Vol. 15 / enero-junio 2026
RESEÑA. Autor: Jorge Braga Riera
Oliva de Miguel Crespo, Apasionadas preferencias: la mirada del traductor. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2025, 100 pp. (ISBN: 978-84-00-11401-5)
Indagar en los motivos que llevan al traductor literario a iniciar un nuevo proyecto constituye siempre un ejercicio fascinante; más aún cuando, ya inmerso en la tarea, se enfrenta a la incesante cadena de decisiones que define dicha labor. Ese deleite se vigoriza si la protagonista del prodigio es Oliva de Miguel Crespo, filóloga, profesora y reconocida especialista que, a lo largo de su prolífica carrera, ha vertido al castellano la obra de autores tan relevantes como Henry James, Kate Chopin, Marianne Moore o Virginia Woolf, entre muchos otros.
En los últimos años, el panorama editorial se ha visto gratamente enriquecido por monografías que, desde perspectivas diversas y en primera persona, se adentran en la figura del traduttore traditore literario. Autores como Edith Grossman[1], Javier Calvo[2], Carlos Fortea[3] o Nuria Barrios[4] han explorado este territorio con singular acierto. El volumen que nos ocupa se inscribe en esa misma tradición personalista y, con un estilo sereno, invita a un viaje introspectivo que indaga en los motivos que conducen a preferir un acento determinado o a optar por una elección léxica concreta. De ahí lo pertinente del título: Apasionadas preferencias. La mirada del traductor. Con él, la autora hace suyo el célebre giro del poeta Robert Frost (“apasionada preferencia”) para legitimar esas decisiones ineludibles que obligan a escoger entre múltiples posibilidades.
Como dice De Miguel, en ocasiones basta la intuición del traductor para hallar el tono exacto, la palabra justa o el giro más adecuado (p. 20). No obstante, plasmar por escrito estas reflexiones permite al lector aprender de quienes ya recorrieron el camino y, acaso, aplicarlas a su propia práctica profesional. Eso sí, desde las primeras páginas se percibe, sin embargo, que esta obra no aspira a convertirse en un manual o tratado académico sobre las dificultades del trasvase literario entre lenguas, ni siquiera en un manifiesto reivindicativo; se configura más bien como un ensayo que ilumina aspectos de la práctica traductora vigente en pleno siglo XXI, en un tiempo cada vez más señalado por el auge de la inteligencia artificial: la necesidad de ofrecer al público nuevas traducciones y de interrogarse sobre las motivaciones íntimas del oficio.
En sintonía con lo expuesto por Van Poucke[5] acerca de los factores que generan las retraducciones, la autora combina la motivación personal con un profundo interés literario como motores de su dedicación. De ahí que subraye la relevancia de la mirada y la observación en el proceso, ilustrándolo con cuatro escritores que ha vertido al español en distintos momentos de su trayectoria vital: la norteamericana Marianne Moore (Poesía completa)[6], la inglesa Virginia Woolf (en concreto sus Diarios[7]), y los también británicos G. K. Chesterson (Autobiografía)[8] y George Orwell y su célebre 1984[9].
El caso de Marianne Moore resulta especialmente revelador, en tanto que permite abordar el género poético y sus complejas exigencias en el trasvase interlingüístico, alejándose del ya superado debate sobre la imposibilidad de traducir poesía (p. 41). Fascinada por la autora y movida por el impulso personal —común a muchos traductores literarios— de desentrañar la singularidad estilística de Moore y sus versos rupturistas, De Miguel expone sus estrategias: “Ni temor ni excesiva confianza” (p. 30), respeto por el diseño visual del verso, elección de la estrofa como unidad, atención al metro y la rima, escucha atenta a las voces feministas y consideración de la intertextualidad (este último un rasgo característico en Moore, quien recurría con frecuencia a citas explícitas o veladas). Todo ello compone un delicado encaje de bolillos que exige precisión y sensibilidad, situando a la poeta en diálogo con figuras como T. S. Eliot o Ezra Pound. La traductora lo relata con un tono ameno, salpicado de curiosidades y anécdotas personales (como su visita a la Burrell Collection escocesa para examinar un tapiz presente en uno de los poemas) que destilan, en algunos casos, cierto aire nostálgico.
La traducción de los cinco volúmenes de los Diarios de Virginia Woolf, una obra ingente de tono autobiográfico y, al mismo tiempo, crónica que revela “una clara voluntad de estilo y una perspectiva de publicación” (p. 60), constituye un reto mayúsculo. Estos textos, espejo de su tiempo y radiografía de emociones y fobias, plantean dificultades añadidas por su carácter fragmentario y su dilatación temporal, nada menos que veintiséis años de anotaciones. La traductora, consciente —como la propia Woolf— de que “las palabras no viven en los diccionarios” (p. 68), recurre al habla cotidiana y a las historias para reflejar la intención lingüística de la autora. La temporalidad, además, condiciona las elecciones léxicas en el texto de llegada y obliga a emplear notas del traductor como aliadas imprescindibles. Aunque De Miguel aspiraba en un principio a alcanzar ese “cristal traslúcido” que Norman Shapiro consideraba ideal en una buena traducción[10], admite finalmente que su mano se deja sentir en los textos resultantes, casi siempre con un propósito estético. El resultado es un hito no solo por la calidad de la versión española, sino también por haber logrado, gracias a la editorial Tres Hermanas, la primera edición íntegra de los Diarios.
El tercer bloque del volumen se aparta del Modernismo para adentrarse en Chesterton y Orwell, dos novelistas muy leídos en la España de los años cincuenta y sesenta tras sortear, milagrosamente, la censura franquista, y cuya retraducción supuso un auténtico desafío, al implicar un distanciamiento de las inercias propias de aquellas lecturas juveniles de la autora. Esta, eso sí, no les dedica tanto espacio como a sus predecesoras, y ambos aparecen, de manera inexplicable, excluidos de la lista bibliográfica que cierra el volumen. De Chesterton retraduce su Autobiografía, obra de la que queda cautivada por su punzante ironía, su apasionada vitalidad y su capacidad periodística para retratar la Inglaterra de finales del XIX y comienzos del XX.
De 1984 le atrajo especialmente un tema que hoy vuelve, una vez más, a cobrar actualidad: la utilización ideológica del lenguaje con fines perversos, así como los retos que implica trasladar a otro idioma la neolengua creada en inglés. En este sentido, la autora aprovecha para ofrecer un rápido repaso de las diversas retraducciones de esta novela rompedora, algunas publicadas por editoriales como Secker, Penguin, Salvat o Destino, que reproducen errores imperdonables incluso ya bien entrado el siglo XX. Más recientemente, en 2022, la editorial Alma volvía a editarla, quizá, tal y como desea De Miguel, con la esperanza de que se convierta en lectura obligada para los adolescentes.
La obra concluye con un comentario sobre sus últimas lecturas y una mirada retrospectiva a su trayectoria en el ámbito de la traducción, confiando en haber abierto nuevos horizontes para los lectores y, al mismo tiempo, de haber servido de guía e inspiración a sus estudiantes, futuros profesionales del sector. Satisfecha con los hallazgos, pese a lo abrupto del camino, De Miguel ofrece un testimonio valioso de la pasión y la perseverancia que exige el arte de traducir, al tiempo que celebra la fortuna de haber podido entregarse a esa vocación.
La trayectoria de Oliva de Miguel, reconocida con el Premio Nacional de Traducción 2011 por su Poesía completa de Marianne Moore y con el Premio Ángel Crespo de Traducción 2006 por la Autobiografía de G. K. Chesterton, respalda la solidez de este volumen. Sus cavilaciones se adentran en la complejidad de las escritoras modernistas, cuyas voces fragmentarias, innovadoras y a menudo herméticas plantean desafíos singulares al traductor, pero también en las ideas políticas y filosóficas de Chesterton y Orwell. En este sentido, no solo señala dificultades “técnicas”, sino también las motivaciones íntimas que impulsan la (re)traducción: el deseo de ofrecer nuevas lecturas, rescatar matices olvidados y redescubrir a los autores bajo la luz de un tiempo y una sensibilidad distintos.
A lo largo de sus cien páginas, Apasionadas preferencias: la mirada del traductor plantea preguntas esenciales: qué traducimos realmente cuando traducimos poesía, o cómo lograr que la voz del original resuene en los textos literarios de llegada, cuestiones que convierten el ensayo en un diálogo abierto con el lector. La obra, salpicada de citas y enriquecida con ilustraciones que nos transportan al universo literario de los autores seleccionados (como lo insólito de un pangolín, en homenaje al poema homónimo de Moore, o un mordedor de coral en uno de los diarios de Woolf) acentúa la riqueza de la traducción como disciplina capaz de transformar nuestra mirada sobre los textos y, en última instancia, sobre la propia realidad.
Son muchas, en efecto, las virtudes de esta monografía: su tono cercano, la capacidad de entrelazar abstracción teórica con experiencia práctica y la invitación constante a concebir la traducción como un ejercicio de curiosidad y descubrimiento. Tal vez se eche en falta algún ejemplo más extenso que permita apreciar con mayor detalle la destreza de la artífice, quien, salvo casos aislados, se complace en describir el universo literario de los escritores foráneos (muy especialmente en el caso de Marianne Moore y Virginia Woolf), pero dedica menos atención a justificar o explicar las decisiones traductoras adoptadas. Con todo, esta posible carencia no resta valor a un libro que se erige en testimonio apasionado de un trabajo exigente y, al mismo tiempo, profundamente gratificante.
NOTAS:
[1] E. Grossman, Por qué la traducción importa (trad. Elvio E. Gandolfo), Buenos Aires, Katz Editores, 2011.
[2] J. Calvo Perales, El fantasma en el libro, Barcelona, Seix Barral, 2016.
[3] C. Fortea, El texto interminable: Del análisis literario a la técnica de la traducción, Madrid, Guillermo Escolar, 2022.
[4] N. Barrios, La impostora: Cuaderno de traducción de una escritora, Madrid, Páginas de Espuma, 2022.
[5] P. Van Poucke, “Aging as a Motive for Literary Retranslation : A Survey of Case Studies on Retranslation”, Translation and Interpreting Studies, 12.1 (2017), pp. 91-115. https://doi.org/10.1075/tis.12.1.05van.
[6] M. Moore, Poesía completa (trad. Olivia de Miguel Crespo), Barcelona, Lumen, 2023 (1ª ed. 2010).
[7] V. Woolf, Diarios de Virigina Woolf (trad. Olivia de Miguel Crespo), cinco volúmenes, Madrid, Tres Hermanas, 2017-2022.
[8] G. K. Chesterson, Autobiografía (trad. Olivia de Miguel Crespo), Barcelona, El Alcantilado, 2010.
[9] G. Orwell, 1984 (trad. Olivia de Miguel Crespo), Barcelona, Editorial Alma, 2022.
[10] L.Venuti, The Translator’s Invisibility: A History of Translation, Londres y Nueva York, Routledge, 2017.
CITA BIBLIOGRÁFICA: J. Braga Riera, «La traducción: curiosidad y descubriumiento», Recensión, vol. 15 (enero-junio 2026) [Enlace: https://revistarecension.com/2026/01/24/la-traduccion-curiosidad-y-descubrimiento/ %5D