Vol. 11 / enero 2024
ARTÍCULO / COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO. Autora: Mila Bastos Morais Pinho (Universidade Federal do Ceará, Brasil)
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Aunque en Brasil el reconocimiento y la admiración por Cervantes y, principalmente, por la figura del Quijote son ciertamente indiscutibles, sin embargo la producción crítica no ha sido abundante. Entre esta merece especial atención el conjunto de estudios de Maria Augusta da Costa Vieira, profesora de Literatura Española del Departamento de Letras Modernas de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (USP) e investigadora del CNPq (Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico). Recordaremos que la más importante cervantista brasileña actual dirigió entre 2002-2007 y 2009-2015, respectivamente, la Asociación Internacional de Hispanistas y la Asociación de Cervantistas. Es asimismo correspondiente de la Real Academia Española por Brasil desde 2016 y coordina el grupo de investigación “Cervantes: poética, retórica y formas discursivas en la España de los siglos xvi y xvii”.
Da Costa Vieira publicó en 1998, resultado de sus estudios de maestría y doctorado, O dito pelo não dito: paradoxos de dom Quixote, obra que ofrece un movimiento progresivo por la historia de España y la biografía de Cervantes transitando hacia temas complejos centrados en paradojas relacionadas con la estructura dual de la obra, sus dos partes, así el diálogo del texto original con su apócrifo y las diferentes visiones de mundo de los personajes caballero y escudero. Esta perspectiva crítica es propuesta a raíz de una división de la historia crítica del Quijote entre Blandos (estudios de influencia romántica que alcanzan hasta finales del siglo XVIII) y Duros (de influencia realista, desde el siglo XIX hasta mitad del XX). Su análisis, desde un punto de vista de estética de la recepción, atiende a los cambios de criterio sufridos por la definición de lo cómico entre la época en que fue escrita la obra y nuestro tiempo, así como la actual dificultad de los lectores en identificar la relación paródica entre Don Quijote y las novelas de caballería, es decir una relación contextual.

Da Costa Vieira afronta las relaciones que se suscitan entre verdad poética/ verdad histórica y entre realidad/ficción, especialmente en la segunda parte de la novela, cuando personajes son lectores de la primera, ejemplificando de este modo la autorreferencialidad textual cervantina y una relación entre texto y lectores de la primera parte que se torna paradójica por cuanto los propios lectores, ahora personajes, en contacto con el caballero y el escudero, se sorprenden con las experiencias de lo leído y lo vivido.
El estrechamiento progresivo de las referencias literarias, al tiempo que la relación de personajes, espacios y la focalización del par protagonista, constataría asimismo la articulación unitaria de la obra. Para explicar tal proceso, Vieira define cuatro planos narrativos en su análisis del texto: 1) el eje histórico, referido a los pasos de los dos personajes, a lo que se cuenta sobre ellos, que coordinan los demás y organizan la narrativa de las aventuras respetando su linealidad temporal; 2) las historias y testimonios de otros personajes que interrumpen el hilo de la acción y recrean nuevos espacios y tiempos; 3) la teatralidad de varios personajes que involucran a Don Quijote y Sancho en el contexto del espectáculo; 4) y un cuarto plano, a través del metalenguaje, narrador, autor y traductor abordan desde las diversas reflexiones críticas acerca de determinadas obras, como las que se encuentran en la biblioteca de Quijote y que evalúan el Cura y el Barbero, así como las consideraciones de Cide Hamete sobre la verdad y la mentira de algunos episodios de la propia obra. Aunque los cuatro planos están presentes en toda la obra, los dos últimos predominan en la segunda parte, donde se agrada al lector (objetivo declarado por Cide Hamete), enfocando las acciones, diálogos y reflexiones del caballero. Tras un análisis más detenido del episodio de los Duques, concluye la autora que Don Quijote ha comprobado que no existe identificación entre verdad histórica y verdad poética al admitir la falsedad de los libros de caballería.

Con motivo de la conmemoración del IV Centenario de la publicación de la primera parte de la novela, Vieira publica, en 2006, Dom Quixote: a letra e os caminos, con el propósito de ofrecer al público brasileño conocimiento de nuevas investigaciones, permitir una lectura más atenta de la obra e incentivar los estudios cervantinos. Aquí quedan reunidos trabajos críticos de diferentes partes del mundo, clasificados del siguiente modo: ensayos que examinan aspectos estructurales de la obra, como composición, género, personajes, episodios, diálogos, preceptos retóricos y poéticos; ensayos que analizan la función estructural de temáticas como cuestiones de recepción, memoria, lectura y fiestas burlescas, y en último lugar otros estudios que investigan las proyecciones del Quijote en la literatura portuguesa, argentina y brasileña.
Anotaremos que José Montero Reguera ha examinado, en el proceso de composición del Quijote, lo que Vieira llama arqueología de narrativa, es decir las diversas formas de relato que componen la obra y señalan el inicio de la novela moderna. José Manuel Martín Morán, desde un concepto del acto de lectura como representación ficcional y categoría sociológica, analiza la relación entre técnicas de la producción literaria y las de divulgación por la prensa, mientras que Aurelio González examina las técnicas teatrales de la narrativa de Cervantes a la vez que observa procedimientos narrativos en el teatro del autor. A partir de tratados de la época, y del análisis de sus posibilidades poéticas, Aurora Egido revela el alejamiento del autor de los modelos y normas vigentes como un modo de obtención de libertad artística.

En 2012 Vieira publica su obra más relevante, A narrativa engenhosa de Miguel de Cervantes: estudos cervantinos e recepção do Quixote no Brasil, ganadora del Premio Jabuti 2013[1]. Ahora se tratará de exponer el panorama brasileño relativo a interpretaciones y recreaciones de Don Quijote para después aplicarse al estudio de la obra y de algunas de Las Novelas Ejemplares. Ello a partir de una lectura que considera el carácter distintivo de la práctica letrada del siglo XVII español. Los primeros trabajos se ocupan de la recepción del Quijote en Brasil, pero no con la intención de elaborar un catálogo de escritores y registros diversos que aluden a la obra. El objetivo es seleccionar algunas reescrituras que pudieran representar cómo se dio tal recepción en este país y contraponer dos momentos de la historia (los siglos XVI – XVII y XIX – XX), para subrayar la influencia del Romanticismo en los criterios de composición, lectura e interpretación de la obra en el contexto brasileño. Lo cual demuestra, en definitiva, la perspectiva que convirtió al personaje en un mito, bien alejado de los parámetros poéticos y retóricos vigentes en tiempos de Cervantes.
En 1905, lejos de las tendencias del cervantismo internacional e incluso sin mantener relación entre sí, los estudios y lecturas libres sobre el Quijote iniciaron el cervantismo en Brasil. En una Celebración dedicada al III Centenario, en Río de Janeiro, el catálogo de Antonio Jansen do Paço, funcionario de la Biblioteca Nacional, valiéndose de una exposición de ediciones del Quijote, sirvió de escenario para la famosa conferencia de Olavo Bilac, sobre “Dom Quixote”. Según Vieira, es este el primer trabajo interpretativo brasileño dedicado al Quijote. El conferenciante contextualizaba la obra subrayando las dificultades de la vida en la España de la segunda mitad del siglo XVI, para después traer la biografía del escritor en “tono hiperbólico y fantasioso”. La risa, que en principio tiene la función de compensar las amarguras de la vida, provocaría, al fin, una reflexión desconectada de la comicidad. También toma en consideración aspectos históricos, pero ahora las andanzas de Don Quijote aparecen como inspiración del proceso de exploración y fundación de la nación brasileña, tanto en las dificultades como en las conquistas de los colonizadores. Finalmente, el discurso de Bilac despliega una tendencia positivista que entiende la obra como alegoría biográfica de Cervantes.
Críticos que también dedicaron su atención a la biografía cervantina son José Veríssimo y José Pérez. El primero publica, en 1910, el artículo “Miguel de Cervantes e Dom Quixote”, atendiendo al momento histórico en que se encuadra la obra, caracterizada por la influencia del humanismo y presentada como el libro de la humanidad. Asume la cuestión de la locura del personaje como valor heroico, donde lo que antes se considera ridículo se convierte en algo admirable. Por su parte, José Pérez, en los 30, además de contenidos históricos y biográficos, hace notar las temáticas del amor, la amistad y la bravura como evidencia del aspecto escolástico que suscita el clásico. Junto al ensayo de San Tiago Dantas y el trabajo de Nelson Omegna representa fielmente, en el ámbito brasileño, una orientación crítica centrada en la interpretación y lectura basadas en la visión romántica.
Vianna Moog, en su libro Heróis da decadencia, de 1939, propone una perspectiva y un estilo diferentes a los de los trabajos anteriores. Con la idea central de considerar el humor como algo más serio, afirma que la causa de su surgimiento es la decadencia. Sin embargo, deshace la imagen de “la triste figura”, construida a partir de los desengaños sufridos por el héroe en una sociedad que la rechaza, ello sin hurtar al lector la posibilidad de la risa durante las aventuras del personaje. En un intento de alejarse de la lectura impresionista, se centra foca en el texto y en la temática del humor en sí mismos, además de entrar en diálogo con otros estudios.
Es Josué Montello en Cervantes e o moinho de vento, de 1950, quien mejor se inscribe en una orientación crítica de fundamento metodológico, pues se inclina sobre las prácticas de lectura predominantes en los siglos XVI y XVII, considera la agudeza del sarcasmo presente en el Quijote derivado de la influencia eramista, así como la vinculación entre los géneros épico, lírico y dramático a fin de explicar algunas cuestiones relacionadas con la estructura del texto y la multiplicidad de interpretaciones suscitadas por la obra con el paso del tiempo.
Brito Broca mediante O engenhoso fidalgo Miguel de Cervantes, de 1951, da noticia del estado del cervantismo en diversos países y de los trabajos elaborados en Brasil. Piensa que el Quijote creó un tipo especial de comicidad que se produjo a partir de criterios esencialmente literarios, al trasladar a personajes del plano fantástico a un plano real. Llama la atención sobre aspectos de la construcción del texto e insiste en la importancia de la contextualización de la obra.
En ese periodo, a partir de los años 50, el Quijote pasa a ser objeto de estudio más sistemático en el ámbito universitario y, a finales de los 70, gracias a la ampliación de los cursos de posgrado en las universidades brasileñas, comienzan a aparecer trabajos críticos especializados, como los de Augusto Meyer, que critica las lecturas de visión subjetivista y sentimental frecuentes que hasta entonces, y propone alternativas de carácter más teórico y comparatista con el propósito de alejarse de la vieja perspectiva romántica.
Maria Augusta Vieira sigue la trayectoria de la recepción de Cervantes en Brasil tratando, también, de diferentes incorporaciones creativas del Quijote en otras formas de expresión. Destaca la publicación de la revista semanal carioca Don Quixote, entre 1895 e 1902, en que el caballero y su escudero, incorporados al escenario brasileño, critican, de forma provocativa, cómica y satírica la vida social y política del país de fines del XIX, como cuando vestidos como indígenas denuncian las injusticias y proclaman sus ideales de “más civilización, más progreso, más humanidad”.
Es de constatar la recreación mítica de Don Quijote que condujo a una tendencia “liberalizadora”, desencadenada por las ideas de Miguel de Unamuno. Un grupo de estudiantes y poetas de la ciudad de Porto Alegre publicó la revista Quixote (1946-1951) con idea de que la figura del personaje y su locura les concediese la fuerza de poner en marcha sus proyectos frente al conservadurismo prestablecido. Democratizar la poesía y mantener el diálogo con los países vecinos son objetivos que tienen como telón de fondo el ideal de una justicia para todos.
En lo que se refiere a las recreaciones formuladas por el lenguaje del género de la novela, Viera trata, en principio, del criterio que ha prevalecido entre los estudiosos brasileños para la evaluación del Quijote: el mito quijotesco del héroe comprometido con los cambios de orden social. Enfatizando los aspectos semánticos del texto inspirados en la figura del Quijote, sus locuras y mundo de raigambre caballeresca, presentan personajes que buscan transformaciones orientadas al bien común. Esta lectura se aleja de cuestiones referentes a la historia y acomoda la obra al universo brasileño.
Entre las novelas brasileñas referibles a la obra de Cervantes a partir del mito quijotesco se encuentra Triste fim de Policarpo Quaresma, de Lima Barreto, publicada en 1915. En su análisis, Vieira destaca notables coincidencias entre el Quijote y el personaje Policarpo, quien además de vasta biblioteca particular posee una motivación heroica que se confunde con locura. En un contexto de contradicciones sociales y políticas, el personaje de Lima Barreto intenta determinar soluciones para los problemas de la nación, propone reformas políticas y culturales, elabora un proyecto agrícola, pero tropieza con una clase dominante fútil que oprime sus ideales nacionalistas y acaba por excluirlo de la vida social. Así como Don Quijote constata que no es un caballero andante y que las novelas de caballería no pasan de mera ilusión, Policarpo Quaresma abandona los ideales quijotescos, o sea, su sueño patriótico utópico.
Situada en el nordeste brasileño, en un “ingenio” de azúcar en decadencia, Fogo Morto, obra de José Lins do Rego (1943) trata de los sucesos relacionados con la transformación de un núcleo de poder económico, el Ingenio Santa Fe, en un polo de miseria dominado por un coronel lleno de prejuicios que no se adapta a las nuevas relaciones de trabajo tras la abolición de la esclavitud en el país. En ese contexto, otro personaje, el coronel Vitorino, presenta rasgos quijotescos, pues se convierte en defensor de la justicia y las personas necesitadas. Intenta, mediante la palabra, asegurar los principios humanitarios, pero como el caballero durante sus andanzas en su débil caballo, obtiene en su mayoría flacos resultados.
Vieira trae también a discusión a un gran escritor brasileño, Machado de Assis, retornando así a cuestiones relativas a la “poética”, es decir a cómo los aspectos temáticos relativos al caballero dan lugar a la complejidad discursiva cervantina.
Lo más destacable, cuando se toma en cuenta el aspecto de los dos autores, es lo referente a la organización de la enunciación, la recurrencia a digresiones, la ironía frecuente y la relación que se establece entre narrador y lector. En el Quijote, el narrador comenta tanto de forma constante acerca del caballero como no olvida al lector. Llama la atención el momento en que Cide Hamete Benengeli, en la segunda parte de la obra, se queja de tener que rendirse al lector, y prefiere, a diferencia de su estilo sinuoso, una narración más lineal y sólida.
Igualmente, en un determinado fragmento de una de las obras de Machado de Assis, Memória Póstumas de Bras Cubas (1881), el narrador, difunto que decide relatar momentos de su vida para distraerse en la eternidad, ve al lector como villano y parece convencido de querer abandonar la obra, por considerar la limitada condición de ese lector de ser “temporal” y tener motivaciones contrarias respecto de la manera de concebir la materia narrativa.

Retrato fotográfico de J. Machado de Assis
Otro personaje de Machado de Assis que merece atención por la referencia al personaje cervantino es Rubião, de la obra Quincas Borba, publicada entre 1886 e 1891. Tras recibir la herencia del filósofo Quincas Borba, de quien era discípulo y enfermero particular, Rubião cambia su vida provinciana para vivir en la ciudad. Caracterizado por su ingenuidad, conoce a una pareja que, por cuenta de su fortuna, se convierte en sus nuevos “amigos”, pero acaba por enamorarse de Sofía, que lo rechaza y da inicio a un proceso de transformación del personaje hacia la locura. En los momentos que anteceden su muerte, el personaje de Rubião se encuentra en un verdadero delirio. Creyendo que es Napoleón Bonaparte y poseído por la manía de grandeza se corona a sí mismo. La referencia figurada al Quijote reside en el comentario del narrador, que explica cómo esa corona no era un sombrero viejo y tampoco una bacía (que el Quijote, también personaje loco, lleva en la cabeza durante sus andanzas), sino nada, un objeto imaginado.
En O Alienista (1882) hay escenas que remiten a fragmentos cervantinos y a la cuestión de la locura. En una escena, Simão Bacamarte (montado en un caballo y perdido en sus pensamientos visionarios sobre la importancia de sus acciones “caballerescas) y un boticario (montado en una bestia) se asemejan evidentemente a la imagen de Don Quijote y Sancho. Simão, médico dedicado a investigar los parámetros de la locura y la sensatez humanas, somete a toda la comunidad de una pequeña ciudad de Río de Janeiro a sus tratamientos experimentales. Tal personaje, que como Don Quijote tiene en su entorno un cura y un barbero, construye una idea fija y absurda de que debe, como acto de heroísmo, restituir la salud mental de todos y descubrir cómo salvar a la humanidad de ese mal. El fracaso de su proyecto grandioso le lleva al desengaño, cuando llega a la conclusión de que, a partir de su definición de locura, él mismo sería el mejor ejemplo patológico de la demencia.
Tras la exposición de algunos de los estudios que acercan las novelas brasileñas al clásico español, Vieira, en la segunda parte de su estudio, se vuelve a la escritura cervantina y se centra en las cuestiones de composición de la obra. En el ensayo Peregrinações poéticas de Dom Miguel, nuestra cervantista realiza un breve comentario sobre la producción bibliográfica cervantina para después partir de fragmentos de discursos en primera persona presentes en sus prólogos y destacar el recurso de la técnica del desdoblamiento de voces, cuando surge un “él” que se contrapone a la voz de la primera persona, un personaje que a veces presenta puntos de vista divergentes y expresa opiniones que el autor preferiría omitir. En el prólogo de las Novelas Ejemplares, esa voz es la de un “amigo”, que debería haber sido responsable de la elaboración de un texto con la descripción del autor como forma de divulgación de su trabajo; en el prólogo de Ocho Comedias y Ocho Entremeses la voz es la de un librero que lo incentiva a publicar su obra teatral, dada la falta de interés existente entre los directores de las compañías de teatro. En Los Trabajos de Persiles y Sigismunda, en el prólogo que escribió poco antes de morir, Cervantes se refiere a un estudiante que expresa el aprecio y el respeto que todos tenían por el autor. Esa voz es la del reconocimiento que en su despedida del mundo pensaba merecer por el conjunto de sus escritos. Mientras tanto, en el Quijote, el autor del prólogo de la primera parte, que se dice padrastro del caballero, presenta dificultades en la elaboración del texto y su voz se despliega en diálogo con un amigo que se dispone a ayudarle dándole varias sugerencias para la composición del texto.
En ese mismo estudio, la autora subraya algunos de los principios poéticos de la prosa cervantina. Uno de ellos tiene que ver con la tendencia a valorar la naturalidad de la expresión, a privilegiar el uso de la lengua y la idea de que la escrita debería reproducir el habla, para agradar tanto el lector discreto, culto, como el vulgar, inculto. Pero Vieira destaca que esa “naturalidad artificiosa” de Cervantes, en los diálogos entre Don Quijote y Sancho, uno letrado y el otro analfabeto, también sirvió como herramienta para ridiculizar la erudición pedante, tal hizo Erasmo en el Elogio a la Locura. Otro principio fundamental es el de la verosimilitud. Cervantes utiliza artificios que permiten que el narrador dialogue constantemente con otros personajes, con el lector e, incluso, consigo mismo, sobre lo ya había narrado o los caminos que debiera seguir la narración.
Vieira también discute acerca de la agudeza del escritor español al analizar los cuentos de locos, presentes en el prólogo de la segunda parte del Quijote. Según la autora, la agudeza está en la asociación del loco al autor y del perro a la obra, con la función de contestar, discreta y disimuladamente, a Avellaneda, el autor del Quijote apócrifo. En el caso del primer loco, el de Sevilla, esa asociación del loco se establece con Cervantes, que transmite la idea de que escribir es un trabajo arduo que exige estrategias y habilidades para transformar algo en cosa que divierta al público y a la vez sea admirable y único. Respecto del segundo loco, el de Córdoba, Cervantes lo asocia a Avellaneda, y dice que quien no tenga capacidad de escribir libros no debe insistir en hacerlo ni tampoco meterse en los escritos de otros autores.
Sobre la base de la preceptiva de la novela antigua, especialmente Luciano de Samósata, Cervantes une el sueño, la imaginación, “universos fantásticos, maravillosos, cómicos y satíricos” a un conjunto de artificios que garantizan en su obra la verosimilitud. Como afirma Vieira, en su trabajo Racionalidade cervantina e loucura quixotesca, “mientras Don Quijote imagina, Sancho se contrapone al mundo imaginado, y el narrador, a su vez, cuenta con todos los desdoblamientos de la voz narrativa para asegurar la verosimilitud en la enunciación” (2012, p. 156)[2].
Para tratar de los conceptos de locura, sueño y razón en el Quijote, Vieira analiza el capítulo 21 de la primera parte, que se divide en dos momentos: el de la conquista del yelmo de Mambrino y el diálogo entre Don Quijote y Sancho. La locura consiste en que, al ver al barbero con una bacía en la cabeza, Don Quijote lo ataca para tomar por la fuerza lo que piensa un objeto valioso para los caballeros andantes, el yelmo de Mambrino, capaz de dejar invulnerable a quien lo llevara. Tal gesto de locura se asemeja a la concepción de Erasmo (Elogio a la locura) de que esta puede ser saludable, desde el punto de vista de que el engaño puede ser fuente de felicidad.

María Augusta da Costa Vieira
Ya en el diálogo con su escudero, Don Quijote sueña con el día de su reconocimiento, en la corte, como historia típica de libros de caballería, una historia ideal de amores, guerras y vida palaciega. Sancho, al oír acerca de su destino como escudero, empieza a darse cuenta de los obstáculos para la consecución de su sueño. De la misma manera, cuando Don Quijote cae en la cuenta de su falta de ascendencia en la casa real y de la imposibilidad de alcanzar su sueño de casarse con una princesa y convertirse en un noble caballero, las temáticas propias de la caballería se sustituyen por las de la picaresca (dada su condición de bastardo, como Lazarillo de Tormes), o sea, se transita de lo sublime a lo burlesco. Vieira, por tanto, concluye que el sueño del caballero, que se confunde muchas veces con la locura, recibe un tratamiento racional y que, durante sus andanzas, a través de sus fantasías y de su comportamiento, el propio Don Quijote provoca la referencia al universo picaresco.
Una de las temáticas que examina Vieira en sus estudios es la relacionada con las normas de comportamiento de la corte, en la propia época cervantina. Recuerda la autora que en el siglo XVI, pensadores renacentistas elaboraron tratados destinados a la definición de reglas de conducta para la vida social, como Erasmo, Giovanni della Casa y Castiglione. Todos ellos evidencian que, en virtud de la moral y civilidad, el hombre debe saber controlar sus impulsos naturales a partir de medidas racionales de contención, corrección y decoro en la forma de hablar y de portarse. Ya en el siglo XVII, Baltasar Gracián ofrece un discurso semejante al de sus antecesores, pero la diferencia está en el desengaño como aspecto fundamental de su pensamiento. Así, el hombre discreto reúne todas las virtudes y es aquel que tiene la capacidad de ejercer su autocontrol, de dominar su existencia, sus humores para poder dominar el mundo. Es decir, la discreción presupone la técnica de la imagen, pues el hombre debe ser capaz de dominar sus emociones para producir apariencias adecuadas a sus fines. Para ello, disimula su carácter, sus gestos, calcula sus acciones. Tal concepto de Gracián, según algunos críticos, encuentra referencias en la obra de Cervantes.
Vieira trata de la discreción en diferentes ocasiones. En el caso del Curioso Impertinente, tanto en la caracterización de algunos personajes como en la cuestión conceptual, cabe observar esta referencia. Anselmo pide a su amigo Lotario que seduzca a su mujer, Camila, con el fin de comprobar su fidelidad y virtuosidad y, en esa situación, todos tienen que fingir ser lo que no son, tienen que actuar. Lotario finge a Anselmo su fracaso en el intento de seducción; Camila finge su inocencia cuando ya es adúltera, y Anselmo finge no saber nada cuando ha trazado el plan con vistas a destruir la moral de su esposa.
Vieira contrapone, en el capítulo “Discrição e simulação em El Celoso Extremeño”, los muy debatidos términos de disimulación y simulación. Al considerar que el discreto tiene una habilidad de calcular su acción para conseguir lo que desea, se puede presuponer la falsedad, la disimulación. Sin embargo, siguiendo ideas de Torquato Acceto, la “disimulación honesta” existe cuando se produce no con la intención de mentir, sino con el propósito de ocultar la verdad. De esta manera, también cabe diferenciar la disimulación honesta, que encubre la verdad, de la simulación, que expone una mentira. Mientras la primera, como complemento de la discreción, formaba parte de los ideales de la sociedad de la corte, la simulación y la vulgaridad serían características de quiénes no conocen o dominan las prácticas de buena conducta.
En El Celoso Extremeño, Vieira constata la ausencia de la discreción y la presencia de la vulgaridad en Leonora y en la mayoría de sus criados, que se dejan llevar por el placer que la presencia del extranjero conlleva. La simulación se observaría en las actitudes de Loaysa, que calcula sus pasos por medio de la razón.
En el episodio de Don Quijote y el Caballero del Verde Gabán, la discreción está vinculada a los momentos de lucidez de Don Quijote. “Es lúcido y discreto en sus pensamientos, en la argumentación y en la convivencia social” (p. 198), lo cual a Don Diego resulta sorprendente frente la idea que tenía de un loco que creía ser caballero andante. En el episodio de los Duques, se comprueba también esa discreción del personaje Don Quijote, al preocuparse por seguir los protocolos de la corte, aunque tenga que controlar la rabia y el desagrado y que sus acciones provoquen a risa. Por otro lado, en El Casamiento Engañoso, los personajes hallan en el espacio de la representación, donde cada uno actúa con segundas intenciones, pareciendo ser lo que no son a fin de intentar convencer el uno al otro de la ventaja del casamiento clandestino.
En efecto, Cervantes, de modo excepcional, consigue transitar en el ámbito de la ética y de las fronteras morales al tratar de los límites humanos en situaciones en que los personajes se valen del autocontrol, la mentira y el engaño para satisfacer sus ambiciones.
En el último estudio de su libro, Vieira trae a colación a Aristóteles y los retóricos y humanistas del siglo XVI, como García Matamoros y Luis de Salinas, en relación a aquello que debiera abarcar la descripción de una persona, como linaje, nación, educación, costumbres, intereses personales, además de características corporales, virtudes del alma, oficio, fortuna, lo hecho y lo dicho y, analiza, en el episodio de los Duques, uno de los aspectos que vinculados a la red de interrelaciones entre los individuos de la corte de los siglos XVI y XVII: el arte de observar a las personas. Como respuesta a la petición de la duquesa, Don Quijote ajusta su discurso al tiempo presente, adecuado para el género epidíctico, describiendo a Dulcinea a partir de la visión que tenía en la memoria en aquel momento, la propia de la imagen de una labradora fea, maloliente y rústica. Luego, tras la insistencia de la duquesa, que ahora revela su interés en la distinción entre una persona del mundo real y una “dama fantástica”, Don Quijote describe a Dulcinea mediante elogios, y de la contradicción entre el “ser” y el “estar” de Dulcinea surge la comicidad. En este caso, no se ve la técnica de la simulación para forjar una descripción adecuada, sino la credibilidad del caballero, que se enfrenta con la verdad de los hechos.
Pasados más de 20 años de la creación del grupo de estudios “Cervantes: poética, retórica y formas discursivas en la España de los siglos XVI e XVII” y de la organización de eventos como el “Simpósio Internacional: Dom Quixote 400 años”, el “Simposio Hispano-Brasileño de Jóvenes Hispanistas del Siglo de Oro”, el “9º CINDAC – Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas” y el coloquio “Cervantes – Avellaneda: historia de una imitación”, Vieira se propuso a organizar el libro Cervantes Plural, con el fin de invitar al lector no especializado a conocer los aspectos de la composición cervantina, mediante textos que analizan el Quijote, Las Novelas Ejemplares, los Trabajos de Persiles y Sigismunda, y algunas obras dramáticas. Entre los autores reunidos se encuentran investigadores de posgrado y egresados de los programas en que participa la profesora Vieira en la Universidad de São Paulo, además de escritores invitados: el historiador Alfonso Mateo-Sagasta, el profesor Jorge García López (de la Universidad de Gerona, autor de la biografía Cervantes: la figura en el tapiz, de 2015), José Manuel Martín Morán (Catedrático de Literatura Española en el Dipartimento di Studi Umanistici de la Università del Piemonte Orientale) y Miguel Ángel Zamorano Heras (de la Universidad Federal de Rio de Janeiro).

En conjunto los estudios de Maria Augusta da Costa Vieira son muestra fundamental de humanismo como hispanismo, del cervantismo en Brasil y su contribución internacional.
REFERENCIAS
Vieira, Maria Augusta da Costa, O dito pelo não-dito, São Paulo, Edusp, 1998.
______ Dom Quixote: a letra e os caminhos, São Paulo, Edusp, 2006.
______ A narrativa engenhosa de Miguel de Cervantes: estudos cervantinos e recepção do Quixote no Brasil, São Paulo, Edusp, 2012.
______ (comp.), Cervantes Plural: Dom Quixote, Novelas Exemplares, Persiles e Teatro, São Paulo, Editora Humanitas, 2019.
NOTAS
[1] El Premio Jabuti es el premio literario brasileño de mayor tradición. Fue creado en 1959 por Edgar Cavalheiro cuando era presidente de la Câmara Brasileira do Livro, institución que concede el premio a cada año.
[2] Traducción propia.
CITA BIBLIOGRÁFICA: M. Bastos Morais Pinho, «Cervantes en Brasil: los estudios de María Augusta da Costa Vieira», Recensión, vol. 11 (enero-junio 2024) [Enlace: https://revistarecension.com/2024/01/07/cervantes-en-brasil-los-estudios-de-mª-augusta-da-costa-vieira/ ]