Vol. 12 / julio 2024
ARTÍCULO / REPORTAJE. Autora: Blanca Sazatornil Pinedo
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La figura de Jorge Juan ha sido protagonista de la última exposición celebrada en el Museo Naval de Madrid entre noviembre de 2023 y marzo de 2024. La muestra, comisariada por José María Moreno Martín y Blanca Sazatornil Pinedo, sirvió para conmemorar el doscientos cincuenta aniversario de su muerte y para rememorar la destacada contribución del marino a la ciencia española del siglo XVIII. El presente artículo pretende recordar el proceso de creación y diseño de la exposición, que tuvo siempre como objetivo principal ofrecer una visión conjunta de la prolífica obra de Jorge Juan y situar su figura en el lugar destacado que le corresponde dentro del panorama científico de su época.

En 2023 se cumplieron doscientos cincuenta años de la muerte de Jorge Juan, ocurrida en Madrid el 21 de junio de 1773. La conmemoración dio pie al desarrollo de una serie de iniciativas encaminadas a recuperar la figura del marino ilustrado. Entre ellas, cabe destacar la rehabilitación de su casa natal en Novelda, popularmente conocida como El Fondonet, y la inauguración de dos exposiciones dedicadas al marino, una de ellas en la propia finca rehabilitada y otra en la Casa Modernista de Novelda, que conserva el legado documental de Jorge Juan.
El Museo Naval de Madrid también quiso sumarse a la conmemoración con la organización de una exposición que permitiera recordar la importante contribución del marino a la ciencia de su siglo, prestando interés especial a su fundamental aportación a la configuración de la Armada española, así como a la repercusión de su obra en la marina del siglo siguiente. Esta influencia posterior quedó de manifiesto en distintos ámbitos, ya que Jorge Juan participó en el diseño e implantación de los tres arsenales españoles, creó el sistema de construcción naval que definió las características de los buques de guerra de la Armada a mediados del siglo XVIII y reformó las bases de la formación académica de los futuros oficiales, como director de la Compañía de Guardiamarinas.
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ESTRUCTURACIÓN DEL DISCURSO DE LAEXPOSICIÓN
Desde un primer momento, los comisarios identificamos como uno de los retos principales de la muestra la tarea de abordar de manera conjunta y unitaria la figura del marino, tratando de conjugar tanto los muchos temas que abordó como sus principales contribuciones en los distintos campos científicos. Esta labor implicó una ardua tarea de investigación que permitió identificar los principales episodios que definieron la vida del marino. Al tratarse de una exposición de tipo biográfico se optó desde un primer momento por adoptar un discurso que respetara la línea cronológica, pero buscando además una estructuración temática de las distintas facetas en las cuales trabajó a lo largo de su vida.
De esta forma, se pretendía clarificar el recorrido de la muestra identificando los principales ámbitos de actuación del marino, especialmente en la etapa central de su vida (1750-1765), cuando su actividad constante en asuntos muy diversos dificultaba la estructuración del discurso. Con esa premisa de respetar la línea cronológica, pero facilitar la comprensión de los distintos ámbitos de actuación de Jorge Juan, se optó por la organización de la muestra en cinco espacios.
El primero y el último, más reducidos, se plantearon como una introducción a su origen y formación y un epílogo dedicado a sus últimas contribuciones. La segunda unidad se dedicó a su participación en la expedición de la medida del arco del meridiano, que supuso su primer contacto con los científicos europeos de su tiempo y marcó su futuro inaugurando su obra científica. Los apartados tercero y cuarto, que compartían un mismo periodo temporal en los años centrales del siglo, se organizaron mediante criterios temáticos, atendiendo en primer lugar a la contribución de Jorge Juan al ámbito de la construcción naval y, a continuación, a su labor educativa al frente de la Compañía de Guardiamarinas y, en fin, a su papel como asesor de la corte en materias de índole científica.
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SELECCIÓN DE PIEZAS
La selección de obras sirvió para definir el espacio dedicado a cada unidad temática, destacando desde un principio por su importancia las unidades dedicadas a la medida del arco del meridiano y a la construcción naval. En ambos casos, las colecciones del propio Museo Naval fueron la base fundamental en la que se apoyó el discurso, por ser esta institución la que conserva el mayor legado de objetos vinculados al marino. Destaca especialmente la colección de instrumentos científicos empleados por la expedición para la medida del meridiano y los modelos de arsenal de los barcos construidos siguiendo el sistema constructivo de Jorge Juan, así como la importante colección bibliográfica de la obra del marino que se conserva en la Biblioteca del Museo.
Lamentablemente, la institución ha perdido recientemente el fondo documental, cartográfico y fotográfico que durante más de ciento ochenta años se fue reuniendo en dicho Museo Naval, por la decisión de escindir las colecciones reunidas en el archivo histórico del mismo con el objetivo de crear una nueva institución en la que se han integrado los fondos del antiguo Archivo del Museo Naval con los procedentes del antiguo Archivo General de la Marina «Álvaro de Bazán».[1] (Esta reordenación ha supuesto un importante menoscabo para las colecciones de uno de los museos más antiguos de España y ha significado, en el caso de la exposición, que dieciséis de las obras expuestas, en su mayoría planos cartográficos y documentos manuscritos que durante casi dos siglos pertenecieron al Museo Naval, se hayan incluido por primera vez en una muestra del Museo como préstamos de otra institución).
El número total de prestadores ascendió a quince instituciones nacionales e internacionales, que completaron con 47 obras las colecciones del Museo Naval, hasta alcanzar las 113 piezas reunidas en la muestra. Entre las obras solicitadas en préstamo cabe subrayar por su importancia en el contexto de la exposición el retrato del Gran Maestre de la Orden de San Juan, procedente de la isla de Malta, en el que se cree que aparece representado un joven Jorge Juan que podría considerarse su retrato más temprano. Igualmente destacable es el busto del marino procedente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que fue realizado a partir de su máscara mortuoria y supone, por tanto, la representación más longeva de Jorge Juan.
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DISEÑO MUSEOGRÁFICO Y RECURSOS DIDÁCTICOS
El diseño museográfico, que corrió a cargo del estudio de Ángela Juarranz, tuvo como premisa el respeto a la sobriedad y el equilibrio, asociados a los valores de la Ilustración representados en la figura de Jorge Juan. Toda la museografía fue diseñada en madera, tomando como referencia al material empleado en la construcción de los buques del siglo XVIII, y se optó por el empleo de espacios diáfanos y abiertos que facilitaran la visión general de la sala. También la elección del tono de las paredes, en un gris neutro y uniforme, que enfatizaba la sobriedad del diseño, únicamente hacía una concesión al color en los cinco tonos utilizados en los textos de sala y en los fondos de vitrina destinados a diferenciar las cinco áreas temáticas en que quedó estructurada la exposición.

Otro de los objetivos planteados por los comisarios fue subrayar el enfoque didáctico de la exposición, en especial lo relativo a divulgación de la contribución científica de Jorge Juan. Con esa finalidad se trabajó en el montaje de un audiovisual, pensado para completar el área de la expedición dedicada a la medida del arco de meridiano y que permitiera explicar de manera visual el complejo trabajo desarrollado por los científicos en los casi diez años que duró la expedición. El video se realizó a partir de las imágenes extraídas de los grabados que ilustran los libros publicados por los académicos a su vuelta Europa. Esta referencia visual permitió acercar la complejidad científica de la misión al público actual, a través de la animación de imágenes procedentes de fuentes originales.
Se desarrolló, además, otro recurso didáctico que pretendía ofrecer una aproximación alternativa a los contenidos de la muestra, a través de una aplicación de auto-guiado que introducía recursos de audio inmersivo. De esta forma, el recorrido por la exposición no se planteaba como una visita guiada al uso, sino que consistía en un relato narrado en primera persona por el secretario personal de Jorge Juan, Miguel Sanz, que fue su primer biógrafo y recogió los principales episodios de la vida del marino en su Breve noticia de la vida de Jorge Juan. La visita adoptaba así el punto de vista de un anciano Miguel Sanz que recordaba, siguiendo la línea del discurso expositivo, los momentos más importantes de la biografía de Jorge Juan, sirviéndose además de efectos sonoros que otorgasen mayor realismo a la experiencia del visitante.
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EL RECORRIDO EXPOSITIVO
El retrato de Jorge Juan[2] pintado por Rafael Tegeo en 1828 se ha convertido en la imagen más emblemática del marino, a pesar de haber sido pintado más de cincuenta años después de su muerte. Por ese motivo, el retrato sirvió como punto de partida de la exposición, a modo de presentación del protagonista. A continuación, en un espacio pensado como introducción, una línea del tiempo servía para ubicar cronológicamente algunos de los episodios más destacados de la vida de Jorge Juan, situándolos dentro de los cinco espacios expositivos, y un mapa del mundo identificaba los puntos del globo que Jorge Juan visitó a lo largo de su vida.
A partir de aquí, se iniciaba el recorrido biográfico por la vida del marino, con una primera unidad dedicada a sus «Orígenes y formación», que comenzaba con una serie de vistas de Alicante[3], ciudad donde pasó sus primeros años, y Malta[4], donde se formó como Caballero de la Orden de San Juan. Precisamente del Palacio del Gran Maestre de la Valeta, procedía el Retrato del Gran Maestre Antonio Manoel de Vilhena con pajes[5], que se mostró por primera vez en España con motivo de la exposición.[6]
También se expuso por primera vez con motivo de la muestra una Vista de Cádiz[7] de mediados del siglo XVIII, que el año anterior se había incorporado a las colecciones del Museo Naval gracias a la compra realizada por el Ministerio de Cultura, a través de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español, que tiene entre sus funciones la adquisición de obras para los museos de titularidad estatal. Este cuadro sirvió para contextualizar el paso de Jorge Juan por la ciudad gaditana, donde se trasladó en 1729 para ingresar en la Academia de Guardiamarinas y comenzar su formación como futuro oficial de la Armada.
La segunda unidad de la exposición se dedicó a «La expedición para la medida del arco del meridiano», que sin duda supuso un punto de inflexión en la vida de Jorge Juan. La expedición fue organizada por la Academia de Ciencias francesa en 1733, con el objetivo de determinar cuál era la verdadera forma de la Tierra y poner fin a la disputa que enfrentaba a científicos ingleses y franceses. Siguiendo las teorías físicas de Newton, los científicos ingleses defendían que la Tierra tenía la forma de una esfera achatada por los polos, mientras que los académicos franceses, apoyándose en las teorías de Descartes y en las mediciones geodésicas realizadas en suelo francés por los Cassini, defendían que el achatamiento de la Tierra afectaba al ecuador.
Para resolver la controversia se enviaron dos expediciones que debían medir la longitud de un grado del meridiano en el polo y el ecuador y comparar los resultados. Laponia y Quito fueron los lugares elegidos para realizar las mediciones, pero los trabajos en el Virreinato de Perú requerían de la autorización de la corona española. Felipe V dio su aprobación al proyecto, pero exigió la participación de dos jóvenes guardiamarinas, Jorge Juan y Antonio de Ulloa, que partieron de Cádiz a Cartagena de Indias para reunirse con los científicos franceses que lideraban la expedición.
El método geodésico empleado para realizar las mediciones fue la triangulación, que consistía en diseñar una red de triángulos encadenados sobre una superficie de terreno en la que los vértices se identificaban con puntos de referencia físicos reconocibles. A lo largo de este proceso se fueron calculando las medidas de los lados y los ángulos de los triángulos, a partir de los que se obtenía, mediante cálculos trigonométricos, una distancia real. Las mediciones geodésicas comenzaron en la llanura de Yaruquí, donde se estableció el primer triángulo, de 12 kilómetros de base.
A partir de ese triángulo inicial se fue desplegando una red de triangulación que llegó a extenderse sobre una superficie total de 400 kilómetros lineales, siguiendo el corredor interandino que separa las ciudades de Quito y Cuenca. Durante el desarrollo de los trabajos, los científicos tuvieron que enfrentarse a las irregularidades de una orografía con montañas de más de 4.000 metros de altitud y a la complejidad de desplazar pesados instrumentos hasta cotas tan altas. Además, tuvieron que soportar las condiciones climatológicas extremas de la cordillera andina, que complicaron las mediciones en las cumbres. Estas dificultades determinaron que la expedición a Quito se extendiera durante nueve años, mientras que la enviada en paralelo para medir el arco del meridiano en el polo Norte se resolvió en tan solo ocho meses.
Concluida la fase geodésica de la expedición comenzó la segunda fase de los trabajos, que estuvo dedicada a las mediciones astronómicas. Mediante la observación de los astros desde los dos extremos de la red de triangulación, pudieron determinar la latitud que correspondía a cada uno de los extremos y así calcular la amplitud de un grado del arco del meridiano. Los resultados obtenidos permitieron determinar la medida del arco del meridiano que pasa por Cuenca (Ecuador), es decir, el nivel de curvatura de la esfera en ese punto. El valor del grado del meridiano en Perú resultó ser de 56.768 toesas, considerablemente inferior a las 57.060 toesas de París y a las 57.437,9 toesas de Laponia. Esto resolvió la disputa en torno a la verdadera forma de la Tierra en favor de la teoría de Newton y confirmó que el planeta tenía la forma de una esfera achatada por los polos.

El espacio expositivo dedicado a la expedición a Quito se dividió en una serie de apartados temáticos. El primero, servía para presentar a los protagonistas y reunía el retrato de Antonio de Ulloa[8], compañero inseparable de Jorge Juan en los diez años que pasaron en el Virreinato del Perú, con los de los miembros de la Academia de la Ciencia francesa que encabezaban la expedición. Los retratos del geógrafo Charles-Marie de la Condamine y del astrónomo Louis Godin[9], responsable de la iniciativa de enviar la doble expedición geodésica, sirvieron para representar la parte francesa de la expedición gracias a un préstamo de la Biblioteca del Observatorio de París.
Un segundo apartado estuvo dedicado a los instrumentos empleados para los trabajos de medición, los más modernos de la época, entre los que cabe destacar el cuadrante y el nivel geodésico originales utilizados por Jorge Juan y Antonio de Ulloa, que se conservan en las colecciones del Museo Naval[10]. Se reunieron también, en el apartado dedicado a los resultados de la expedición, una selección de las principales obras publicadas por los científicos a su regreso a Europa, procedentes de la rica Biblioteca del Museo Naval. Destacan entre ellas las dos obras firmadas conjuntamente por Juan y Ulloa, Observaciones astronómicas y físicas y Relación histórica del viage a la América Meridional[11], que se editaron en 1748 adelantándose a la publicación de los resultados de los académicos franceses.
Por último, cerraba la unidad un breve apartado dedicado a los trabajos que los marinos españoles debieron desarrollar en paralelo a su labor científica, ya que en su calidad de militares debieron cumplir otras misiones, como el levantamiento de mapas, la supervisión del estado de las defensas costeras del Virreinato o la persecución de la flota inglesa del almirante Anson tras su ataque a la población peruana de Paita.
La tercera unidad temática de la exposición estuvo dedicada a otro de los elementos centrales en la obra de Jorge Juan: la «Construcción naval». Este nuevo apartado comenzaba con el encargo que Jorge Juan recibió de su principal valedor, el Marqués de la Ensenada, para viajar a Inglaterra en una importante misión de espionaje industrial que tenía como principal objetivo estudiar las nuevas técnicas de construcción naval empleadas en los arsenales británicos.
Durante su misión, que se extendió durante un año y medio, Jorge Juan logró reunir una valiosa información sobre el sistema de construcción inglés y las características de sus arsenales y consiguió contratar a decenas de maestros de construcción, que salieron de Inglaterra de incógnito para trabajar en los arsenales españoles. Además, aprovechó su estancia para estudiar las últimas innovaciones técnicas desarrolladas en Inglaterra, como la máquina de vapor y el cronómetro marino, así como para adquirir instrumentos de observación astronómica.
Destacaban entre las obras reunidas en la exposición para abordar este episodio, el retrato del Marqués de la Ensenada prestado por el Museo Nacional del Prado[12] y la carta cifrada enviada por el propio Jorge Juan desde Londres para informar de la salida en secreto de un maestro constructor inglés con destino a España, que se conserva junto a la carta descifrada en el Archivo General de Simancas[13].

El siguiente apartado estaba dedicado a una de las labores emprendidas por Jorge Juan a su regreso a España en 1750, tras su salida precipitada de Inglaterra al ser sorprendido en su misión de espía. Como continuación a la labor emprendida durante su estancia en Londres, el Marqués de la Ensenada encomendó a Jorge Juan la supervisión de las obras de construcción de los tres nuevos arsenales españoles: Ferrol, Cartagena y La Carraca (Cádiz).
Estos nuevos centros constructivos, dedicados a la fabricación y reparación de buques, jugaron un papel fundamental en la política de renovación de la Armada emprendida por Ensenada, que pretendía modernizar la escuadra española a fin de resituarla al nivel de la marina inglesa. A esa tarea estuvo dedicado Jorge Juan los siguientes doce años, durante los cuales viajó de forma constante entre los tres arsenales, encargándose de la supervisión de las obras y de la resolución de los problemas constructivos que fueron surgiendo durante el proceso de edificación.
Su aportación más importante en el diseño de los arsenales fue la construcción de los diques secos del arsenal de Cartagena, que fueron los primeros de este tipo construidos en el Mediterráneo, donde la ausencia de fuertes mareas dificultaba su vaciado. Jorge Juan resolvió el problema con un sistema de bombas de achique que empleaba la fuerza de esclavos y penados. Sin embargo, su preocupación por las duras condiciones de trabajo hizo que durante años siguiera buscando otra fuente de energía alternativa y que, ya al final de su vida, lograra aplicar la máquina de vapor, lo que supuso un primer paso fundamental en la industrialización de los arsenales.
Entre las obras expuestas para ilustrar la contribución de Jorge Juan al diseño de los arsenales, cabe destacar las vistas del arsenal de Ferrol y el arsenal de Cartagena, pintadas por Mariano Sánchez a finales del XVIII, que fueron un prestadas por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando[14], y los planos de los arsenales firmados por el propio Jorge Juan[15].
En el último apartado de esa tercera unidad, se abordaba el llamado «sistema Jorge Juan», modelo de construcción naval perfeccionado por el marino a partir del modelo inglés, al que incorporó sus propias soluciones. El nuevo sistema, que se implantó a partir de 1752, introdujo el desarrollo de planos de diseño más elaborados, que permitieron la construcción en serie a partir del ensamblaje de piezas más pequeñas, consiguiendo así un mejor aprovechamiento de la madera y un ahorro de los costes. No obstante, los primeros buques diseñados con el nuevo sistema plantearon algunos problemas que obligaron a introducir modificaciones respecto al modelo original. Estas mejoras respecto del sistema inglés son importantes pues supusieron la recuperación de algunos elementos de la construcción tradicional española, dando lugar a un sistema híbrido que consiguió sintetizar lo mejor de ambos modelos constructivos.
En este espacio se hizo muestra, sobre una gran tarima central, de los modelos de arsenal de dos de los navíos construidos bajo el «sistema Jorge Juan»: el «San Genaro» y el «Real Carlos»[16]. Este último, sirvió de inspiración al «Santísima Trinidad», último barco construido bajo el modelo constructivo de Jorge Juan, que pasará a la historia por ser el navío más grande de su época y todo un símbolo de la Armada española. Los modelos de arsenal se consideran entre las colecciones más valiosas conservadas por el Museo Naval, ya que eran diseñados como prototipos técnicos antes de la construcción de los buques reales, lo cual hace de estas piezas verdaderos documentos históricos fundamentales para conocer las características constructivas de los barcos del siglo XVIII.

La unidad cuatro de la exposición englobaba, bajo el título «La versatilidad de un genio», la labor desarrollada por Jorge Juan en el ámbito de la formación académica de los marinos de la Armada y su papel como asesor de la corte en materias científico-técnicas. Su aportación en el ámbito educativo fue emprendida desde su cargo de director de la Real Compañía de Guardiamarinas y desarrollada en paralelo a su contribución en el ámbito de la construcción naval durante las décadas de 1750 y 1760.
Para esta renovación en la formación de los oficiales de la Armada, encaminada a conseguir un perfil de marino más científico, contó con la ayuda de su antiguo compañero en la expedición para la medida del arco del meridiano, Louis Godin, al que situó al frente de la Academia de Guardiamarinas. Esta reforma educativa tendrá sus frutos en una generación de marinos, que encabezarán la marina científica de finales de siglo, en la que destacaron figuras como Vicente Tofiño, Cosme Damián Churruca, Alejandro Malaspina o José de Mazarredo.
Entre las iniciativas adoptadas por Jorge Juan para mejorar la formación de los jóvenes oficiales estuvo la creación del Real Observatorio Astronómico, que se instaló en una de las torres del Castillo de la Villa, sede a la Academia de Guardiamarinas en la ciudad de Cádiz. Esta institución, ideada como espacio de formación anexo a la Academia, fue dotada con el instrumental científico traídos desde Inglaterra por Jorge Juan y permitió mejorar los conocimientos astronómicos de los jóvenes marinos, una disciplina fundamental para la navegación.
Jorge Juan introdujo la experimentación y la práctica como elemento fundamental del aprendizaje, un recurso que empleó también en el uso de maquetas que ayudaran a los jóvenes oficiales a comprender la estructura y manejo de los barcos. Entre las piezas reunidas en el espacio dedicado a la labor del marino al frente de la Academia, cabe destacar un modelo de sección longitudinal, seguramente diseñado por el propio Jorge Juan, que tenía como finalidad mostrar de manera práctica a los jóvenes guardiamarinas las características del interior de un navío.

También se abordaba en esta unidad el papel de Jorge Juan como asesor de la corte en cuestiones de tipo técnico, como la solución a un incendio incontrolado en las galerías de las minas de Almadén o la recuperación de tres navíos hundidos en el puerto de La Habana durante el ataque de la flota inglesa de 1762. Cabe destacar también su propuesta para la creación de una Academia de Ciencias en España, iniciativa que pretendía solventar la carencia de una institución científica de referencia nacional paralela a las Academias de Ciencias de París, Londres y Berlín, de las que Jorge Juan fue miembro gracias a su prestigio en el ámbito científico europeo. Se expuso también en la muestra, gracias a un préstamo de la Biblioteca Nacional de España, el Plan de 50 ordenanzas para la Sociedad R. de Ciencias de Madrid propuesto por Jorge Juan y Louis Godin en 1753[17]. La institución no llegó a constituirse en ese momento, lo que animó a Jorge Juan a crear, con el objetivo de llenar ese vacío, la Asamblea Amistosa Literaria, una tertulia científica que se reunía en su casa de Cádiz.
El quinto y último espacio expositivo, «Últimas obras», servía como epílogo y estaba dedicado a los años finales de su vida. A pesar de su maltrecho estado de salud, que se fue agravando desde que en 1762 sufriera un «cólico vilioso convulsivo de nervios que le puso cerca del extremo de morir»[18], Jorge Juan siguió recibiendo importantes encargos de la corte. En 1767 fue nombrado embajador extraordinario en Marruecos y recorrió durante seis meses el país con el objetivo de lograr un acuerdo de paz y dos años después se le encargó la dirección del Real Seminario de Nobles de Madrid, institución que consiguió renovar en pocos años. Durante esta etapa final de su vida trabajó además en la publicación de su última obra, el Examen marítimo theórico práctico, que reunió todos sus conocimientos sobre construcción naval y navegación.
En este apartado destacaba por su interés la Carta que dejó escrita Jorge Juan al rey hallándose inmediato a la muerte[19], escrita en 1762 tras sufrir su primer ataque convulsivo. En ella, el marino advertía a Carlos III de los resultados, a su entender nefastos, que tendría para la Armada española la sustitución de su sistema de construcción naval por un nuevo modelo constructivo de tipo francés, introducido por el ingeniero naval François Gautier a partir de 1765. En su opinión, «la construcción de los navíos y demás buques destinados al uso de la Armada (que debiera ser temida), no solo es inútil en todas sus partes, sino que preveo el honor de las armas, vasallos y estados en peligro inevitable de perecer en un solo día», una advertencia premonitoria que se cumpliría años después en la batalla de Trafalgar.

El último apartado de la muestra se dedicaba a la muerte del marino, ocurrida el 21 de junio de 1773 en Madrid, y al azaroso destino de sus restos, que fueron enterrados en la desaparecida iglesia de San Martín, situada en la plaza de las Descalzas. El derribo de la iglesia en tiempos de José Bonaparte, provocó que los restos fueran trasladados a los sótanos del Ayuntamiento de Madrid, donde permanecieron hasta que en 1854 fueron recuperados y ubicados de forma definitiva en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando. El busto realizado por Felipe de Castro a partir de su máscara mortuoria[20] servía de cierre a la exposición, al tiempo que quedaba ubicado frente al retrato del joven Jorge Juan tomado en Malta, sugiriendo al visitante, a modo de conclusión, un recordatorio del recorrido de la muestra a través de los cincuenta años que separaban ambas imágenes.
Su muerte a los 60 años de edad puso fin a una extraordinaria vida dedicada a la ciencia y dispuso un legado fundamental para la ciencia española que la exposición ha tratado de difundir y reivindicar con la intención de situar debidamente la figura del marino entre los principales científicos españoles del siglo XVIII, tal y como fue reconocido por las principales instituciones de la ciencia europea de su tiempo.

Bibliografía
- JUAN, Jorge, Observaciones astronómicas y phísicas hechas de orden de S. Mag. en los Reynos del Perú. Madrid, 1773.
- SANZ, Miguel, Breve noticia de la vida de Excmo. Sr. D. Jorge Juan y Santacilia. En: Observaciones astronómicas y phísicas hechas de orden de S. Mag. en los Reynos del Perú. Madrid, 1773.
- VALVERDE PÉREZ, Nuria, Un mundo en equilibrio. Jorge Juan (1713-1773). Madrid, Marcial Pons, 2012.
- MORENO MARTÍN, José María y SAZATORNIL PINEDO, Blanca (coord.), Jorge Juan. El legado de un marino científico. Madrid, Ministerio de Defensa, 2023.
NOTAS:
[1] https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2023-2025
[2] MNM-757
[3] MNM-3671
[4] MNM-4081, MNM-4352 y MNM-4353.
[5] FAS/P1340. Palacio del Gran Maestre, La Valeta, Malta
[6] La localización del cuadro y la posible identificación de uno de los pajes con Jorge Juan fue realizada por el autor Diego García Castaño.
[7] MNM-11333
[8] MNM-756
[9] Inv.I.86 e Inv.I.80. Biblioteca del Observatorio de París.
[10] MNM-788 y MNM-787.
[11] BMN-903 y BMN-148, BMN-149, BMN-150, BMN-151.
[12] P002939. Museo Nacional del Prado.
[13] AGS,SMA,233. Archivo General de Simancas.
[14] RABASF 0399 y 0717. Real Academia de Bellas Arte de San Fernando.
[15] AHA-P-3A-31, AHA-P-3A-45, AHA-P-3A-47, AHA-P-4-9, AHA -P-2F-3. Archivo Histórico de la Armada.
[16] MNM-353 y MNM-546.
[17] MSS/11269/4. Biblioteca Nacional de España.
[18] SANZ, Miguel, Breve noticia de la vida de Excmo. Sr. D. Jorge Juan y Santacilia, Madrid, 1773.
[19] AHA 808 Ms2507 014. Archivo Histórico de la Armada.
[20] E-468. Real Academia de Bellas Arte de San Fernando.

CITA BIBLIOGRÁFICA: B. Sazatornil Pinedo, «Jorge Juan. El legado de un marino científico. Aproximación al proceso de diseño de una exposición temporal», Recensión, vol. 12 (julio-diciembre 2024) [Enlace: https://revistarecension.com/2024/09/05/jorge-juan-el-legado-de-un-marino-cientifico-aproximacion-al-proceso-de-diseno-de-una-exposicion-temporal/ ]