toledo 1502 (CECLE0147), Toledo 1510 (CECLE0148) y Alcalá de Henares 1529 (CECLE0149).
- Quinto Curcio, trad. anónima ( pr. 1496). Edición posterior: Sevilla 1518 (CECLE0128). Sevilla 1534 (CECLE0131) transmite una nueva traducción, la de Gabriel de Castañeda.
- Virgilio, Bucólicas, trad. Juan del Encina ( pr. 1496). Ediciones posteriores: Sevilla 1501 (CECLE0286), Burgos 1505 (CECLE0284), Salamanca 1507 (CECLE0282), Salamanca 1509 (CECLE0283) y Zaragoza 1516 (CECLE0287). Se ha identificado una edición fantasma: Zaragoza 1512 (CECLE0288).
- Tito Livio, Décadas I, II y IV, trad. Pedro López de Ayala ( pr. 1496-97). Ediciones posteriores: Burgos 1505 (CECLE0169) y Toledo 1516 (CECLE0171). Zaragoza 1520 transmite una nueva traducción de la obra de Livio, elaborada por Pedro de la Vega (CECLE0134).
- Corpus cesariano por Diego López de Toledo ( pr. 1498). Ediciones posteriores: Alcalá de Henares 1529 (CECLE0175) y París 1549 (CECLE0254).
Mención aparte merece la edición de la traducción de los tratados ciceronianos De officiis y De senectute, realizada por Alfonso de Cartagena hacia 1422[12] y estampada en Sevilla en 1501 (CECLE0256), sin continuidad en el XVI.
La nómina de autores y obras impresos en castellano pronto se fue ampliando, dando cuenta de los nuevos intereses e inquietudes del público. A continuación, se propone una revisión de este corpus siguiendo el criterio de los géneros literarios a los que pertenecen las obras latinas traducidas e impresas en castellano.
Entre las obras pertenecientes a géneros literarios en verso, se encuentra el Anfitrión de Plauto que circuló en dos versiones:
-La primera, y más difundida, fue la de Francisco López de Villalobos. Su éxito estuvo determinado en buena medida por la inclusión de la traducción, a partir de Zamora 1543, en una obra más amplia, Los problemas de Villalobos. Esta fue estampada en Alcalá de Henares 1517 (CECLE0203), Zamora 1543 (CECLE0214), Zaragoza 1544 (CECLE0216) y Sevilla 1550 (CECLE0218). Se trata de una traducción en prosa con un marcado carácter didáctico, preparada para ser leída. La traducción de Villalobos transmite la interpolación atribuida al humanista Ermolao Barbaro[13].
-La segunda versión de la misma comedia plautina, en traducción de Fernán Pérez de Oliva, fue impresa en una ocasión, en Sevilla 1520-25 (CECLE0208). En la figura puede verse la portada del ejemplar conservado en la Bayerische Staatsbibliothek de Múnich, con signatura Rar. 907, en la consta el título de la versión: «Muestra de la lengua catellana en el nascimiento de Hercules. O Comedia de Amphitrion». Se trata de una adaptación realizada con un objetivo pedagógico y como prueba y ensayo de la elocuencia en castellano[14].

La poesía épica de Ovidio, las Metamorfosis, fue impresa en castellano primero en una selección de versos: nos referimos a la traducción parcial realizada por Alonso Rodríguez de Tudela, impresa en una sola ocasión, en Valladolid en 1519 (CECLE0124). Con el título «La contienda que ovieron Ajas Telamon y Ulixes antes los principes y pueblo de Grecia delante de Troya sobre las armas de Achiles despues de su muerte», esta edición transmite la traducción de met. 13 1-398 en un total de 76 octavas, estampadas en un pliego suelto. Esta traducción se ha conservado encuadernada a continuación de la Ilias Latina de Juan de Mena en los dos testimonios que han llegado a nuestros días. La siguiente figura corresponde a h. a1r del ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional de Viena con la signatura BE.8.S.76 Alt-Prunk (CECLE0124-112a).

La traducción de Ovidio con una difusión más amplia durante todo el siglo XVI fue la elaborada por Jorge de Bustamante[15]. Se trata de una versión en prosa que bebe de la tradición medieval del Ovidio moralizado. En la primera mitad del siglo, fue impresa en Salamanca, en torno a 1536 (CECLE0238), en Sevilla 1546 (CECLE0239) y Sevilla 1550 (CECLE0240).

La sátira, género genuinamente romano, tuvo una breve aparición en castellano en el siglo XVI: la décima sátira de Juvenal, en traducción de Jerónimo Fernández de Villegas, vio la luz en Burgos en 1515 (CECLE0122). La misma traducción, con modificaciones menores, se reproduce en la edición de Valladolid 1519 (CECLE0155). Esta sátira se transmitió junto a su traducción de la obra de Dante, del mismo Fernández de Villegas[16]. En la siguiente figura puede verse el inicio de la traducción, en h. Q2v, tomado del ejemplar conservado en la Biblioteca de Cataluña con signatura Bon. 7-VI-20 (CECLE0122-071a). Las sátiras en español no pudieron encontrar un espacio mayor en unas décadas en las que, poco a poco, se iba atisbando la censura que se codificaría legalmente en la segunda mitad del XVI.
Hacia 1540 vio la luz la editio princeps de la traducción de la Farsalia de Lucano elaborada por Martín Laso de Oropesa. En escaso tiempo, la obra fue estampada en Amberes c.1540 (CECLE0493) y Lisboa 1541 (CECLE0174)[17].
Ya entre los géneros en prosa, se encuentran la novela de Apuleyo y los tratados ciceronianos:
-La novela, en traducción de Diego López de Cortegana, fue impresa por primera vez en 1513, en las prensas sevillanas de los Cromberger (CECLE0271). Esta traducción ofrecía al lector un deleite literario sin cargas moralizantes ni censura. Su influencia en la literatura castellana posterior fue, sin duda, de una tremenda importancia. La tradición de esta versión de López de Cortegana, con la intervención constante de editores e impresores, tuvo continuidad en la primera mitad del siglo XVI en las ediciones de Sevilla 1520 (CECLE0272) y 1546 (CECLE0275), de Zamora 1539 (CECLE0273), de Medina del Campo 1543 (CECLE0274) y de Amberes 1551. El Índice de Valdés de 1559 incluía la obra de Apuleyo y determinaba que a partir de entonces fuese expurgado y revisado severamente por la inquisición antes de ser impreso. Creemos que en 1559 se propugna la codificación legal de una censura que, de manera sutil y sibilina, también acumulativa, había ido impregnando previamente la atmósfera intelectual y cultural española. Los límites de la autocensura son verdaderamente vaporosos y los impresores tratarían de ajustar sus propuestas al mercado del que dependían. Basta observar con atención una de las portadas anteriores a Amberes 1551 para darse cuenta, a partir de los elementos que figuran en la plana, de que la aproximación a la novela había ido modificándose antes.

A la izquierda, la figura corresponde a la portada de Zamora 1539, del ejemplar atesorado por la Biblioteca Nacional de Francia con signatura RES-R-310 (CECLE0273-057a); a la derecha, la portada de Amberes 1551 tomada del testimonio conservado en la Biblioteca Nacional de España, con signatura U/2932 (CECLE20513-019a).
-Hasta casi mediado el siglo XVI no fue impresa ninguna nueva versión de ningún tratado ciceroniano. En 1546 fue impreso el conjunto integrado por De amicitia, De officiis y De senectute, con el título «Libros de Marco Tulio Cicerón, en que tracta de los officios, de la amicicia y de la senectud», traducidos por Francisco de Támara, cuya princeps se estampó en Amberes (CECLE0258). A este corpus se añadió la traducción del Somnium Scipionis y de los Paradoxa stoicorum, en traducción de Juan de Jarava, a partir de Alcalá de Henares 1549 (CECLE0263) y Amberes 1549 (CECLE0267), y en Amberes 1550 (CECLE0299). Por último, el tratado De amicitia, exento y con el título «Libro llamado arte de amistad, con maravillosos exemplos», fue impreso Medina del Campo 1548 (CECLE0261). Se trata de la traducción de Fray Ángel Cornejo.

Hemos comprobado cómo la nómina de autores y obras se amplió a lo largo de las décadas, dando cabida a géneros que antes no habían sido traducidos al castellano. Esta tendencia continuará en la segunda mitad del XVI, época en la que, además, se asientan nuevas formas de aproximación a los textos clásicos en traducción y nuevos intereses en la producción editorial de clásicos latinos en castellano.
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6. Continuará
En la década de 1550 se vive una verdadera eclosión de traducciones humanísticas en torno a los talleres asentados en Amberes: las Flores de Séneca, de Martín Cordero, desplazarán finalmente la tradición del Séneca de Cartagena; también se traducen más comedias plautinas, como Menaechmi y Miles gloriosus en 1555.
Las ediciones bilingües latín-español adquieren un valor central en el programa pedagógico humanístico: Terencio comienza a leerse en ediciones bilingües a partir de 1577, en la traducción de Pedro Simón Abril; del mismo traductor, contamos con las ediciones, también bilingües y de un claro carácter escolar, de las Epístolas familiares de Cicerón, tradición iniciada en Tudela en 1572.
A los best sellers de las décadas anteriores se añade la Eneida de Gregorio Hernández de Velasco, impresa hasta en diez ocasiones en apenas treinta años, y el Livio de Francisco de Enzinas, con una profusa tradición editorial, aún por aclarar.
Las nuevas aproximaciones a los textos clásicos que constatamos en los impresos de traducciones del XVI revelan que la distinción entre comentar, glosar y traducir, en un sentido más próximo al que asociamos actualmente a este término, se han ido aclarando a lo largo de las décadas: en las ediciones escolares, los comentarios e interpretaciones se presentan claramente diferenciados del cuerpo de texto clásico; las traducciones dirigidas a un público más amplio, que no tienen por objeto la exégesis de un texto filosófico o el aprendizaje de la lengua latina, se liberan de largas amplificationes aclarativas y parecen ceñirse en mayor medida al texto latino. Estas tendencias han de ser revisadas exhaustivamente a partir del análisis filológico de cada tradición textual.
Esperamos que la publicación de la segunda fase de CECLE (1550-1600) contribuya a esclarecer este panorama.
NOTAS:
* El presente trabajo ha sido elaborado en el marco del Proyecto de Investigación “Estudio filológico de los textos clásicos latinos transmitidos en impresos incunables y postincunables conservados en España V” (ref. PID2022-138159NB-100).
[1] Para un estudio detallado de estas cuestiones, consúltese A. Moreno Hernández, “La literatura clásica latina en la imprenta del Renacimiento: entre la transmisión de los textos y la recepción humanística”, en A. Moreno Hernández & J. M. Valero Moreno (eds.), La edición de los clásicos latinos en el Renacimiento: textos, contextos y herencia cultural, Madrid, Ediciones Complutense, 2023, pp. 21-60.
[2] Semanalmente, un grupo de investigadores de BECLaR se reúne para continuar corrigiendo y ampliando los contenidos publicados en sendas bases de datos. Son Nuria García (BNE), Daniel Río Lago, Elvira Rodríguez, Rocío Giménez, Irene Villarroel, Manuel Ayuso y Antonio Moreno, investigadores de la UNED. A todos ellos agradezco su trabajo y su ayuda.
[3] T. González Rolán & A. López Fonseca, Traducción y elementos paratextuales: los prólogos a las versiones castellanas de textos latinos en el siglo XV. Introducción general, edición y estudio, Madrid, Escolar y Mayo, 2014, pp. 335-344.
[4] En el presente trabajo facilitamos las imágenes de algunas portadas en la idea de que el lector pueda observar la evolución de las mismas durante las primeras décadas de transmisión impresa.
[5] Sobre el paso del manuscrito al impreso, véase L. Ranero Riestra, “Los Cinco Libros de Séneca: del manuscrito al impreso”, Revista de Poética Medieval, 32 (2018), pp. 265-284.
[6] A. Carrera de la Red, “Dos manifestaciones político-culturales del siglo XV español: las primeras traducciones castellanas de las monografías de Salustio”, La corónica, 37.1 (2008), pp. 73-110. Aunque no es posible reflejar en este trabajo todos los estudios que se han dedicado a cada una de las tradiciones textuales mencionadas, lo que excedería el propósito de este informe, sí se desea dejar constancia de algunas aportaciones esenciales; igualmente, es importante señalar que muchas de estas traducciones siguen reclamando nuestra atención.
[7] G. Avenoza, “La recepción de Valerio Máximo en las Coronas de Castilla y Aragón en el Medievo”, Euphrosyne, 26 (1998), pp. 241-252. G. Avenoza, “Antoni Canals, Simón de Hesdin, Nicolás de Gonesse, Juan Alfonso de Zamora y Hugo de Urriés: Lecturas e interpretaciones de un clásico (Valerio Máximo) y de sus comentaristas (Dionisio de Burgo Santo Sepulcro y Fray Lucas)”, en T. Martínez Romero & R. Recio (eds.), Essays on Medieval Translation in the Iberian Peninsula, Castellón de la Plana, Universitat Jaume I – Creighton University, 2001, pp. 45-73.
[8] A. Zinato, “Volgarizzamenti delle Epistulae morales di L. A. Seneca e loro diffusione nella peninsola ibérica”, Annali di Ca’ Foscari. Rivista della Facoltà di Lingue e Letterature Straniere dell’Universitá di Venezia, 31.1-2 (1992), pp. 371-390.
[9] T. González Rolán & A. López Fonseca, Ob. cit., pp. 271-285. C. Alvar Ezquerra, «Las Bucólicas traducidas por Juan del Encina», en A. Pioletti, Le letterature romanze del Medioevo: testi, storia, intersezioni. Atti del V Convegno Nazionale della Società Italiana di Filologia Romanza (Roma, 1997), Roma, Rubbettino, 2000, pp. 125-133.
[10] J. Lawrence, “La tradición pastoril antes de 1530: imitación clásica e hibridación romancista en la Traslación de las Bucólicas de Virgilio de Juan del Encina”, en J. Guijarro Ceballos (ed.), Humanismo y Literatura, Universidad de Salamanca, 1999, pp. 101-121.
[11] T. González Rolán & A. López Fonseca, Ob. cit., pp. 181-188.
[12] M. Morrás Ruiz-Falcó, Alfonso de Cartagena: estudio y edición de las primeras traducciones de Cicerón, Universitat de Barcelona, 1992.
[13] M Sanfilippo & R. Díaz Burillo, “De Ermolao Barbaro a Francisco López de Villalobos: jugando a reinventar a Plauto”, Revista de Filología Románica, 33.1 (2016), pp. 111-144.
[14] F. Bertini, “I rifacimenti spagnoli dell’ Amphitruo plautino nel XVI secolo”, Studi Umanistici Piceni, XXIII (2003), pp. 221-239. M. J. Pérez Ibáñez, “El maestro Pérez de Oliva y su versión del Amphytruo de Plauto”, Euphrosyne: Revista de Filología Clássica, 24 (1996), pp. 163-182.
[15] L. Carrasco Reija, “La traducción de Las Metamorfosis de Ovidio por Jorge de Bustamante”, en J. M. Maestre Maestre et alii (eds.), Humanismo y pervivencia del mundo clásico. Homenaje al profesor Luis Gil, Alcañiz, Ayuntamiento de Alcañiz – Universidad de Cádiz, 1997, pp. 987-994. A. Pascual Zuasti, “Apuntes sobre las versiones castellanas de las Metamorfosis de Ovidio impresas en el siglo XVI con especial atención al texto de Jorge de Bustamante”, Revista Hápax, 17 (2024), 87-111.
[16] C. M. Hamlin, “La transmisión textual de la traducción de la Divina Comedia (1515): ¿del impreso al manuscrito?”, Revista de Filología Española, 93.2 (2013), pp. 273-289.
[17] Sobre el conjunto de ediciones de la Farsalia en castellano, se encuentra en proceso de evaluación el siguiente trabajo: R. Díaz Burillo, «Las ediciones renacentistas de la traducción castellana de la Farsalia elaborada por Laso de Oropesa».
CITA BIBLIOGRÁFICA: R. M. Díaz Burillo, «Las traducciones en el Proyecto Biblioteca de Ediciones de Clásicos Latinos en el Renacimiento (BECLaR)», Recensión, vol. 15 (enero-junio 2026) [Enlace: https://revistarecension.com/2026/01/28/las-traducciones-en-el-proyecto-biblioteca-de-ediciones-de-clasicos-latinos-en-el-renacimiento-beclar/ ]