Vol. 10 / julio 2023
RESEÑA. Autor: Iván López Martín
Tonio Hölscher, El nadador de Paestum. Juventud, Eros y mar en la antigua Grecia, trad. de L. Cortés Fernáncez, Barcelona, Crítica, 2022, 170 pp. (ISBN: 978-84-9199-448-0)
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Uno de los grandes atractivos de la Antigüedad Clásica, más allá, por supuesto, de la belleza artística y literaria de su cultura que tanta admiración despierta siempre en duchos y legos en la materia, es que aún hoy quedan misterios insoldables sobre los cuales numerosos investigadores vuelven una y otra vez con el objetivo de poder ofrecer, a partir de una revisión de la documentación existente, una respuesta más lúcida que las dadas hasta el momento. Cada descubrimiento arqueológico viene a suponer un nuevo avance y revisión de los estudios precedentes: recientemente, trabajos como el de Beltrán Cortés y Escacena Carrasco, Itálica. Investigaciones arqueológicas en la Vetus Urbs (Universidad de Sevilla, 2022, 504 pp.), o de Golvin et alii, Paseo arqueológico por la Roma antigua (Madrid, Desperta Ferro, 2022, 176 pp.), o Fernández Díaz, La pintura romana en Hispania. Del estudio de campo a su puesta en valor (Universidad de Murcia, 2021, 489 pp.) implican la revisión de lo conocido hasta ahora.
Es también el caso del libro que aquí se presenta. Hölscher revisa las teorías y tesis vertidas sobre la famosa Tomba del Tuffatore (“Tumba del nadador”), una pintura mural funeraria datada aproximadamente en el 480 a.C. en Paestum y descubierta a mediados del siglo XX por Mario Napoli. Son cuatro las pinturas que decoran este enterramiento, pero es, sin duda, la imagen de la tapa la que más ha despertado el interés de todos aquellos que se han acercado a esta maravilla del mundo clásico: la representación de un joven arrojándose de cabeza al mar desde una especie de torre-plataforma. Las primeras hipótesis que han explicado esta pintura ponían el foco en el sentido escatológico, es decir, en la imagen que simbolizaría el paso de la vida a la muerte con el salto del joven (vida) hacia el mar (muerte). Sin embargo, la solución que aquí ofrece Hölscher está mucho más apegada a la vida terrenal griega del siglo V a.C.
En la introducción (pp. 7-10) previa al estudio, además de mostrar el agradecimiento a los colegas que le han ayudado en esta tarea, el investigador explica cuál es el carácter del volumen: es una obra en la que se abandona el lenguaje teórico y científico (reservado al Anexo final) con el objetivo de ofrecer una interpretación distinta a la tradicional sobre esta pintura mural.
En el primer capítulo (“1. Tumba, ciudad y estilo de vida: los retos de un fabuloso hallazgo”, pp. 15-26) se describe cómo fue el descubrimiento de la tumba y cuál fue el origen de la ciudad de Paestum, una colonia griega (denominada por los griegos Posidonia) dedicada al dios del mar, Poseidón, que mantuvo numerosos contactos culturales con las poblaciones circundantes, especialmente con los etruscos. Resultó llamativo el descubrimiento, pues las tumbas halladas en dicha región estaban dedicadas a destacar las hazañas bélicas y atléticas, pero no había representaciones de banquetes, y mucho menos un salto al mar tan misterioso y conflictivo para los investigadores. Asimismo, T. Hölscher destaca el buen hacer de Mario Napoli, el director de estas excavaciones, para la conservación de estos frescos y la flexibilidad que después mostró para que estudiosos de todas las áreas se pudieran acercar a examinar las pinturas.

Seguidamente (“2. ¿Escatología o vida terrenal?”, pp. 27-35) se señalan ya las interpretaciones sobre la pintura: fue Mario Napoli el primero que percibió en el salto al mar la imagen del tránsito de la vida a la muerte, una imagen en la que las columnas representarían aquellas famosas de Hércules. Esta interpretación escatológica ha sido siempre la communis opinio y casa muy bien con las religiones mistéricas practicadas en la Magna Grecia. No obstante, ya el autor señala convincentemente el que la idea de que en las tumbas deba haber imágenes del más allá o relacionadas con la muerte es una revisión cristiana del debate. Además, el salto del nadador resulta demasiado grácil y elegante como para ser espontáneo: dicha postura precisa de un gran entrenamiento previo. Por otra parte, esas “columnas de Hércules”, como las denominó Mario Napoli, presentan una especie de trampolín del que se lanza el joven, ausente de las del gran héroe mitológico. Todo ello lleva a T. Hölscher a concluir que hay que revisar esta pintura.
El primer paso es intentar buscar, dentro de las representaciones artísticas griegas, otros documentos que muestren jóvenes arrojándose al mar (“3. Efebos en el mar: imágenes”, pp. 35-40). El paralelo más claro, sin obviar otras vasijas atenienses, para el autor es la llamada Tomba della caccia e la pesca (“Tumba de la caza y la pesca”), la cual presenta también un joven que se arroja al mar en la misma postura que el de Paestum. Esta imagen, además, no admite una lectura escatológica, pues aparecen representados otros muchachos pescando en la barca junto con otras escenas también cotidianas.
“4. Efebos en el mar: lugares” (pp. 41-51) pone de relieve la importancia del mar en la Antigüedad y muestra ejemplos literarios (caso de Platón) en los que se ensalza la natación como una actividad muy bien vista dentro de la comunidad. A continuación, el autor se centra en dilucidar dónde se realizaban estas actividades de natación. Señala el descubrimiento en la isla de Tasos, alejados del núcleo urbano, de unas inscripciones que los adultos dedicarían a sus amantes homoeróticos efebos y que solamente pueden ser vistas por nadadores. Dentro de este exhaustivo y bien documentado análisis, en este capítulo comienzan a darse pistas sobre qué sería la torre: todo apunta a que debieron de existir este tipo de plataformas, de piedra o incluso de madera, a lo largo de la costa para que los jóvenes se arrojaran al mar. Ello lleva al autor a concluir acertadamente que el mar supone un reto, una muestra de virilidad, y se trataría, en fin, de un salto desde la adolescencia hacia la edad adulta.

Además de jóvenes varones, también las doncellas tienen una relación particular con el agua y el mar (“5. Doncellas en el mar: imágenes”, pp. 53-58). Hay en la cerámica griega representaciones de muchachas bañándose en el mar y nadando, escenas que, tradicionalmente, han recibido una interpretación (semi)divina; de nuevo, la cotidianeidad de las escenas hace pensar en la realidad cotidiana y no en un sentido escatológico. Por otra parte, resulta más complicado trazar los lugares donde las jóvenes llevarían a cabo estos baños (“6. Doncellas en el mar: ¿lugares?”, pp. 59-63). Conviene recordar, advierte el autor, que existían en el mundo antiguo competiciones atléticas para las mujeres que requerían de un entrenamiento previo. Además, era muy valorada la belleza grácil y la potencia física en las mujeres: Pausanias llega a mencionar el buceo como una actividad cotidiana entre las doncellas.
En “7. Etapas y espacios de vida” (pp. 65-78) se describen las etapas vitales de los hombres y las mujeres y la relevancia que tenía en la sociedad griega el paso a la edad adulta. Ese paso debía darse fuera de la ciudad, percibida esta como una isla de seguridad frente a la naturaleza externa. Este paso, en ocasiones, era guiado por un adulto con el que se establecía, en el caso de los varones, una relación homoerótica. La descripción de la ciudad, de la zona periurbana y de la eschatiá (la zona más alejada del núcleo urbano) le lleva al autor a notar la importancia de esta última como territorio en el que los jóvenes practicaban la caza y demostraban su gallardía; en el caso de las mujeres, en la eschatiá estaban situadas las fuentes de las que recogían agua y se exponían así a las miradas de los jóvenes pretendientes.
El capítulo más extenso del volumen (“8. Héroes y doncellas míticos, en el bosque y en el mar”, pp. 79-102) está dedicado al análisis y comprensión del mundo mítico de los héroes y las acciones acometidas por ellos como un reflejo de la sociedad primitiva. El viaje de Jasón y su posterior matrimonio con Medea, por poner un ejemplo de los señalados en la obra, representa el paso del joven hacia la madurez y el casamiento: fuera de la ciudad, además de la demostración de belleza y fortaleza, se tenían también las primeras experiencias sexuales. En cuanto a los jóvenes en la costa, es Perseo la figura que encarna el paso a la madurez con el mar como mediador, igual que Teseo y su buceo hacia el palacio de Poseidón, o el personaje histórico Falanto, náufrago salvado por un delfín, sobre el cual se le representa en las monedas conservadas. El mar también es símbolo de las primeras manifestaciones eróticas: Eros, por ejemplo, es representado sobre delfines. En cuanto a las mujeres en la mitología y su relación con el agua, el autor presenta a Políxena acechada por Aquiles cuando va a recoger agua. De la imagen de la mujer en las zonas alejadas de la ciudad se genera el símbolo de la mujer cazadora, caso de Atalanta. Ya, por último, la mujer y el mar quedan bellamente simbolizadas en la mitología con el episodio de Nausícaa y Odiseo.
En “9. Cuerpo, belleza y cultura de la acción inmediata” (pp. 102-108) se vuelve sobre la pintura objeto de estudio para señalar que, dentro de la interpretación escatológica, hay que otorgar un símbolo a cada objeto representado, mientras que, si se lee de forma realista, todo tiene ya su significado: el efebo es un efebo, el mar es el mar, etc. Insiste el autor en la idea del cuerpo bellamente entrenado y potente y en la libre exhibición del cuerpo masculino desnudo: el nadador de Paestum sería, por tanto, un testimonio de una cultura del cuerpo allegada a la vida terrenal.
El siguiente capítulo (“10. Imágenes de la vida desde la perspectiva de la muerte”, pp. 109-115) pone el foco sobre la importancia de los enterramientos en la antigua Grecia, que implicaban a toda la comunidad. Las representaciones tenían como finalidad resaltar la figura del difunto como magnífico representante de su familia; será al borde de la época clásica cuando las imágenes ganen en vitalidad y se expresen escenas cotidianas de la vida del fallecido, contexto este en el que habría que encuadrar la tumba del Nadador.
El penúltimo capítulo (“11. La tumba de Paestum: el difunto, el contexto de su vida y el espacio de su muerte”, pp. 117-125) concentra todo el exhaustivo análisis de esta tumba, sirviendo los capítulos anteriores como contextualización de los argumentos correctamente expuestos por el autor. Es en este capítulo donde se aglutinan las nuevas perspectivas, tales como las noticias del difunto, el estilo de vida que debió de llevar, los posibles deseos del fallecido sobre cómo quería ser enterrado y cuál es el objeto de las pinturas de la tumba. Es aquí donde el autor extrae su lectura definitiva de la tumba: un joven de la élite social enterrado con pinturas que solamente disfrutaría el difunto y que representarían escenas de su vida cotidiana. Todo ello queda completado con “12. Una perspectiva general” (pp. 127-129), capítulo en el que el autor reflexiona sobre la civilización griega y el culto al cuerpo, tan difícil de alcanzar para gran parte de la sociedad y limitado casi exclusivamente a las clases altas.
Cierra el volumen un Anexo (“Anexo: sobre la investigación acerca de la tumba del Tuffatore”, pp. 131-165) que presenta un análisis mucho más científico y menos divulgativo: detalla, capítulo por capítulo, las referencias bibliográficas más importantes sobre lo que se ha ido comentando en cada sección y, además, realiza algunas reflexiones acerca de, por ejemplo, la pintura mural griega y la cerámica, la soledad del nadador y la representación de cuerpos jóvenes desnudos. Asimismo, el autor aquí señala las fuentes clásicas empleadas que le han servido como apoyo y soporte a sus teorías. Por último, se listan (pp. 167-170) las 42 imágenes mostradas en los doce capítulos.
En definitiva, esta magnífica obra, accesible a cualquier lector, avezado o no en el mundo clásico, ofrece un punto de vista distinto al tradicional sobre una de las pinturas funerarias más conocidas de la Antigüedad. El rigor, ligado a una maravillosa redacción (traducida excelentemente por L. Cortés) hilada y argumentada, junto con las cerámicas y otras representaciones artísticas clásicas bellamente ilustradas, convierten este estudio en una pequeña joya acerca de la vida y costumbres del mundo griego.
CITA BIBLIOGRÁFICA: I. López Martín, «El nadador de Paestum», Recensión, vol. 10 (julio-diciembre 2023) [Enlace: https://revistarecension.com/2023/07/30/el-nadador-de-paestum/ ]