Vol. 12 / julio 2024
RESEÑA. Autor: Pablo A. Martín-Grande
Antonio Escohotado, Confesiones de un opiófilo. Diario póstumo (1992-2020), Barcelona, Espasa – Editorial Planeta, 2023, 200 pp. (ISBN: 978-84-670-7158-0)
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Pocas figuras tan polémicas y por tantos motivos como la del jurista, filósofo y sociólogo Antonio Escohotado. Pionero defensor del buen uso de las drogas, fue durante toda su vida su propio experimento. Y aunque “jamás promovió ni defendió el consumo de drogas, sino el derecho a tomarlas o no tomarlas”, el hecho de abanderar ideas contrarias a las corrientes convencionales –en este y en los más diversos aspectos– “le valió la inquina de pudibundos, hipócritas y arrepentidos” (cf. Almodóvar, 2024) e hizo que su obra y su legado hayan sido, en muchos casos, vilipendiados. Erudito contemporáneo, amante del estudio y el conocimiento, cuya mente prolífica exploró con agudeza los recovecos de la filosofía, la sociología y la historia, se muestra de manera singular en su diario póstumo, una obra única entre su basta producción intelectual. Una visión más cercana, dubitativa y personal. Un compendio de notas de lo más dispar ordenadas cronológicamente, en el que se tratan la vida y la muerte, la naturaleza, la religión, la política y el erotismo. Una guía hacia la vejez, un dietario psicoactivo y un libro con vocación de polémico. Todo al mismo tiempo.
Nos encontramos ante el que quizá sea el libro de Antonio Escohotado más largamente esperado, tanto por sus más fieles incondicionales como por sus detractores más acérrimos. (…) Un libro misterio, oculto, que sólo vería la luz pública tras su muerte y en torno al cual, precisamente por ese carácter arcano, se ha ido tejiendo toda una leyenda (Usó, 2023: p. 9).
Más poético en los primeros años, más psicodélico después y especialmente lúcido entre 2014 y mediados de 2017, momento tras el cual las anotaciones sobre su consumo de drogas se hacen totalmente protagonistas, sin por ello acercarse a la receta mágica que muchos esperaban encontrar en este diario. Año a año, cada vez escribía más entradas en las que buceaba en el pasado, en el presente y también en el futuro, con su bello trazo del que tan orgulloso se sentía y que tanto pesar le causaba perder progresiva e inevitablemente. Escohotado se queja a menudo de ello. Su caligrafía iba en declive debido al temblor de su mano, una mezcla entre vejez y daños colaterales de su botiquín que trataba de solventar con elegancia en forma de una adecuada dosis. Las últimas páginas del libro muestran precisamente parte de los manuscritos originales donde su lectura parece mutar en cierta medida siendo, de pronto, algo mucho más íntimo y cercano.
Las entradas sobre la postrimería de sus días resuenan como un poema épico de súplica ante el final incierto. Con valentía y entereza el protagonista se enfrenta a la cercanía del tránsito, momento en el que se cruzan los dioses con la razón y el miedo con la eternidad y en el que tantos sólo aciertan a rezar. Escota, como muchos le llamaban con cariño, sustituye lo divino por lo farmacológico y lo sobrehumano por el saber morir. Sobre lo primero se advierten en este mismo libro trazos de sus antipatías eclesiásticas (o, mejor, mesiánicas) que coinciden en fechas con los años de elaboración del primer tomo de Los enemigos del comercio, su célebre trilogía sobre el comunismo y el colectivismo, en el que equiparaba dogma cristiano con dogma socialista (cf. Escohotado, 2014 [2008]). Sobre lo segundo orbita buena parte de este diario.
Julio Tovar, en su reseña para vozpópuli, advierte la coincidencia temporal de esta publicación con la de la última novela de Michel Houellebecq que, bajo el título de Aniquilación, comparte esa misma noción de “aprender a morir” (cf. Tovar, 2024 y Houellebecq, 2022). Dice Escohotado que “para no acabar en un pataleo patético ante la Parca, ir envejeciendo debe usarse para aprender el desapego” (p. 144), algo que las religiones monoteístas siempre se han empeñado en evitar. “Qué pena dan los aferrados a seguir cuando la vida se despide de ellos” (p. 147). Y es que este es un diario de vida al mismo tiempo que un libro de muerte. El transcurrir de páginas, meses y años adentra al lector en un encuentro cada vez más frontal de Escohotado con la muerte, a la que cada vez siente más cerca. Como algunos antiguos griegos que tomaban la estoica decisión de dejar poco a poco de comer hasta dar con la muerte de una manera apacible, Escohotado trata de llegar a esa última cita recostado entre las sedas del opio, con el alma preparada, la inagotable sed de aprender viva y la conciencia tranquila. “Veo a otros viejos de mi edad intentando evitar, o saber, lo inevitable, y me da pena, y me da orgullo. Pena de ellos y orgullo de haber llegado a mi situación, donde prestarle atención a la fonética noruega y a la geología de Islandia es lo único que me permite sentir lo previo, es decir, si la vida se despide, yo me despido antes, ¿tú pataleas ante lo inevitable? Yo no” (cf. Colmenero, 2021: p. 15).
Su siempre escéptica mirada hacia la medicina moderna, mucho antes ya de los oscuros días de la COVID, le hace encontrar sus propios remedios para los males de la senectud. Su, según él, “salutífera dieta” a base de fármacos, legales e ilegales, se enriquece con un acercamiento a la naturaleza, con el estudio –hacia dentro y hacia fuera– y con el ejercicio físico como rutina. Evitando siempre las digestiones pesadas (“el más grave trabajo exigido al cuerpo”) y la glotonería, muestra siempre de un vacío subcutáneo.
Ayer y hoy fueron esplendorosos. La Tierra como residencia inmejorable. Sol y suave brisa mientras la vida vegetal se acerca a la plenitud floral, trinos armoniosos, aire transparente. Sentado mientras leía, cada hora o dos cerraba alegremente los ojos, para dormir los segundos precisos hasta topar con alguna imagen que desmerecía el presente. Reabrir los ojos entonces, bendiciendo la realidad externa, y así seguir mecido por una suspensión de la intemperie. Hedoné optima, que diría Epicuro. Existir sin dolor equivale a gloria (pp. 130-131).
Entre sus numerosas reflexiones sobre los venenos y el individuo, más focalizadas en el uso –mal uso– que se da a las drogas, encontramos una crítica a esa cultura del espectáculo a la que ya se referían Vargas Llosa (2023 [2012]), Carr (2023 [2010]) o Debord (2005 [1967]). Escohotado defiende en esta entrada de febrero de 2014, siempre con guiños a su admirado Ernst Jünger, que el consentirse o no al desasosiego, la prisa y la falta de substancia es el quid oculto tras el hecho: “Veo a mi alrededor una generación de psiconautas (…) dispuesta a pasar ratos de simple asueto, donde no se sienten superados o decepcionados por el curso de las cosas. (…) Qué enorme problema es para algunos estar sentados sin tiempo ni espectáculo audiovisual” (p. 127). Algo que ya confesó en sus últimos días a Ricardo F. Colmenero en las entrevistas ibicencas que se recogieron en Los penúltimos días de Escohotado: “Si el hombre se apega a sus formas más corpóreas y elementales nunca vuela, y nunca llega a ser hombre. En el siervo está la semilla del sabio y en el amo la semilla del consentido. Muchos jóvenes encuentran dificultad en amar algo. Por una parte, no les apetece salir del nido, que es el impulso de todos los pájaros, aventurarse, buscarse la vida. Porque para aventurarse y ganarse la vida hay que hacerse útil, y eso todavía les interesa menos, porque no han aprendido a no perder el tiempo, querido amigo. Esta es la tragedia contemporánea” (cf. Colmenero, 2021: p. 26).
Cierto es que en muchos casos asaltará al lector la duda de si la imposible comprensión de ciertos fragmentos, que pudieran parecer bocetos de capítulos descartados por Lewis Carroll, es causa o efecto de la voluntaria ausencia de revisión de los textos, del difícilmente alcanzable intelecto de Escohotado o si, más bien, la complicación tenga relación directa con la dosis que en aquel momento vitalizaba al autor. Lo curioso es que precisamente en esas partes se esconde buen número de las más bellas joyas del libro y donde aparecen interesantes referencias a algunas de las célebres producciones de Escohotado, las cuales estarían rondando en su cabeza, y que son, eso sí, mucho más disfrutables si se está familiarizado con sus grandes obras como Realidad y substancia, Historia general de las drogas o Caos y orden e incluso con títulos menores como Retrato del libertino, donde aborda temas como el erotismo, o Hitos del sentido, una última mirada a los clásicos y al origen del pensamiento occidental.
Nostalgia por sus padres y dolor por Román, su hijo perdido, orgullo por el trabajo realizado –aun dejando entrever algún estudio inconcluso–, serenidad ante la muerte y agradecimiento por el amor de su familia y, también, por el reconocimiento masivo que, aunque tarde, le llegó en vida. Este libro a título póstumo, supervisado por su hijo Jorge –el encargado de velar por el legado de su padre (cf. Sánchez, 2023)–, sirve además para completar una especie de autobiografía de Antonio Escohotado, iniciada con Sesenta semanas en el trópico y continuada con Mi Ibiza privada, e indagar en una visión más personal y directa de los temas que trató en libros, entrevistas, charlas y conferencias y, especialmente, para llegar a conocer los miedos, deseos, dilemas e inquietudes de alguien que parecía tener todas las respuestas de puertas hacia fuera pero que, como todo ser viviente, albergaba dudas sobre prácticamente todo lo importante.
Sirva también todo lo anterior como homenaje a su persona.
“Tanto leer me está gastando los ojos. Pero entender lo que no entiendo, hacerme sabio, bien vale la ceguera” (p. 108).
BIBLIOGRAFÍA:
- Almodóvar, Miguel Ángel, “Poesía en prosa de un filósofo opiófilo”, en Diario Crítico, 9 de enero de 2024.
- Carr, Nicholas, Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?, Barcelona, Taurus, 2023 [2010].
- Colmenero, Ricardo F., Los penúltimos días de Escohotado, Madrid, La Esfera de los Libros, 2021.
- Debord, Guy, La sociedad del espectáculo, Valencia, Pre-Textos, 2005 [1967].
- Escohotado, Antonio, Realidad y substancia, Madrid, La Emboscadura, 2018 [1986].
- Escohotado, Antonio, Historia general de las drogas, Barcelona, Espasa, 1999 [1989].
- Escohotado, Antonio, Retrato del libertino, Madrid, La Emboscadura, 2018 [1996].
- Escohotado, Antonio, Caos y orden, Madrid, La Emboscadura, 2017 [1999].
- Escohotado, Antonio, Sesenta semanas en el trópico, Madrid, La Emboscadura, 2021 [2003].
- Escohotado, Antonio, Los enemigos del comercio. Una historia moral de la propiedad I: Antes de Marx, Barcelona, Espasa, 2014 [2008].
- Escohotado, Antonio, Mi Ibiza privada, Barcelona, Espasa, 2019.
- Escohotado, Antonio, Hitos del sentido, Barcelona, Espasa, 2020.
- Escohotado, Antonio, Confesiones de un opiófilo. Diario Póstumo (1992-2020), Barcelona, Espasa, 2023.
- Houellebecq, Michel, Aniquilación, Barcelona, Anagrama, 2022.
- Sánchez Seoane, Loreto, “Jorge Escohotado, sobre su padre: ‘Defendía la politoxicomanía para evitar la adicción’”, en El Independiente, 14 de diciembre de 2024.
- Tovar, Julio, “Antonio Escohotado en busca de los límites de la percepción”, en vozpópuli, 11 de enero de 2024.
- Usó, Juan Carlos, “Introducción”, en Confesiones de un opiófilo. Diario póstumo (1992-2020) de Antonio Escohotado, Barcelona, Espasa, 2023.
- Vargas Llosa, Mario, La civilización del espectáculo, Barcelona, Alfaguara, 2023 [2012].
CITA BIBLIOGRÁFICA: P. A. Martín-Grande, «El diario póstumo de Antonio Escohotado», Recensión, vol. 12 (julio-diciembre 2024) [Enlace: https://revistarecension.com/2024/09/05/el-diario-postumo-de-antonio-escohotado/ ]