EN EL CENTENARIO DE LA MUERTE DEL AUTOR (1924-2024)
EN PORTADA. Autora: María Rosario Martí Marco
Vol. 13 / enero 2025
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I
En ocasión de la efeméride del mayor escritor checo de lengua alemana, concluidos los fastos, ya meramente celebrativos o bien académicos, es importante en nuestro tiempo recordar y subrayar que Kafka ha dado al mundo una palabra, una especificación cuyo término, “kafkiano” (“kafkasche”, “kafkaesk”), concepción o situación kafkiana, entre lo absurdo, lo injustificable, lo angustioso o lo incomprensible e incluso grotesco define con especialísima intensidad una sufriente interpretación de las cosas del mundo, o del mundo como vida práctica u onírica o como organización humana y sociopolítica actualmente viva. La poderosa dimensión psicosocial de la denominación kafkiana, razón de su éxito, o a la inversa, ha ido adaptándose a nuevas circunstancias y, todo parece indicar, se anticipaba, mediante el salto constituido, tras La metamorfosisis personal, mediante la novela El proceso al régimen creado no ya por el mundo de la Rusia soviética o por la denominada República democrática alemana, pues ya también pareciera se aviene a las más concretas circunstancias de nuestro tiempo, ya establecida la época de la posverdad.

Si Kafka, en su particular estilo, describe cada sentimiento y circunstancia con vocabulario preciso, sin embargo sus textos permanecen sujetos a diversas reinterpretaciones e identificaciones en virtud de una validez permanente que los sumerge en ambivalencia. El relato de La metamorfosis (1915) constituiría el núcleo y fundamento, definido por el horror del sujeto, un final extremado del sujeto romántico. Es un horror distinto al desplegado en la obra póstuma El proceso (1925).
Durante el tiempo de construcción de La metamorfosis, Kafka solamente hizo algunas correcciones. Los investigadores han trazado paralelismos con otros escritos anteriores que califican de posibles fuentes de inspiración. Se trataría sobre todo de las siguientes novelas: El doble de Dostoievski, David Copperfield de Charles Dickens, La nariz de Gogol y El parásito (Das Ungeziefer)[1] del danés Johannes V. Jensen (1873-1950).
Existe también un Kafka autor de un significativo textito cervantino, paradójico por así decir, en cierto modo una proyección kafkiana. Nos referiremos a él en último lugar.
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II
Se recordará que Kafka introduce al lector en la trama de La metamorfosis desde la perspectiva del narrador y protagonista, Gregor Samsa, quien nos sitúa y confronta con su punto de partida. Gregor despierta de una pesadilla turbulenta tras la que se encuentra en su cama transformado en un insecto enorme (“ungeheueren Ungeziefer”). El personaje se presenta como un hijo obediente y autoexigente, concentrado en sostener económicamente a la familia, compuesta por sus padres y una hermana, y en una labor profesional que le procura excesiva preocupación dado el comportamiento de su patrón. Gregor solo tiene un horizonte vital y recurrente: considera que en la vida solo tiene que satisfacer esa función de sobrecarga, por lo que para saldar la deuda económica contraída por sus padres sacrifica su vida personal y su destino. La transformación de Gregor en una forma de anatomía animal llama la atención sobre una situación personal inadecuada, en carencia de autoestima, al tiempo que alienante por cuanto subraya la inexistencia de un sentimiento auténtico del individuo. Realmente la metamorfosis de Gregor en un bicho desproporcionado y monstruoso tuvo lugar antes del comienzo de la historia, por tanto, se trata en este relato de cómo Gregor afronta el cambio de convertirse en el cuerpo de un insecto indeterminado, siendo todavía un ser humano. Precisamente Kafka no clarifica si Gregor se transformó en un chinche, en una cucaracha, escarabajo, escarabajo pelotero o en otro bicho de la especie. En todos los casos se trata de parásitos que se alimentan a costa de otros, lo que produce una depauperación asociada incisivamente a lo negligente, lo molesto, repugnante o que está sucio. Se trata de seres desagradables que provocan aversión, más aún si el insecto es de tamaño superior al natural y si es un monstruo. La expresión que Kafka emplea acentúa el efecto de desconcierto ante esa transmutación en un monstruo, una mudanza que tuvo lugar por la noche en medio de una pesadilla turbadora y en una fase del sueño en que la persona se encuentra vapuleada por el subconsciente. Esa transmutación en una forma con aspecto de alimaña no puede entenderse y resolverse solamente como metáfora, una alegoría o un símbolo, sino que hay que aceptarla en toda su ambigüedad y misterio. A Kafka le atormentó el insomnio durante largos periodos de su vida, lo que paradójicamente fue circunstancia óptima y fuente de inspiración para su escritura. Pero Gregor no es el sujeto agente o el creador de la realidad de El proceso (y de otros escritos), sino su consecuencia diríamos, y si su mundo familiar puede transponer una visión subyacente de estructuras sociales, su referencia fundamental es la del individuo y no la de un sistema social o sociopolítico.

Kafka utilizó el término bicho o insecto y se opuso después terminantemente a su ilustración o dibujo, cuestión que queda manifiesta en su carta al editor; de ahí que crecieran las especulaciones sobre el aspecto surrealista que va adquiriendo el protagonista Gregor en su transformación. La aparición de un insecto sobredimensionado y con entendimiento provoca la intromisión del mundo real en lo imposible y, por tanto, en el género fantástico. Kafka parte de un efecto perturbador de la historia a la vez que de un elemento humorístico o irónico, como en una fábula infantil capaz de superar a un tiempo mímesis y verosimilitud. Sin embargo, El proceso supera y transciende una fábula de requisito propiamente pueril a no ser por la dureza humana experimentada por Gregor, en una avanzada construcción literaria de atmósfera vital compleja, de realidad anómala e ilimitada en el poder del entorno que atenaza al sujeto que la padece. Este es quizás su logro último y su anticipación y readaptación creciente a nuevas circunstancias como las que apuntan en nuestro tiempo.
Sea como fuere el decurso conceptual reconstruible a partir de los escritos de Kafka, su idea del Castillo, o su formulación de La ley, el hecho es que en La metamorfosis existe una fortísima propensión a las transformaciones: se intensifica progresivamente, la conversión de Gregor en un animal similar a un insecto se interpreta asimismo y repetidamente como una mutación de la facultad mental; a Gregor le queda cada vez menos naturaleza espiritual y menos capacidad intelectual, si bien esta le auxilia con algunas reflexiones sobre su situación que encierran siempre amor, emoción y comprensión hacia su familia. En esa dinámica, el personaje no acaba de desarrollarse como insecto, pero tampoco alcanza su construcción como ser humano y se va aislando del entorno. La pérdida de la vista y de la voz, la cada vez más compleja comunicación, la indeterminación, si bien conserva el entendimiento intacto, cosa que le mantiene hasta su muerte como persona, en extremo enferma. La pérdida de la movilidad y la creciente rigidez corporal, a la que se suma la sensación de impotencia o desamparo y depresión. El encarcelamiento de Gregor puede considerarse, pues, doble. Por una parte, dentro de su cuerpo que deviene una suerte de armazón y, dentro de su habitación cerrada al exterior en el piso familiar. La evolución de la mutación, a la que se van sumando un caparazón, una mandíbula, patitas, la circunstancia de colgarse del techo, de arrastrarse, apunta a que los últimos indicios de su identidad como ser humano desaparecen progresivamente, lo cual se suele relacionar con los grandes temas existenciales de la pérdida de humanismo, de la identidad y posteriormente la soledad que todo ello genera. De hecho, la palabra checa Samsa, que es el apellido de la familia, puede traducirse en alemán como “solitario”, una imagen que condensa la situación de aislamiento y la escasa capacidad de comunicación del propio autor[2].
Al final de la historia, Kafka abandona el discurso interior del protagonista y construye los acontecimientos posteriores a la muerte de Gregor, quien llega al fallecimiento por inanición y voluntad de morir. Todo ello nos retrotrae a la necesidad básica del alimento para la subsistencia, a la preocupación por las cuestiones espirituales y al interés por el amor a uno mismo; incluso por la música, aquí descrita como un sustento que sólo puede ser de naturaleza espiritual y que se manifiesta mediante el violín de la hermana que conecta con los sentimientos de Gregor. Este pasaje puede entenderse como un clímax antes del desenlace final, tras el enfrentamiento y el rechazo familiares, pues aquí se pronuncia la sentencia de muerte de Gregor. Insistiremos en que puede calificarse todo ello como una interpretación o consecuencia del camino del sujeto romántico en una nueva época.
Al inicio del relato, la familia se alimentaba de manera parasitaria de Gregor, quien había asumido la función de mantenedor económico y alimentador, razón por la cual se sentía un ser útil. El problema de la transformación repentina de Gregor en un insecto, calificado también en el texto como bestia, como una figura que asusta, se interpreta como una expresión ambigua de la posición de este en su familia y mediante la percepción subliminal que ésta tiene de él. Se traza así la inversión en el parasitismo de Gregor comenzando a alimentarse de la podredumbre de la familia, de restos de comida o de hilos. Se puede interpretar la alteración de las relaciones del padre con el hijo y del hermano con la hermana en el contexto de la imagen del parásito, es decir, cuando Gregor ya no puede cumplir con la función como cabeza de familia, la familia que antes dependía de él, queda abandonada a su suerte; su padre, al que antes percibía como un anciano, adquiere más relevancia vital y ahora trata con rudeza a Gregor amenazándole con el puño, metiéndole a patadas en su habitación y finalmente hiriéndole al arrojarle una manzana; su hermana ve a Gregor cada vez más como una alimaña y menos como un hermano, la niña ingenua y mimada se convierte en una mujer que madura con la muerte de Gregor. Al final de la historia, ella retoma la posición de faro y esperanza de la familia. Con esos cambios funcionales en el seno de la familia queda meridianamente claro que el sacrificio de Gregor fue innecesario y que debía haberse centrado mucho antes en el desafío de mejorar su vida personal a fin de lograr un equilibrio necesario en el bienestar emocional. Tras un breve periodo de luto, la familia que se ha deshecho de todo el lastre del hijo, aparece liberada, espera resurgir de esta situación y reformularse existencialmente. Todo pareciera una inmersión suprafreudiana que en nuestro tiempo anunciaría más bien el suicidio de la familia como representación de una nueva sociedad suicida.
En cualquier caso, el relato de Kafka ciertamente no ha de reducirse solamente a un único criterio interpretativo, si bien existen circunstancias psicológicas y sociopolíticas de algún modo insalvables y que ofrecen cierto carácter inquietante y premonitorio, acaso acrecentado por un futuro de guerra europea y destrucción presentido desde la hipersensibilidad kafkiana.

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III
Kafka fue también autor de un pequeño cuento o microrrelato fantástico, La verdad sobre Sancho Panza (Die Wahrheit über Sancho Pansa, 1917), que podemos transcribir aquí dada su extrema brevedad. Plantea ahí Kafka una reflexión metaliteraria sobre la autoría de Don Quijote de la Mancha. Tras leer atentamente la novela y prestarle gran atención, Kafka hizo unas declaraciones peculiares vinculadas a la estrecha contextualidad que le procuraba. Se deduce de la afirmación de Kafka que el Quijote haya sido escrito por Sancho Panza. Una vuelta de tuerca como inversión de la autoría. Kafka reconoció, como otros, pero de muy diferente manera, que los destinos de Don Quijote y Sancho estaban entretejidos y observó la ambivalencia de que Sancho fuera anterior y posterior a Don Quijote. Es el escudero Sancho quien informa a su señor de la existencia de su libro. Sancho Panza consiguió distraer a su diablo, Don Quijote, con la ayuda de las novelas de caballería, cosa que le permitiría realizar grandes locuras sin ofender a nadie y él seguirle en sus andanzas por sentido de responsabilidad. Sancho es el símbolo de la realidad, de lo cotidiano, de un estrato popular capaz incluso de seguir a un loco; es el campesino analfabeto, buen conocedor del romancero y que brilla gracias a la posesión de una innata locuacidad y una retórica lúcida cuajada de dichos y refranes que rezuman sabiduría de siglos, de ahí que Sancho ponga innumerables veces en evidencia y ridículo a Don Quijote como consecuencia de la comicidad de las hazañas. Por su parte, Don Quijote representa al soñador romántico e idealista, amante de las novelas de caballería que lucha por llegar a ser el último caballero andante y quien con actitud de arrogancia y presunción se burla a su vez de Sancho. Ello nos conduce al presupuesto de que Sancho se vio necesitado de Don Quijote para poder sobrevivir.
Sancho Panza, si bien por lo demás nunca se jactó de ello, logró con el correr de los años y mediante la composición de una cantidad de novelas de caballería y de bandoleros al atardecer y anochecer, apartar a tal punto de sí a su demonio, al que luego dio el nombre de don Quijote, que este se lanzó irrefrenablemente a las aventuras más locas, las cuales empero, por falta de un objeto predeterminado que precisamente hubiese debido ser Sancho Panza, no hicieron daño a nadie. Sancho Panza, hombre libre, siguió impasible a don Quijote en sus andanzas, quizás en razón de un cierto sentido de responsabilidad, alcanzando con ello un entretenimiento grande y útil hasta su fin. (Traducción de Luis López Nieves)
Probablemente, el legado esencial de Kafka, la visión kafkiana del mundo, acaso en compañía de Cervantes y su elevación suprahistórica, ha llegado en nuestro tiempo a una consideración tanto de intenso valor inmediato como intrahistórico y crecientemente suprahistórico.
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NOTA BIBLIOGRÁFICA
Ha recordado Miguel Ángel Vega[3] que España, o más bien la lengua española, se inició en la cosmovisión kafkiana con La metamorfosis, publicada por la editorial de la Revista de Occidente en 1925 y que, según varios indicios, se debe a la traductora Margarita Nelken. En otras fuentes se apunta como traductor de este texto a Ramón María Tenreiro. La primera traducción fue pionera y por ello merece especial consideración, pues se adelantó en tres años a la primera traducción francesa y doce a la primera versión inglesa. En 1945 apareció de nuevo en la misma editorial en traducción de Galo Sáez, en una colección titulada de «Novelas extrañas». La publicación de las Conversaciones con Kafka de Gustav Janouch, traducidas por Jaime Ferreiro en 1956, supuso la segunda piedra en el edificio de la recepción de Kafka. A partir de ese momento casi todas sus obras han sido objeto de numerosas traducciones. Y a partir de 1980 Kafka se convierte de hecho en uno de los autores de ficción más editado. En la fenomenología de la recepción, cada editorial tiene su propia versión. Otras obras traducidas son, siguiendo a Vega: América por D. J. Vogelmann (1971), publicada antes en Argentina); La metamorfosis y El proceso por R. Krüger (1975); La metamorfosis por Pilar Fernández Galiano (1980); El proceso por Feliu Formosa (1975); El castillo por Luis Acosta (1998); La metamorfosis por Juan José del Solar (1999); El proceso (2002), El castillo (2002) y El desaparecido (2003) por Miguel Sáenz; La transformación y otros relatos (1991, 2011) por Ángeles Camargo; Aforismos kafkianos por Adan Kovacsics, Andrés Sánchez Pascual y Joan Parra (2006, 2012); Carta al padre y otros escritos (1999), Cuadernos en octavo (1999), Cartas a Milena (2015) y La condena (2015) por Carmen Gauger; América (2018) por Alberto Laurent. Recientemente se están reeditando varias traducciones de La metamorfosis (2015) como la de Isabel Hernández González y las Cartas a Felice por Pablo Sorozábal, etc. Existe una edición de Obras completas (1999) en estuche cartoné.

En mayo de 2024 se celebró en España el Congreso Internacional “El impacto de Franz Kafka: 1924-2024” (http://www.ub.edu/filoal/sge.html). Los investigadores hispánicos y de diversas nacionalidades han analizado la estela del impacto de la obra kafkiana en diversos autores, especialmente alemanes y españoles. Próximamente verán la luz las publicaciones derivadas de los estudios presentados en ese foro.
- Blanchot, M., De Kafka a Kafka. México, Fondo de Cultura Económica, 2018.
- Conchillo Martínez, Carlos A. “La búsqueda de lo real en Kafka. Literatura y Filosofía”, Revista Stoa, vol. 12, Nº 24, 2021, pp. 5-41.
- González Hernández, Óscar J., “A propósito de los cien años de La Metamorfosis, de Franz Kafka”. Revista de Ciencias Sociales y Educación, 4 (7) 2015, pp. 389-401. https://revistas.udem.edu.co/index.php/Ciencias_Sociales/article/view/1581
- Héctor, G., Kafka y la comedia: una lucha formal contra la opresión. Madrid, Araucaria, 2022.
- Llera Cantero, Luis; Juan Calvin Palomares, “Kafka: el exilio del reino”, Revista Comillas de Ciencias Humanas y Sociales, vol. 81, núm. 158-159, 2023. DOI: https://doi.org/10.14422/mis.v81.i158-159.y2023.016
- Martín Arnedo, S., “El estilo vertical en Franz Kafka”, Revista de Filología Alemana 31, 2023, pp. 65-77
- Martín Arnedo, Santiago, “Ante la ley y la experiencia del sentido en F. Kafka”. Revista Álabe 23, 2021. DOI: 10.15645/Alabe2021.23.4
- Obarrio Moreno, Juan Alfredo; Luis de las Heras Vives, El mundo jurídico en Frankz Kafka el proceso. Madrid, Dykinson, 2019.
- Palacios León, Fernando J., (Recensión): “Kafka, Franz: La metamorfosis. Trad. y epílogo de Isabel Hernández. Prólogo de Juan José Millas. Ilustraciones de Antonio Santos. Madrid: Nørdicalibros 2015. 149 pp.”, en: Revista de Filología Alemana, vol. 24, 2016, pp. 222-227.
- Paz Gago, José Mª, “La primera traducción de un texto de Kafka a una lengua extranjera: la metamorfosis de Revista de Occidente”, en: Revista de Occidente, nº 517, 2024 (Ejemplar dedicado a: El siglo de Kafka, págs. 59-68.
- Renner, Rolf G. “Kafkas fantastischer Weg in die Moderne”, en: Das Phantastische in der deutschsprachigen Literatur: E.T.A. Hoffmann (1776-1822), coord. por Ma. Rosario Martí Marco, Jesús Pérez-García, Tübingen, Gunter Narr Verlag, 2024, págs. 207-216
- Roca Ballester, J.; N. Rius Ibarra, “Kafka y la enfermedad, entre la realidad y la escritura”. Revista Chilena de Literatura, núm. 102, 2020. https://doi.org/10.4067/S0718-22952020000200223
- Ruano, M., “Kafka Dibujante: Acerca de La Casa del Jardín de Goethe, en La Estrella, en el Parque del Ilm, en Weimar: Un Dibujo de Franz Kafka”, Revista Research, Art, Creation, vol. 7, n° 3, 2019, pp. 236-262. https://doi.org/10.17583/brac.2019.3000.
- Serrano, André; Luís de Macedo; Luís Eustáquio Soares, “Kafka y el Realismo de El Proceso contra el Naturalismo del estado de excepción de la tradición del oprimido”. Amoxtli, nº 9, 2023. https://doi.org/10.38123/amox9.321.
- Stach, R. (2021). ¿Este es Kafka? 99 Hallazgos. Trad. de L. F. Moreno. Barcelona, Acantilado, 2021.
NOTAS:
[1] https://www.projekt-gutenberg.org/jensenjo/mythenja/chap005.html (En: Mythen und Jagden)
[2] Sandra Poppe, “Die Verwandlung”, pp. 164-174, en: Manfred Engel; Bernd Auerochs (eds.), Kafka-Handbuch. Leben, Werk, Wirkung. Stuttgart, J.B. Metzler, 2020.
[3] Miguel Ángel Vega, “Kafka”, en: F. Lafarga y L. Pegenaute (eds.), Diccionario histórico de la traducción en España, Madrid, Gredos, 2009. Portal de Historia de la Traducción en España:
CITA BIBLIOGRÁFICA: M. R. Martí Marco, «Kafkiana. En el centenario de la muerte del autor (1924-2024)», Recensión, vol. 13 (enero-junio 2025) [Enlace: https://revistarecension.com/2024/12/27/kafkiana-en-el-centenario-de-la-muerte-del-autor-1924-2024/ ]